El jueves 6 de setiembre, los legisladores de la ciudad autónoma de Buenos Aires, se reunieron en el recinto y decidieron, por unanimidad, reconocer como "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS." al conductor radial Alejandro Apo, al guitarrista y compositor Carlos Di Fulvio y, aunque no lo puedan creer, también A MI.
Ja, ja. Me río porque hace pocos días atrás, estaba yo insertado en una polémica bizantina a propósito de esa noteja de "Ñ" que dudaba de los poetas en el tango actual y todas esas tonteras.
De allí, el título de esta nota en mi Blog que tanto tiene que ver con esos cánticos populares de las hinchadas cuando ganamos el partido...
No sé si es merecida o no esta distinción; supongo que debe haber muchos colegas con merecimientos mejores o semejantes. Con trayectorias más importantes que la mía; pero lo único que se me ocurre decir es que todo lo he conseguido "por prepotencia de trabajo" -como decía nuestro querido Roberto Arlt.
Y si estos no son blasones ¿cuáles son los blasones? Trabajo desde los 15 años cuando ingresé como cadete en la Cámara Argentina de Comercio sin conocer la capital ni nada. La necesidad tiene esta "cara de hereje". Y no he parado hasta ahora. He conocido, como cualquiera, el éxito y el fracaso, esos dos "impostores" según Kipling. Y me fueron formando los libros que he leído, toda mi vida, casi compulsivamente.
Todos los años de mi vida, fueron al servicio de la Literatura. Y durante un tiempo muy grande, fui un hombre escindido: jefe de costos en una gran empresa y escritor y poeta por las noches. Hasta que la década del ´90 me sirvió para liberarme y entré a la redacción de un diario local en Avellaneda, del que era colaborador desde 1980. Las circunstancias de la vida me llevaron a ocupar el rol de subdirector hasta mi jubilación.
Ahora, para los lectores que no me conocen, sigo trabajando para el diario, sigo coordinando mi taller literario, doy ciclos literarios en la Municipalidad de Avellaneda, cobro el "Reconocimiento Autoral SADAIC" y con todos esos ingresos más mi jubilación, trato de vivir más o menos dignamente.
Estoy convencido (y no es pedantería) que no muchos saben lo que yo sé sobre Literatura. Y mis traducciones literarias del inglés han cubierto las obras de Shakespeare, Wilde y Blake, por citar tan sólo tres nombres importantes.
Y he editado en España y he recibido algunos premios nacionales e internacionales y no me avergüenzo de ninguno de ellos ni tengo que pedir permiso a nadie, porque NUNCA ME MANIJEE NINGUN PREMIO NI NUNCA LE CHUPE LAS MEDIAS A NADIE PARA QUE ME PREMIARAN.
Tengo, en la actualidad, doce libros de poemas publicados y uno de Crónicas periodísticas; también he escrito algunos tangos, baladas y milongas, he dado charlas en el país y en el exterior, he tenido la suerte de viajar un poco, recibí reconocimientos en Costa Rica, en España, en Italia.
Tradujeron mi poesía al ruso, al italiano. Tengo amigos de ley como Pedrito Gaeta, como Héctor Negro, como Tito Agosti, como Reynaldo Martín, como Alberto Basta, como Alberto Albornoz, como el doctor Jorge Trainini, como Jorge Borrás; amigas de ley como Nélida Puig,como Haydee Breslav, como Teresita Rivas, como Miryam Martínez, como Alejandra Pérsico, como Ana Beatriz Romasco, como Patricia Clavijo, como Azucena Bestel.
¿Qué más puedo pedirle a la vida?
Sólo una cosa: que nuestro país levante la puntería y vuelva a tener el nivel cultural de otrora, que desaparezcan de la faz de la tierra todos los imbéciles que atontan a nuestra juventud, que se deje de nivelar para abajo, que se acabe la demagogia barata que confunde "popular" con "populismo" y que todos podamos vivir dignamente, pero, eso sí, a través del trabajo y no de los planes sociales.
¿Será mucho pedir?
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
9.9.07
3.9.07
A ver, a ver...
!Carajo! !Cuánta polvareda causó esa noteja publicada por la revista Ñ! !Y yo -tan enemigo de estas cosas- también contribuí a que se siguiera dando vuelta al tema!
!Pido perdón! No fue mi intención encontrarme en el eje de la discusión porque, mientras nosotros debatimos y decimos una cosa y la otra, los enemigos del tango se refriegan las manos y sonríen aviesamente. Su objetivo está logrado.
Pero trato de ser coherente conmigo. Tiempo atrás, en una carta abierta que le envié a Alejandro Szwarcman le decía cosas parecidas, a propósito de una nota que él había publicado titulada: "Tango fenicio".
No nos debemos dejar agredir por los que juegan para otros géneros musicales y hacen su negocio. Estos son los esbirros del sistema. Pero, tampoco, seamos ingenuos de no reconocer que el Tango afronta una crisis de calidad en todos los órdenes.
Hay muchachos que cantan y no están preparados para cantar. Hay músicos muy buenos, pero deberían estudiar melodía. Y hay algunos letristas que dan vergüenza ajena.
¿Está mal que me exprese así? Me caben las generales de la ley.
Entonces, sería importante que hubiese un sinceramiento entre nosotros y nos pongamos a corregir lo que hemos hecho mal.
Si bien es el tiempo el que se encargará de la elección de los temas que queden, nosotros tenemos la obligación de hacerlos lo mejor que podamos y ponernos a realizar los máximos esfuerzos para que la obra sea difundida.
En la situación que está el Tango, nadie se salva solo. Por el contrario: quedarán muchos valiosos artistas en el camino, ya sea porque los silenciaron, ya sea porque se cansaron de remar en un género que no les da pelota.
Los difusores radiales, con las excepciones del caso, gozan de una apabullante mediocridad; hay una mayoría que se ha dedicado a obviar lo contemporáneo para dedicarse al negocio del pasado. Entonces, han hecho del Tango un cadáver donde ellos, como vulgares gusanos, comen un trocito todos los días.
Con esto, quiero decir que hay culpas compartidas; que muchos de nosotros no hemos puesto el rigor creativo para jerarquizar el género. Que hemos dejado que todo caiga en una medianía cuando somos nosotros los encargados de ofrecer poesía y música a través de una bella canción interpretada por gente idónea.
A mí me grabó Roberto Goyeneche, hace más de 30 años. Sin embargo, ese tema que se titula: "Homero al sur" parece que fuera nuevo y los intérpretes, recién hoy, lo descubren y me piden la partitura para cantarlo. !Más de 30 años!
Quiere decir esto que el Tango anda más lento que la justicia argentina.
No se me ocurre decir más. Pido disculpas si alguno de mis colegas se sintió tocado por alguna opinión que manifesté. Con otros (caso Pierro) no tengo que disculparme porque él sabe que, jamás, mis dardos podrán ir contra su obra, a la que respeto y celebro, amén de tributarnos afectos mutuos.
Es un tema delicado éste del Tango y nos ha caído, justo a nosotros, esta mochila de plomo. Por lo tanto, sólo nos resta seguir escribiendo y haciéndolo mejor cada día (siempre es posible mejorar)y hacer los esfuerzos para que las obras se difundan.
Pero, insisto: esto no se consigue en forma individual; sólo una fuerza colectiva de letristas, músicos e intérpretes alcanzará a ser oída.
Lo demás, es cartón pintado.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
!Pido perdón! No fue mi intención encontrarme en el eje de la discusión porque, mientras nosotros debatimos y decimos una cosa y la otra, los enemigos del tango se refriegan las manos y sonríen aviesamente. Su objetivo está logrado.
Pero trato de ser coherente conmigo. Tiempo atrás, en una carta abierta que le envié a Alejandro Szwarcman le decía cosas parecidas, a propósito de una nota que él había publicado titulada: "Tango fenicio".
No nos debemos dejar agredir por los que juegan para otros géneros musicales y hacen su negocio. Estos son los esbirros del sistema. Pero, tampoco, seamos ingenuos de no reconocer que el Tango afronta una crisis de calidad en todos los órdenes.
Hay muchachos que cantan y no están preparados para cantar. Hay músicos muy buenos, pero deberían estudiar melodía. Y hay algunos letristas que dan vergüenza ajena.
¿Está mal que me exprese así? Me caben las generales de la ley.
Entonces, sería importante que hubiese un sinceramiento entre nosotros y nos pongamos a corregir lo que hemos hecho mal.
Si bien es el tiempo el que se encargará de la elección de los temas que queden, nosotros tenemos la obligación de hacerlos lo mejor que podamos y ponernos a realizar los máximos esfuerzos para que la obra sea difundida.
En la situación que está el Tango, nadie se salva solo. Por el contrario: quedarán muchos valiosos artistas en el camino, ya sea porque los silenciaron, ya sea porque se cansaron de remar en un género que no les da pelota.
Los difusores radiales, con las excepciones del caso, gozan de una apabullante mediocridad; hay una mayoría que se ha dedicado a obviar lo contemporáneo para dedicarse al negocio del pasado. Entonces, han hecho del Tango un cadáver donde ellos, como vulgares gusanos, comen un trocito todos los días.
Con esto, quiero decir que hay culpas compartidas; que muchos de nosotros no hemos puesto el rigor creativo para jerarquizar el género. Que hemos dejado que todo caiga en una medianía cuando somos nosotros los encargados de ofrecer poesía y música a través de una bella canción interpretada por gente idónea.
A mí me grabó Roberto Goyeneche, hace más de 30 años. Sin embargo, ese tema que se titula: "Homero al sur" parece que fuera nuevo y los intérpretes, recién hoy, lo descubren y me piden la partitura para cantarlo. !Más de 30 años!
Quiere decir esto que el Tango anda más lento que la justicia argentina.
No se me ocurre decir más. Pido disculpas si alguno de mis colegas se sintió tocado por alguna opinión que manifesté. Con otros (caso Pierro) no tengo que disculparme porque él sabe que, jamás, mis dardos podrán ir contra su obra, a la que respeto y celebro, amén de tributarnos afectos mutuos.
Es un tema delicado éste del Tango y nos ha caído, justo a nosotros, esta mochila de plomo. Por lo tanto, sólo nos resta seguir escribiendo y haciéndolo mejor cada día (siempre es posible mejorar)y hacer los esfuerzos para que las obras se difundan.
Pero, insisto: esto no se consigue en forma individual; sólo una fuerza colectiva de letristas, músicos e intérpretes alcanzará a ser oída.
Lo demás, es cartón pintado.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
26.8.07
!Qué le vamos a hacer!
Anda alborotado el mundillo del tango porque una noteja que publicó esa revista "Ñ" (emporio de la tilinguería y la soberbia intelectualosa) le dio con un caño a los letristas, alegando que no hay poetas en el género y que el tango se terminó, a ver, con Horacio Ferrer, creo...
Y...bueno. Es una opinión. Seguramente el autor de esa tontera es un don nadie que, además, no se toma ningún trabajo en averiguar, en investigar, en discernir.
¿Qué sentido tiene comparar si hay poetas de la talla de Homero Expósito, Catulo Castillo u Homero Manzi? ¿Hay, acaso, cantantes superiores a Gardel? ¿Y músicos mejores que De Caro? No seamos imbéciles. Cada época ha dado sus protagonistas y es el tiempo el que tendrá que seleccionar la paja del trigo, lo que es bueno de lo que es hojarasca.
Es imposible pedirle excelencias al Tango cuando no tiene difusión, cuando hay una sarta de descerebrados que siguen cantando el tango de la década del 30, cuando no lo graban, cuando lo marginan, cuando nos hemos dejado invadir por expresiones que no son nuestras.
El arte, en el mundo, ha entrado en decadencia porque la sociedad capitalista está en decadencia. Los valores están trastocados y todo se parece al "cambalache" de Discepolín.
A mí no me molesta lo que diga un tontuelo (tal vez, un pasante del "gran diario argentino"); sí me molesta que tipos supuestamente tangueros digan que los poetas de Bs.As. sean !Spinetta y Gieco! cuando, sabemos, que Spinetta vive de aquella imagen de "muchacha, ojos de papel" y Gieco no se sabe si es un baladista, rockero, folklorista o qué se yo, de tan ubicuo que es. Eso, sí: cantará en cuanto recital oficialista se haga por allí.
Claro. Hay muchos letristas de tango (de dudosa calidad) que "sangran por la herida". Y lo único que se les ocurre es enviar indignadas misivas al "gran diario argentino" exponiendo su curriculum, su obra, etc. Este divismo es, por supuesto, contraproducente. Una vez, yo cometí ese error. Raúl Gustavo Aguirre había publicado una Antología Poética donde, creo, hasta estaban los palotes de sus hijos y yo, como le pasó a aquel Enoch Soames del cuento de Max Beerbohm, no figuraba. Me dio tanta bronca que le mandé una carta llena de soberbia y transcribía mi curriculum y mis libros, qué se yo...
Nunca recibí respuesta; poco tiempo después, Aguirre se infartó y se murió. ¿Habrá sido por la conmoción que le produjo mi misiva?
Un creador debe hacer su obra y no entrar en esta "ronda catonga" de pequeñas miserias, de veleidades al cuete. Estoy curtido que me "ninguneen". Estoy curtido (y hasta podrido) que me digan, en la intimidad, que soy más grande que Borges y, luego, cuando lo tienen que hacer en una nota de tirada masiva, te omiten.
Esta estrategia la conozco como conozco la estrategia de todos estos esbirros que juegan para el rock y para otras músicas donde los mercaderes sacan pingües ganancias. Es cierto. El Tango-Canción, tal como está, no jode a nadie. Hay muy pocos buenos melodistas (creo que Reynaldo Martín y Saúl Cosentino están entre los mejores)y hay un montón de caraduras que entran por la ventana; una multitud de oportunistas que están, siempre, medrando. Y hay, eso sí, un montón de muchachos jóvenes que escriben Tango sin ningún aliciente, sin ninguna difusión. ¿Por qué? Porque hay un montón de jóvenes intérpretes que siguen cantando "Malena" o "La última curda" sin darse cuenta que esos hermosos tangos ya lo cantaron Fiorentino, Goyeneche o Rivero...
Hay tontera, hermano.
Pero, más allá de los errores y lunares del Tango, esa revista de mierda no tiene ningún derecho de desprestigiar a nuestra música. ¿Por qué no hablan de esa pésima poesía que hay en el rock? ¿Por qué no hablan del mal gusto de la cumbia villera? No lo hacen porque son demagogos de cuarta y porque, además, no quieren joder un negocio brillante.
El Tango, pobrecito, se banca todo. Es la Cenicienta del cuento. Un cuento escrito por estos sinvergüenzas con la complicidad de algunos "tangueros" que ya creen les ha caído encima el bronce de la estatua.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Y...bueno. Es una opinión. Seguramente el autor de esa tontera es un don nadie que, además, no se toma ningún trabajo en averiguar, en investigar, en discernir.
¿Qué sentido tiene comparar si hay poetas de la talla de Homero Expósito, Catulo Castillo u Homero Manzi? ¿Hay, acaso, cantantes superiores a Gardel? ¿Y músicos mejores que De Caro? No seamos imbéciles. Cada época ha dado sus protagonistas y es el tiempo el que tendrá que seleccionar la paja del trigo, lo que es bueno de lo que es hojarasca.
Es imposible pedirle excelencias al Tango cuando no tiene difusión, cuando hay una sarta de descerebrados que siguen cantando el tango de la década del 30, cuando no lo graban, cuando lo marginan, cuando nos hemos dejado invadir por expresiones que no son nuestras.
El arte, en el mundo, ha entrado en decadencia porque la sociedad capitalista está en decadencia. Los valores están trastocados y todo se parece al "cambalache" de Discepolín.
A mí no me molesta lo que diga un tontuelo (tal vez, un pasante del "gran diario argentino"); sí me molesta que tipos supuestamente tangueros digan que los poetas de Bs.As. sean !Spinetta y Gieco! cuando, sabemos, que Spinetta vive de aquella imagen de "muchacha, ojos de papel" y Gieco no se sabe si es un baladista, rockero, folklorista o qué se yo, de tan ubicuo que es. Eso, sí: cantará en cuanto recital oficialista se haga por allí.
Claro. Hay muchos letristas de tango (de dudosa calidad) que "sangran por la herida". Y lo único que se les ocurre es enviar indignadas misivas al "gran diario argentino" exponiendo su curriculum, su obra, etc. Este divismo es, por supuesto, contraproducente. Una vez, yo cometí ese error. Raúl Gustavo Aguirre había publicado una Antología Poética donde, creo, hasta estaban los palotes de sus hijos y yo, como le pasó a aquel Enoch Soames del cuento de Max Beerbohm, no figuraba. Me dio tanta bronca que le mandé una carta llena de soberbia y transcribía mi curriculum y mis libros, qué se yo...
Nunca recibí respuesta; poco tiempo después, Aguirre se infartó y se murió. ¿Habrá sido por la conmoción que le produjo mi misiva?
Un creador debe hacer su obra y no entrar en esta "ronda catonga" de pequeñas miserias, de veleidades al cuete. Estoy curtido que me "ninguneen". Estoy curtido (y hasta podrido) que me digan, en la intimidad, que soy más grande que Borges y, luego, cuando lo tienen que hacer en una nota de tirada masiva, te omiten.
Esta estrategia la conozco como conozco la estrategia de todos estos esbirros que juegan para el rock y para otras músicas donde los mercaderes sacan pingües ganancias. Es cierto. El Tango-Canción, tal como está, no jode a nadie. Hay muy pocos buenos melodistas (creo que Reynaldo Martín y Saúl Cosentino están entre los mejores)y hay un montón de caraduras que entran por la ventana; una multitud de oportunistas que están, siempre, medrando. Y hay, eso sí, un montón de muchachos jóvenes que escriben Tango sin ningún aliciente, sin ninguna difusión. ¿Por qué? Porque hay un montón de jóvenes intérpretes que siguen cantando "Malena" o "La última curda" sin darse cuenta que esos hermosos tangos ya lo cantaron Fiorentino, Goyeneche o Rivero...
Hay tontera, hermano.
Pero, más allá de los errores y lunares del Tango, esa revista de mierda no tiene ningún derecho de desprestigiar a nuestra música. ¿Por qué no hablan de esa pésima poesía que hay en el rock? ¿Por qué no hablan del mal gusto de la cumbia villera? No lo hacen porque son demagogos de cuarta y porque, además, no quieren joder un negocio brillante.
El Tango, pobrecito, se banca todo. Es la Cenicienta del cuento. Un cuento escrito por estos sinvergüenzas con la complicidad de algunos "tangueros" que ya creen les ha caído encima el bronce de la estatua.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
15.8.07
El solitario de San Ignacio
Me encargaron un libro sobre Horacio Quiroga. Deberé seleccionar sus cuentos y escribir una nota extensa, introductoria del volumen. Por lo tanto,ya me sumergí en ese mundo inhóspito, solitario (casi huraño) de este excelente cuentista.
Horacio Quiroga encontró su lugar en el mundo cuando se retiró a esa vida alejada de la civilización, a orillas del Paraná, a unos cinco kilómetros de San Ignacio.
La selva lo rodeaba, lo rodeaban las alimañas, el río, los mosquitos, el calor y el silencio. ¿Estaba a gusto en ese lugar? ¿Realmente le agradaba permanecer tan alejado de la ciudad, de sus amigos de Buenos Aires, de las tertulias literarias?
"El corazón humano es tan insondable como el mar" -decía Lautreamont y, por lo tanto, es difícil saber qué pasó por la cabeza de ese hombre que era Profesor en el Colegio Nacional para irse a enterrar en el monte misionero.
Lo que es indudable es que escribió sus mejores textos en esa lejanía. Sus cuentos, técnicamente perfectos, tienen un conocimiento acabado de la naturaleza que describe. Sus climas tienen grandes influencias de sus escritores admirados: lo sombrío de Poe, lo fantasmagórico de Kipling, la brevedad de Maupassant, la entereza moral de Conrad. Allí están sus padres literarios. Y Quiroga reconocía (lo dice en su Decálogo del Perfecto Cuentista) estas influencias, de escritores a los que admiraba.
Pero nada invalida sus excelencias de escritor. Esos libros que escribió en soledad, son de lo mejor y a ellos les debe su trascendencia. A Horacio Quiroga se lo lee porque interesa su lectura, porque son atrapantes sus historias y porque demuestra, en cada línea, esa férrea lucha del hombre contra las fuerzas de la Naturaleza y contra sus propios fantasmas.
La vida de Quiroga fue trágica. Provenía de una familia de suicidas y su esposa terminó suicidándose. Años después, atacado de una enfermedad terminal, él también se suicida en el Hospital de Clínicas. Se envenena con cianuro.
También su hijo Adrián seguiría el camino trágico de su padre.
Se están por cumplir 70 años de su trágica muerte y sus libros siguen ocupando las mesas de librerías, se ofrecen como lectura a los jóvenes estudiantes y, siempre, es un gozo descubrirlo y releerlo.
Por lo tanto, se que mi tarea será placentera porque hablaré sobre un escritor al que quiero y porque encontrarme, otra vez, con sus cuentos, es una aventura que no se puede dejar de correr.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Horacio Quiroga encontró su lugar en el mundo cuando se retiró a esa vida alejada de la civilización, a orillas del Paraná, a unos cinco kilómetros de San Ignacio.
La selva lo rodeaba, lo rodeaban las alimañas, el río, los mosquitos, el calor y el silencio. ¿Estaba a gusto en ese lugar? ¿Realmente le agradaba permanecer tan alejado de la ciudad, de sus amigos de Buenos Aires, de las tertulias literarias?
"El corazón humano es tan insondable como el mar" -decía Lautreamont y, por lo tanto, es difícil saber qué pasó por la cabeza de ese hombre que era Profesor en el Colegio Nacional para irse a enterrar en el monte misionero.
Lo que es indudable es que escribió sus mejores textos en esa lejanía. Sus cuentos, técnicamente perfectos, tienen un conocimiento acabado de la naturaleza que describe. Sus climas tienen grandes influencias de sus escritores admirados: lo sombrío de Poe, lo fantasmagórico de Kipling, la brevedad de Maupassant, la entereza moral de Conrad. Allí están sus padres literarios. Y Quiroga reconocía (lo dice en su Decálogo del Perfecto Cuentista) estas influencias, de escritores a los que admiraba.
Pero nada invalida sus excelencias de escritor. Esos libros que escribió en soledad, son de lo mejor y a ellos les debe su trascendencia. A Horacio Quiroga se lo lee porque interesa su lectura, porque son atrapantes sus historias y porque demuestra, en cada línea, esa férrea lucha del hombre contra las fuerzas de la Naturaleza y contra sus propios fantasmas.
La vida de Quiroga fue trágica. Provenía de una familia de suicidas y su esposa terminó suicidándose. Años después, atacado de una enfermedad terminal, él también se suicida en el Hospital de Clínicas. Se envenena con cianuro.
También su hijo Adrián seguiría el camino trágico de su padre.
Se están por cumplir 70 años de su trágica muerte y sus libros siguen ocupando las mesas de librerías, se ofrecen como lectura a los jóvenes estudiantes y, siempre, es un gozo descubrirlo y releerlo.
Por lo tanto, se que mi tarea será placentera porque hablaré sobre un escritor al que quiero y porque encontrarme, otra vez, con sus cuentos, es una aventura que no se puede dejar de correr.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
5.8.07
la mula en el pozo
Hay un cuentito que anda dando vueltas por allí (¿vieron que se han puesto de moda las historias ingeniosas con mensajes aleccionadores?)que dice lo siguiente: una mula se cayó en un pozo y era imposible sacarla. Entonces, el dueño de la mula fue a buscar a sus amigos y compañeros para que lo ayudaran a enterrarla.
Entre todos, comenzaron a arrojar paladas de tierra al pozo y, oh, sorpresa, en algún momento vieron emerger la cabeza de la mula que, por el simple expediente de sacarse la tierra que le caía encima, consiguió hacer crecer la plataforma de tierra que le sirvió para salir del pozo.
Es lindo el cuentito. Y se pueden sacar más de una moraleja. Una de ellas es que, por más tierra que te echen encima, debés sacudirtela y sacar la cabeza del pozo. Otro mensaje sería que, entre todos, consiguieron un método que sirvió para remediar el problema. Y otro, sería que la mula es un animal inteligente, más inteligente que el hombre...
Sea cual fuere el mensaje, es cierto que la unión hace la fuerza y que lo que no puede conseguir uno, lo consigue, de pronto, el conjunto. Y también que la maledicencia es una vieja garrapata que los humanos llevamos prendida al corazón, desde siempre. Por lo tanto: no se le debe dar importancia a las piedras que nos ponen en el camino o a la tierra que (como en el caso de la mula en el pozo) le arrojaban encima.
También el mensaje podría tener que ver con que esa gente dio por muerta a la mula antes que ésta se muriera; decidieron enterrarla viva !qué bárbaros! Igualito a lo que pasó en un sanatorio de Quilmes donde dieron por muerto a un pobre hombre que aún respiraba.
Es interesante contemplar, a veces, el alma humana que se desviste y sale a pasear y, entonces, podemos reconocerla como tal; con todas sus imperfecciones, sus arrugas, sus cicatrices, sus verrugas, sus heridas. El alma humana, tan insondable como el mar, convertida, siempre, en un campo de batalla donde confrontan permanentemente, dos ejércitos, los dos invasores, los dos impostores, los dos con apetitos salvajes.
Y otras veces no es necesario decretar la extremaunción. Estamos muertos en vida. Hemos perdido sensibilidad, hemos perdido capacidad de amar al otro. Hemos perdido la sustancia existencial.
Hagamos lo de la mula; seamos sobrevivientes. Y aunque nos persigan a piedrazos o a golpes de tierra, saquemos la cabeza y vivamos...!VIVAMOS!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Entre todos, comenzaron a arrojar paladas de tierra al pozo y, oh, sorpresa, en algún momento vieron emerger la cabeza de la mula que, por el simple expediente de sacarse la tierra que le caía encima, consiguió hacer crecer la plataforma de tierra que le sirvió para salir del pozo.
Es lindo el cuentito. Y se pueden sacar más de una moraleja. Una de ellas es que, por más tierra que te echen encima, debés sacudirtela y sacar la cabeza del pozo. Otro mensaje sería que, entre todos, consiguieron un método que sirvió para remediar el problema. Y otro, sería que la mula es un animal inteligente, más inteligente que el hombre...
Sea cual fuere el mensaje, es cierto que la unión hace la fuerza y que lo que no puede conseguir uno, lo consigue, de pronto, el conjunto. Y también que la maledicencia es una vieja garrapata que los humanos llevamos prendida al corazón, desde siempre. Por lo tanto: no se le debe dar importancia a las piedras que nos ponen en el camino o a la tierra que (como en el caso de la mula en el pozo) le arrojaban encima.
También el mensaje podría tener que ver con que esa gente dio por muerta a la mula antes que ésta se muriera; decidieron enterrarla viva !qué bárbaros! Igualito a lo que pasó en un sanatorio de Quilmes donde dieron por muerto a un pobre hombre que aún respiraba.
Es interesante contemplar, a veces, el alma humana que se desviste y sale a pasear y, entonces, podemos reconocerla como tal; con todas sus imperfecciones, sus arrugas, sus cicatrices, sus verrugas, sus heridas. El alma humana, tan insondable como el mar, convertida, siempre, en un campo de batalla donde confrontan permanentemente, dos ejércitos, los dos invasores, los dos impostores, los dos con apetitos salvajes.
Y otras veces no es necesario decretar la extremaunción. Estamos muertos en vida. Hemos perdido sensibilidad, hemos perdido capacidad de amar al otro. Hemos perdido la sustancia existencial.
Hagamos lo de la mula; seamos sobrevivientes. Y aunque nos persigan a piedrazos o a golpes de tierra, saquemos la cabeza y vivamos...!VIVAMOS!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
31.7.07
El falso Inspector Dew
Hace poco escribía yo una nota en el diario sobre Crippen y el invento de Marconi. Me refería al doctor Crippen, uno de los criminales tristemente célebres que pasaron a la galería internacional del crimen. Este hombre había descuartizado a su esposa, intentó escapar con su amante y el telégrafo, formidable y novedoso (en esa época) invento del italiano Guillermo Marconi, hizo que, desde el barco en que huía, el capitán informara a Scotland Yard de la presencia de la pareja; un barco más veloz los interceptó y el Inspector Walter Dew los arrestó en cubierta.
Hasta aquí, el caso real. Crippen fue colgado mientras su amante zafó porque no se le pudo probar su intervención en el crimen.
Al poquito tiempo de escribir esa nota, me topé con una novela policial firmada por Peter Lovesey quien, retomando el caso de Crippen (o parafraseando) inventa una trama ingeniosa, bastante sorprendente dentro del esquema de la novela policial de estos tiempos.
"El falso Inspector Dew" trata sobre el caso de un dentista que es prácticamente basureado por su mujer (ella es la que tiene el dinero)y cuando esta esposa propone regresar a los Estados Unidos para continuar su carrera como actriz, vendiendo hasta el consultorio del pobre cristo, éste decide asesinarla en el barco, con la complicidad de una muchacha romántica, que lee novelitas de amor y que se siente prendada del odontólogo, luego de haber concurrido al consultorio como paciente.
El asesinato se va a consumar en el barco; va a arrojar el cuerpo de su mujer por el ojo de buey al mar y así parece ser. Pero la mujer que recogen, muerta, de las aguas no es su esposa sino otra y allí empieza la historia.
Este criminal en potencia se ha registrado con el falso nombre de Walter Dew y lo confunden con el célebre detective de Scotland Yard (que está, ya, retirado) y le piden que investigue el crimen. El acepta y, en definitiva, tiene éxito.
El barco llega a los Estados Unidos, pero debe regresar, enseguida, a Inglaterra y él tendrá que volver y presentarse en el juicio que condenará al criminal que ha descubierto. Mientras tanto, su eventual cómplice se ha enamorado de otro hombre y él se siente liberado de la muchacha, a quien no amaba.
No cuento más. El final es ingenioso y cierra bien la trama. Peter Lovesey conoce su oficio. La única objeción a hacerle es que, si no se conoce el caso Crippen, puede ser confuso para el lector. Porque, en realidad, copia mucho de lo que ocurrió en esa historia real para tramar la de su libro.
Una buena novela policial que recomiendo.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Hasta aquí, el caso real. Crippen fue colgado mientras su amante zafó porque no se le pudo probar su intervención en el crimen.
Al poquito tiempo de escribir esa nota, me topé con una novela policial firmada por Peter Lovesey quien, retomando el caso de Crippen (o parafraseando) inventa una trama ingeniosa, bastante sorprendente dentro del esquema de la novela policial de estos tiempos.
"El falso Inspector Dew" trata sobre el caso de un dentista que es prácticamente basureado por su mujer (ella es la que tiene el dinero)y cuando esta esposa propone regresar a los Estados Unidos para continuar su carrera como actriz, vendiendo hasta el consultorio del pobre cristo, éste decide asesinarla en el barco, con la complicidad de una muchacha romántica, que lee novelitas de amor y que se siente prendada del odontólogo, luego de haber concurrido al consultorio como paciente.
El asesinato se va a consumar en el barco; va a arrojar el cuerpo de su mujer por el ojo de buey al mar y así parece ser. Pero la mujer que recogen, muerta, de las aguas no es su esposa sino otra y allí empieza la historia.
Este criminal en potencia se ha registrado con el falso nombre de Walter Dew y lo confunden con el célebre detective de Scotland Yard (que está, ya, retirado) y le piden que investigue el crimen. El acepta y, en definitiva, tiene éxito.
El barco llega a los Estados Unidos, pero debe regresar, enseguida, a Inglaterra y él tendrá que volver y presentarse en el juicio que condenará al criminal que ha descubierto. Mientras tanto, su eventual cómplice se ha enamorado de otro hombre y él se siente liberado de la muchacha, a quien no amaba.
No cuento más. El final es ingenioso y cierra bien la trama. Peter Lovesey conoce su oficio. La única objeción a hacerle es que, si no se conoce el caso Crippen, puede ser confuso para el lector. Porque, en realidad, copia mucho de lo que ocurrió en esa historia real para tramar la de su libro.
Una buena novela policial que recomiendo.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
22.7.07
Crippen y el invento de Marconi
Hace mucho que no escribo nada truculento, si es que aceptamos que las barrabasadas del gobierno de Kirchner más que truculencia son hijoputismo. Por eso, se me ocurrió que, hoy, venía bien para una tarde encapotada, con un frío de la santísima puta, contar la historia de este médico norteamericano al que colgaron en una prisión inglesa en 1910.
El cuento es el siguiente: Hawley Crippen era médico (no se sabe si oftalmólogo, homeopático u odontólogo)y le gustaban las chiquilinas. Por lo cual, se casó con una muchachita que tenía 17 años mientras él ya andaba por los 30. Esta jovencita se llamaba Lidia y le gustaba ser corista, estudiaba teatro y gastaba lo que no tenía.
Pronto, la pareja se endeudó y tuvieron que cambiar, en 11 años, un sin fin de domicilios para escapar de los acreedores.
Hasta que, al final, se fueron a Inglaterra donde Crippen debió vivir de un trabajo como vendedor. Su mujer seguía gastando y Crippen seguía buscando jóvenes mientras ya andaba por los 50.
Finalmente, enganchó a una muchacha de 30 que se llamaba Ethel Le Neve y comenzaron a ser amantes. Hasta que un día, Crippen les dijo a las amigas de su mujer que ésta se había vuelto a los Estados Unidos y, tiempo después, les anunció el fallecimiento de su esposa en el Estado de California.
Pero una de las amigas de Lidia, observó joyas que le pertenecían a la supuesta muerta en poder de Ethel. Fue corriendo y denunció a Crippen a Scotland Yard.
Un Inspector llamado Walter Dew fue el encargado del caso, allanó la vivienda de Crippen sin hallar nada, pero éste se asustó y decidió escapar con su amante. Tomaron un barco que se llamaba "Montrose" para irse a los Estados Unidos. La amante iba disfrazada de hombre y se hacían pasar por los Anderson, padre e hijo.
El capitán Kendall vio que estos "padre e hijo" paseaban por la cubierta de la mano y se hacían arrumacos. Como ya estaba enterado que Scotland Yard los buscaba porque habían encontrado el torso de Lidia enterrado debajo de la vivienda, utilizó el flamante invento del italiano Guillermo Marconi: el telégrafo. Y, de inmediato, Scotland Yard envió un barco más rápido que el "Montrose" con el Inspector Dew a bordo que los interceptó e hizo regresar a la pareja a Inglaterra.
El doctor Crippen confesó su crimen; había arrojado la cabeza de su mujer al Canal de la Mancha y desintegrado los miembros inferiores y superiores del cuerpo. Fue colgado en Pentonville el 10 de noviembre de 1910. Su amante zafó; no se le encontraron evidencias de que hubiera participado en el crimen y esta mujer falleció en 1967 pidiendo ser enterrada con una foto de Crippen.
Cabe consignar que el doctor también pidió que lo enterraran con una foto de Ethel.
El crimen del doctor Crippen figura en novelas de John Dickson Carr, en una novela de Peter Lovesey llamada "El falso Inspector Dew" y en volúmenes firmados por John Boyne y otros donde se relata este resonante caso.
Como vemos, el alma humana no tiene redención y desde Jack el Destripador para acá, han sido incontables los criminales en la historia del mundo.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
El cuento es el siguiente: Hawley Crippen era médico (no se sabe si oftalmólogo, homeopático u odontólogo)y le gustaban las chiquilinas. Por lo cual, se casó con una muchachita que tenía 17 años mientras él ya andaba por los 30. Esta jovencita se llamaba Lidia y le gustaba ser corista, estudiaba teatro y gastaba lo que no tenía.
Pronto, la pareja se endeudó y tuvieron que cambiar, en 11 años, un sin fin de domicilios para escapar de los acreedores.
Hasta que, al final, se fueron a Inglaterra donde Crippen debió vivir de un trabajo como vendedor. Su mujer seguía gastando y Crippen seguía buscando jóvenes mientras ya andaba por los 50.
Finalmente, enganchó a una muchacha de 30 que se llamaba Ethel Le Neve y comenzaron a ser amantes. Hasta que un día, Crippen les dijo a las amigas de su mujer que ésta se había vuelto a los Estados Unidos y, tiempo después, les anunció el fallecimiento de su esposa en el Estado de California.
Pero una de las amigas de Lidia, observó joyas que le pertenecían a la supuesta muerta en poder de Ethel. Fue corriendo y denunció a Crippen a Scotland Yard.
Un Inspector llamado Walter Dew fue el encargado del caso, allanó la vivienda de Crippen sin hallar nada, pero éste se asustó y decidió escapar con su amante. Tomaron un barco que se llamaba "Montrose" para irse a los Estados Unidos. La amante iba disfrazada de hombre y se hacían pasar por los Anderson, padre e hijo.
El capitán Kendall vio que estos "padre e hijo" paseaban por la cubierta de la mano y se hacían arrumacos. Como ya estaba enterado que Scotland Yard los buscaba porque habían encontrado el torso de Lidia enterrado debajo de la vivienda, utilizó el flamante invento del italiano Guillermo Marconi: el telégrafo. Y, de inmediato, Scotland Yard envió un barco más rápido que el "Montrose" con el Inspector Dew a bordo que los interceptó e hizo regresar a la pareja a Inglaterra.
El doctor Crippen confesó su crimen; había arrojado la cabeza de su mujer al Canal de la Mancha y desintegrado los miembros inferiores y superiores del cuerpo. Fue colgado en Pentonville el 10 de noviembre de 1910. Su amante zafó; no se le encontraron evidencias de que hubiera participado en el crimen y esta mujer falleció en 1967 pidiendo ser enterrada con una foto de Crippen.
Cabe consignar que el doctor también pidió que lo enterraran con una foto de Ethel.
El crimen del doctor Crippen figura en novelas de John Dickson Carr, en una novela de Peter Lovesey llamada "El falso Inspector Dew" y en volúmenes firmados por John Boyne y otros donde se relata este resonante caso.
Como vemos, el alma humana no tiene redención y desde Jack el Destripador para acá, han sido incontables los criminales en la historia del mundo.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
17.7.07
La guita en el placard
!Qué gobierno de sinvergüenzas! !Qué gobierno de desfachatados! !Quieren hacer creer que es lo más normal del mundo que una funcionaria tenga un fangote de guita en el placard del baño de su oficina!
Y haciéndose los tontitos como esos perros a los que se culean en la calle, quieren hacernos pasar gato por liebre, y hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos mientras le pagamos a Chavez brutos intereses por los préstamos y el jefe de gabinete nos dice que es correcto la contratación de familiares de la Picolotti.
Cuando se destape bien la olla de esta banda que tomó el poder en la Argentina, reíte de Al Capone. Cuando logremos levantar la alfombra que, hoy, por nuestra ceguera y nuestro pelotudismo, hace dar todo por sentado, caeremos en la cuenta que la basura nos tapará hasta el cogote.
El pueblo argentino es absolutamente frívolo y oportunista. Y como su mayoría es mediocre y aspira a los boatos del poder, acepta todo, maravillado. Acepta que la "primera dama" se compre lo más caro en los Free Shop del mundo; que no se rinda ninguna cuenta a nadie; que el Presidente se pase por las pelotas a la oposición y maneje el país como si tuviera derecho de pernada. Acepta que la inflación avance a paso acelerado y el INDEC (manipulado por los patoteros del gobierno) lance porcentajes que son ridículos.
Todo está bien entre nosotros, como estaba bien la dictadura militar y aquí no desaparecía nadie y todos vivíamos en el mejor de los mundos. Y después le dimos la reelección a Menem, aceptamos el indulto que, hoy, criticamos, vivamos a Galtieri y, ahora, abominamos de la guerra de Malvinas y aceptamos todo, todo...como que haya cuarenta mil millones de dólares en el banco y no se le haya devuelto a los ahorristas lo que le robaron y que las escuelas se caigan a pedazos y no tengan ni estufas en invierno.
Es tanto el hipoputismo de estos tipos que un paredón sería chico para ponerlos contra la pared y hacerles vomitar todo lo que nos han choreado.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Y haciéndose los tontitos como esos perros a los que se culean en la calle, quieren hacernos pasar gato por liebre, y hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos mientras le pagamos a Chavez brutos intereses por los préstamos y el jefe de gabinete nos dice que es correcto la contratación de familiares de la Picolotti.
Cuando se destape bien la olla de esta banda que tomó el poder en la Argentina, reíte de Al Capone. Cuando logremos levantar la alfombra que, hoy, por nuestra ceguera y nuestro pelotudismo, hace dar todo por sentado, caeremos en la cuenta que la basura nos tapará hasta el cogote.
El pueblo argentino es absolutamente frívolo y oportunista. Y como su mayoría es mediocre y aspira a los boatos del poder, acepta todo, maravillado. Acepta que la "primera dama" se compre lo más caro en los Free Shop del mundo; que no se rinda ninguna cuenta a nadie; que el Presidente se pase por las pelotas a la oposición y maneje el país como si tuviera derecho de pernada. Acepta que la inflación avance a paso acelerado y el INDEC (manipulado por los patoteros del gobierno) lance porcentajes que son ridículos.
Todo está bien entre nosotros, como estaba bien la dictadura militar y aquí no desaparecía nadie y todos vivíamos en el mejor de los mundos. Y después le dimos la reelección a Menem, aceptamos el indulto que, hoy, criticamos, vivamos a Galtieri y, ahora, abominamos de la guerra de Malvinas y aceptamos todo, todo...como que haya cuarenta mil millones de dólares en el banco y no se le haya devuelto a los ahorristas lo que le robaron y que las escuelas se caigan a pedazos y no tengan ni estufas en invierno.
Es tanto el hipoputismo de estos tipos que un paredón sería chico para ponerlos contra la pared y hacerles vomitar todo lo que nos han choreado.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
9.7.07
Nevando en Buenos Aires
!Qué ganas de jodernos el romanticismo y nuestro perfil snob! Hasta hoy, era en París donde nevaba y uno podía toser y abrigar a su amada mientras se ponían blancos los tejados de la Rue St. Michel o la Sacre Coeur o el cementerio de Montparnasse.
Pero resulta que, ahora, hasta la nieve se ha vuelto cursi y se permite descender en !Buenos Aires! !Qué insolencia, propia de estos tiempos de pingüinos demagogos que hasta cambiaron el clima de la ciudad!
Nevó y, aunque no se crea, mis árboles se pusieron canosos y los techos adquirieron esa semejanza de una mañana en Lucerna (¿viste?)y recordé una noche volviendo del casino suizo con la nieve que me golpeaba en los hombros y también en los bolsillos menguados...
Siempre es romántico ver caer la nieve cuando uno tiene la fortuna de no vivir permanentemente en medio de ella. Los tipos que viven en pueblos donde nieva, tienen varicocele y esto es un axioma de hierro.
Pero, entre nosotros, ciudad donde nunca pasa nada de esto, salvo algunos crímenes por querer sacarte las monedas para el colectivo o los discursos del presidente que te sacuden la modorra y te escupen dentro de las dos neuronas argentinas que cada uno de nosotros posee en el cerebro, nada sucede...
!Y ahora nevó! Y un tipo le dijo a las cámaras de la televisión que había sentido una gran emoción...Le faltó agregar: "como cuando salió campeón Ferro o cuando me nació el primer hijo o me acosté con la primera mina" !Qué se yo! El pueblo argentino es así: se emociona cuando nieva y no le hace ni fu ni fa si matan al carnicero de la esquina.
!Qué tipos románticos y exóticos que somos! Yo salí al fondo de mi casa, constaté que hasta el caño de gas estaba blanco, que el césped tenía una capita espesa de nieve y vi cómo seguía cayendo desde el cielo esos hilitos blancos. Era la primera vez que, en Buenos Aires, veía nevar. Y, de inmediato, pensé: ¿Qué dirán esos tipos que hablan del recalentamiento de la tierra? ¿O será al revés? ¿O nos estaremos por petrificar todos con un hálito polar? !Es, realmente, una duda para Hamlet!
El asunto es que nadie podrá, de aquí en más, quitarnos lo bailado. Y si alguien viene de Europa o de Estados Unidos y se manda la parte que vio nevar, qué se yo, en el cañón del Colorado o en la Plaza Vieja de Praga, usted ponga aire de canchero, de intelectual que está saliendo en algún documental histórico por la tele y dígale: "yo también vi nevar, pero fue aquí nomás, entre la casa de Cacho y la Tota, donde está el potrerito; uy, !caía una nieve!.."
Y nunca más nadie podrá sacar patente de ser superior porque conocía la nieve y usted, no. Y de ahora en más, no será necesario ir a Bariloche ni a Las Leñas ni al Cristo Redentor. Tendremos nieve a domicilio, delivery de nieve, cuando se nos antoje, porque así lo decretó el gobierno que trata, por todos los medios, de entretenernos mientras esperamos las elecciones de octubre.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Pero resulta que, ahora, hasta la nieve se ha vuelto cursi y se permite descender en !Buenos Aires! !Qué insolencia, propia de estos tiempos de pingüinos demagogos que hasta cambiaron el clima de la ciudad!
Nevó y, aunque no se crea, mis árboles se pusieron canosos y los techos adquirieron esa semejanza de una mañana en Lucerna (¿viste?)y recordé una noche volviendo del casino suizo con la nieve que me golpeaba en los hombros y también en los bolsillos menguados...
Siempre es romántico ver caer la nieve cuando uno tiene la fortuna de no vivir permanentemente en medio de ella. Los tipos que viven en pueblos donde nieva, tienen varicocele y esto es un axioma de hierro.
Pero, entre nosotros, ciudad donde nunca pasa nada de esto, salvo algunos crímenes por querer sacarte las monedas para el colectivo o los discursos del presidente que te sacuden la modorra y te escupen dentro de las dos neuronas argentinas que cada uno de nosotros posee en el cerebro, nada sucede...
!Y ahora nevó! Y un tipo le dijo a las cámaras de la televisión que había sentido una gran emoción...Le faltó agregar: "como cuando salió campeón Ferro o cuando me nació el primer hijo o me acosté con la primera mina" !Qué se yo! El pueblo argentino es así: se emociona cuando nieva y no le hace ni fu ni fa si matan al carnicero de la esquina.
!Qué tipos románticos y exóticos que somos! Yo salí al fondo de mi casa, constaté que hasta el caño de gas estaba blanco, que el césped tenía una capita espesa de nieve y vi cómo seguía cayendo desde el cielo esos hilitos blancos. Era la primera vez que, en Buenos Aires, veía nevar. Y, de inmediato, pensé: ¿Qué dirán esos tipos que hablan del recalentamiento de la tierra? ¿O será al revés? ¿O nos estaremos por petrificar todos con un hálito polar? !Es, realmente, una duda para Hamlet!
El asunto es que nadie podrá, de aquí en más, quitarnos lo bailado. Y si alguien viene de Europa o de Estados Unidos y se manda la parte que vio nevar, qué se yo, en el cañón del Colorado o en la Plaza Vieja de Praga, usted ponga aire de canchero, de intelectual que está saliendo en algún documental histórico por la tele y dígale: "yo también vi nevar, pero fue aquí nomás, entre la casa de Cacho y la Tota, donde está el potrerito; uy, !caía una nieve!.."
Y nunca más nadie podrá sacar patente de ser superior porque conocía la nieve y usted, no. Y de ahora en más, no será necesario ir a Bariloche ni a Las Leñas ni al Cristo Redentor. Tendremos nieve a domicilio, delivery de nieve, cuando se nos antoje, porque así lo decretó el gobierno que trata, por todos los medios, de entretenernos mientras esperamos las elecciones de octubre.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
7.7.07
La Inflación
Hasta no hace mucho tiempo, iba al supermercado y compraba por 300 pesos 12 canastos de alimentos. Ahora, ni siquiera con el mismo dinero (debo poner unos 40 o 50 pesos más) traigo la mitad de canastos. ¿Estamos en el mejor de los mundos, como parece hacernos creer este gobierno?
La inflación se está comiendo todo y los precios se han desbandado. Un café, en una confitería del centro de Buenos Aires, lo pagué 4,25 pesos; una medialuna 1,10. Esta verdadera estafa al consumidor, me ocurrió hace poquitos días en un local de la firma "Delicity".
Sin embargo, Kirchner sigue hablando de la bonanza económica. ¿Para quiénes? ¿Para la Ministra Micelli que se da el lujo de dejar una bolsa con muchísima guita en su oficina o en su baño o qué se yo dónde? ¿O era un "vuelto" fresquito que le habían dado por sus buenos servicios los lobistas?
Nunca la mentira estuvo tan a la orden del día como en esta época. El Presidente miente y sus funcionarios, también. Pero ya sabemos que la mentira tiene patas cortas y, en algún momento de esta historieta, todo se derrumbará y aparecerá, otra vez, el verdadero rostro de la Argentina, con su hambre, con sus dramas sociales, con las carencias que no se resuelven, con el colapso del transporte público, de los servicios públicos, de la seguridad, de la educación y la salud.
Pregunto: ¿qué carajo hizo este gobierno en estas materias? ¿Dónde están las políticas de Estado? ¿Cuáles son los planes a largo plazo? Todo es demagogia barata y caja...sí, caja. Están dilapidando los recursos del país, están robando como nunca. Y las cosas se les empiezan a ir de las manos.
La gente, en su mayoría, ignorante y tonta, se dejó encandilar por Menem y, ahora, por este sinvergüenza, dictadorzuelo de opereta, de una gran pobreza intelectual, sin hondura en sus conceptos. Sólo alardes burdos de compadrito, buscando agredir, diariamente, a un interlocutor distinto.
El país pagará muy caro estos años. Y nuestra clase dirigente sigue siendo tan impresentable como siempre. He dicho.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
La inflación se está comiendo todo y los precios se han desbandado. Un café, en una confitería del centro de Buenos Aires, lo pagué 4,25 pesos; una medialuna 1,10. Esta verdadera estafa al consumidor, me ocurrió hace poquitos días en un local de la firma "Delicity".
Sin embargo, Kirchner sigue hablando de la bonanza económica. ¿Para quiénes? ¿Para la Ministra Micelli que se da el lujo de dejar una bolsa con muchísima guita en su oficina o en su baño o qué se yo dónde? ¿O era un "vuelto" fresquito que le habían dado por sus buenos servicios los lobistas?
Nunca la mentira estuvo tan a la orden del día como en esta época. El Presidente miente y sus funcionarios, también. Pero ya sabemos que la mentira tiene patas cortas y, en algún momento de esta historieta, todo se derrumbará y aparecerá, otra vez, el verdadero rostro de la Argentina, con su hambre, con sus dramas sociales, con las carencias que no se resuelven, con el colapso del transporte público, de los servicios públicos, de la seguridad, de la educación y la salud.
Pregunto: ¿qué carajo hizo este gobierno en estas materias? ¿Dónde están las políticas de Estado? ¿Cuáles son los planes a largo plazo? Todo es demagogia barata y caja...sí, caja. Están dilapidando los recursos del país, están robando como nunca. Y las cosas se les empiezan a ir de las manos.
La gente, en su mayoría, ignorante y tonta, se dejó encandilar por Menem y, ahora, por este sinvergüenza, dictadorzuelo de opereta, de una gran pobreza intelectual, sin hondura en sus conceptos. Sólo alardes burdos de compadrito, buscando agredir, diariamente, a un interlocutor distinto.
El país pagará muy caro estos años. Y nuestra clase dirigente sigue siendo tan impresentable como siempre. He dicho.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
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