Acabo de traducir algunos cuentos de Stephen Crane, escritor norteamericano que falleció muy joven, a los 28 años. En su corta vida, demostró ser un narrador excepcional; tanto es así, que Theodore Dreiser y Ernest Hemingway, debieron aceptar que Crane había sido su "papá" literario.
Fue periodista, corresponsal de guerra (cubrió la guerra greco-turca y la guerra contra España, cuando los EE.UU. se quedaron con Cuba)a finales del siglo XIX.
De todo lo que Crane escribió, a mí me subyuga "El Hotel Azul", un cuento que es perfecto y demuestra la maestría de este narrador.
En un pueblito del interior de los EE.UU, hay un hotel pintado de un azul rabioso; el propietario, Scully, lo hizo para llamar la atención de los viajeros que llegan a la pequeña estación de tren. En medio de una borrasca de nieve, tres sujetos arriban con el tren y Scully consigue atraerlos hacia su hotel. Una vez allí, la tormenta arrecia aún más fuerte y quedan atrapados.
Uno de los personajes, que parece sueco, se comporta de manera extraña; da la impresión de no estar bien en sus cabales. Demuestra miedo, agresividad, es huraño, dice cosas no demasiado comprensibles, etc.
El hijo del dueño del hotel, un muchacho, invita, para vencer el aburrimiento, a una partida de cartas. Los huéspedes aceptan. En medio de la partida, el sueco reacciona con violencia y acusa al muchacho de hacer trampas. De la discusión (el joven niega rotundamente lo de la trampa) surge ir a pelear afuera y el sueco le da una paliza al muchacho. Entonces, Scully, el propietario del hotel, decide echar al sueco.
El sueco, indignado y temeroso a la vez (piensa que lo van a asesinar entre todos) se aleja en medio de la tormenta, llega al pueblo, se mete en el bar y se emborracha. Alardea de la paliza que le dio al muchacho por tramposo e invita a beber a tres sujetos que están en una mesa, uno de ellos jugador profesional. Como no le aceptan el convite, el sueco reacciona con violencia y agrede al jugador. Este le clava un estilete y lo mata...
Pasa el tiempo y los otros dos huéspedes del hotel (un vaquero y un corredor de comercio) se encuentran y recuerdan el episodio. Al jugador le han dado tres años por matar al sueco y ellos se ponen a comentar los sucesos de aquel día.
Del diálogo, el corredor de comercio le dice al vaquero que el sueco tenía razón: el muchacho hacía trampas y él no se atrevió a denunciarlo. Su teoría, entonces, es que TODOS tienen la culpa de haber matado al sueco, no solamente el jugador, el que lo mató en la realidad.
El vaquero no comparte este razonamiento...
Este cuento deja muchísimas reflexiones. Primero: el "NO TE METAS" de este individuo; su silencio llevó a un hombre a la muerte. Segundo: tiene que ver con nuestros prejuicios: el sueco era una persona antipática y extraña. Por lo tanto, terminó como lo estaba preanunciando. Tercero: la ingratitud (el peor pecado según Cervantes). Al sueco le hicieron un vacío porque era distinto y el hipócrita, que había visto las trampas del muchacho, se calló la boca.
Una pintura acabada de lo que son muchos especímenes de nuestra especie. Se rasgan las vestiduras en opiniones sumamente "morales" y mandan a la muerte a alguien, que poseía LA VERDAD.
Y por último, la gratuidad de todo: no jugaban por nada, salvo para matar el tiempo en medio de una borrasca.
No hablar a su tiempo o hablar demasiado, puede llevarnos al drama o, como en este caso, a la tragedia.
Esta es la enseñanza del cuento de Crane que muchos deberían aprender. Todos ellos salieron en defensa del TRAMPOSO; uno por pusilánime, el resto por ignorancia y por prejuicio. Y condenaron de antemano a alguien que decía LA VERDAD.
Por eso, hay que tener mucho cuidado con los "Perry Mason" que opinan sin tener la más mínima idea de los hechos o, apenas, pizpean una parte. A veces, la APARIENCIA oculta la ESENCIA. Y la INJUSTICIA brilla en todo su esplendor.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. En el 2007, fue reconocido como "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS.)
27.2.08
16.2.08
La Pajarera
Desde incontables años, existe, en Wilde, una casa con una pajarera muy grande. Años atrás, la gente se detenía para contemplar la multitud de aves que lucía. Y los chicos, con los ojos llenos de asombro, seguían el vuelo raudo de calandrias y canarios, el canto multicolor, las ranas que chapoteaban en un charco de agua en el piso de la pajarera, los loros que parloteaban en otra zona de esa vivienda que cobijaba pájaros.
Todo ese lugar donde esto ocurría, estaba poblado de alegría, de mañanas soleadas, de veranos estruendosos, de trinos.
Los años pasaron para nosotros y el país. Pasaron las historias personales y las historias colectivas; hubo cimbronazos individuales y masivos, hubo comedias y tragedias, hubo de todo como suele ocurrir en la "Viña del Señor".
Lo real, lo concreto, es que tanto nosotros como el país todo ha ido retrocediendo. Los hombres fueron perdiendo la inocencia, fueron perdiendo la Poesía. El corazón de todos se fue resecando, angostando, hasta convertirse en una simple feta que late, porque sí nomás.
Apareció la muerte, aparecieron las hordas de la muerte y se llevó la vida de a miles. A su vez, cayeron, a nuestro lado, afectos por doquier. Y el tiempo, ese gran asesino, se llevó lo mejor de cada uno de nosotros.
La Pajarera sigue, todavía, en pie. Es un símbolo. Y la gente se asombra y se detiene a mirar. Pero existe una diferencia con aquella otra, la de las aves multicolores y los cantos en la mañana. En esa inmensa Pajarera, hay, ahora, un sólo pájaro. Un cardenal de copete rojo observa, confuso, hacia todos lados y sólo encuentra soledad y vacío.
Como en aquel hermoso cuento de O. Henry, cuando la enferma espera la caída de la última hoja del árbol que anunciará su muerte, siento ganas de pintarle pájaros a la Pajarera (como esa hoja que su amigo pintor le dibujó a la enferma, esa hoja perenne, dibujada, que jamás se caerá)para romper con ese presagio de que, cuando el cardenal desaparezca, he de desaparecer yo y, por supuesto, el mundo que, hoy, a pesar de sus claroscuros, lo siento, todavía, mío.
Si supiera pintar, le pintaría muchas aves a mi querida Pajarera de Wilde. Como un reflejo de estos tiempos, donde, cada vez, nos quedamos con menos pájaros, lo aliento, diariamente, al cardenal a que resista, a que no se deje vencer por la soledad.
Mientras él cante, yo cantaré. Me lo he propuesto. En esa simbiosis, yo soy el cardenal encerrado en esa Pajarera que se ha ido vaciando.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. Fue declarado PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS. EN EL AÑO 2007.
Todo ese lugar donde esto ocurría, estaba poblado de alegría, de mañanas soleadas, de veranos estruendosos, de trinos.
Los años pasaron para nosotros y el país. Pasaron las historias personales y las historias colectivas; hubo cimbronazos individuales y masivos, hubo comedias y tragedias, hubo de todo como suele ocurrir en la "Viña del Señor".
Lo real, lo concreto, es que tanto nosotros como el país todo ha ido retrocediendo. Los hombres fueron perdiendo la inocencia, fueron perdiendo la Poesía. El corazón de todos se fue resecando, angostando, hasta convertirse en una simple feta que late, porque sí nomás.
Apareció la muerte, aparecieron las hordas de la muerte y se llevó la vida de a miles. A su vez, cayeron, a nuestro lado, afectos por doquier. Y el tiempo, ese gran asesino, se llevó lo mejor de cada uno de nosotros.
La Pajarera sigue, todavía, en pie. Es un símbolo. Y la gente se asombra y se detiene a mirar. Pero existe una diferencia con aquella otra, la de las aves multicolores y los cantos en la mañana. En esa inmensa Pajarera, hay, ahora, un sólo pájaro. Un cardenal de copete rojo observa, confuso, hacia todos lados y sólo encuentra soledad y vacío.
Como en aquel hermoso cuento de O. Henry, cuando la enferma espera la caída de la última hoja del árbol que anunciará su muerte, siento ganas de pintarle pájaros a la Pajarera (como esa hoja que su amigo pintor le dibujó a la enferma, esa hoja perenne, dibujada, que jamás se caerá)para romper con ese presagio de que, cuando el cardenal desaparezca, he de desaparecer yo y, por supuesto, el mundo que, hoy, a pesar de sus claroscuros, lo siento, todavía, mío.
Si supiera pintar, le pintaría muchas aves a mi querida Pajarera de Wilde. Como un reflejo de estos tiempos, donde, cada vez, nos quedamos con menos pájaros, lo aliento, diariamente, al cardenal a que resista, a que no se deje vencer por la soledad.
Mientras él cante, yo cantaré. Me lo he propuesto. En esa simbiosis, yo soy el cardenal encerrado en esa Pajarera que se ha ido vaciando.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. Fue declarado PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS. EN EL AÑO 2007.
5.2.08
A otra cosa
No es bueno atarse de por vida; trae hastío, trae rutina, trae anquilosamiento. Las relaciones humanas pertenecen al mundo de la soledad, al mundo del soliloquio, a la individualidad más extrema. El otro es, siempre eso: el otro, más allá de ciertos afectos circunstanciales.
El Amor no es otra cosa que una herramienta que inventaron los románticos para dramatizar, aún más, la Vida; para tener argumentos estéticos, para seguir perpetuando el mito de la perennidad de las almas.
Pero lo único concreto es que todo pasa como pasan los ríos y nadie, como decía el viejo Herodoto, se baña dos veces en las mismas aguas.
Cada vez más, el hombre va perdiendo su sentido de pertenencia. Es casi imposible que alguien te pertenezca por entero; esto se acabó si es que alguna vez existió. Tengo serias dudas.
Cada uno es lo que es, con su pasado, su presente y su futuro, con sus traumas, con sus fantasmas, con sus desvelos y sus sueños. Con sus pasiones, sus resentimientos, sus dudas y sus vacilaciones.
La mujer (o ciertas mujeres preñadas de histeria) creen que pueden absorber al macho, como hacen algunas arañas perversas; ciertos hombres creen, vanamente, que pueden sojuzgar, a su libre albedrío, a su amante. Nada más lejos de la verdad. Y si lo intentan, lo más factible es que fracasen en el intento.
Los dramas pasionales, con el tiempo, se convierten en burdos vodeviles; la tragedia termina en comedia, cuando el tiempo (es decir, la indiferencia) gana los corazones.
A no llorar por cosas que terminaron; seamos adultos, seamos inteligentes y sensatos. Ninguna lágrima vale que se derrame por un hombre o una mujer. Ninguna.
Las cosas pasan y no quedan; la vida continúa; el tiempo, también.
A lo sumo, si queremos idealizar en algo la cuestión, hagamos una pequeña catarsis con un poema, con un dibujo, con un recuerdo.
Pero, poco. Nada merece eternizarse y eso que llamamos Amor, tampoco...
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. ACABA DE SER DISTINGUIDO COMO PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS.
El Amor no es otra cosa que una herramienta que inventaron los románticos para dramatizar, aún más, la Vida; para tener argumentos estéticos, para seguir perpetuando el mito de la perennidad de las almas.
Pero lo único concreto es que todo pasa como pasan los ríos y nadie, como decía el viejo Herodoto, se baña dos veces en las mismas aguas.
Cada vez más, el hombre va perdiendo su sentido de pertenencia. Es casi imposible que alguien te pertenezca por entero; esto se acabó si es que alguna vez existió. Tengo serias dudas.
Cada uno es lo que es, con su pasado, su presente y su futuro, con sus traumas, con sus fantasmas, con sus desvelos y sus sueños. Con sus pasiones, sus resentimientos, sus dudas y sus vacilaciones.
La mujer (o ciertas mujeres preñadas de histeria) creen que pueden absorber al macho, como hacen algunas arañas perversas; ciertos hombres creen, vanamente, que pueden sojuzgar, a su libre albedrío, a su amante. Nada más lejos de la verdad. Y si lo intentan, lo más factible es que fracasen en el intento.
Los dramas pasionales, con el tiempo, se convierten en burdos vodeviles; la tragedia termina en comedia, cuando el tiempo (es decir, la indiferencia) gana los corazones.
A no llorar por cosas que terminaron; seamos adultos, seamos inteligentes y sensatos. Ninguna lágrima vale que se derrame por un hombre o una mujer. Ninguna.
Las cosas pasan y no quedan; la vida continúa; el tiempo, también.
A lo sumo, si queremos idealizar en algo la cuestión, hagamos una pequeña catarsis con un poema, con un dibujo, con un recuerdo.
Pero, poco. Nada merece eternizarse y eso que llamamos Amor, tampoco...
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. ACABA DE SER DISTINGUIDO COMO PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS.
28.12.07
Un nuevo año
Este año 2007 que se nos va, fue bastante propicio para mí. En el plano literario, tuve muchas satisfacciones ya que logré sendos terceros puestos, uno en el Certamen de SADAIC con mi vals "Tu amor en la casa"; luego con un cuento titulado "Abuelita" en el Certamen "Leopoldo Marechal" de la Municipalidad de Morón. Posteriormente, el primer premio en el Certamen del Fondo Nacional de las Artes con una milonga que tiene música de Reynaldo Martín titulada "Milonga de noche larga". Ya por el mes de setiembre, la Legislatura porteña aprobó por unanimidad el reconocimiento como "Personalidad destacada de la cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires", hecho que se concretó en el Salón Dorado de la Legislatura el día 31 de octubre cuando tanto mi amigo Reynaldo Martín como yo, recibimos de manos del diputado Héctor Bidonde la distinción. Fue un acto cálido y emotivo con el salón colmado de colegas y amigos.
Y finalmente el primer premio que me otorgó un jurado integrado por Luis Alposta, Hilda Guerra y Marcos Silber en el Certamen sobre el centenario del nacimiento de Homero Manzi con cuatro sonetos que le dediqué al gran poeta popular. Este certamen lo organizó Bairespopular, una entidad de Boedo. El premio se hizo público en el mes de noviembre con un acto de premiación y la exhibición de un video sobre la vida y trayectoria de Manzi.
Por lo tanto, no puedo quejarme. Mi salud y la de mi familia transitó por carriles bastante normales; mi madre, con sus 90 años, está muy bien y yo sigo teniendo trabajo literario en la Municipalidad de Avellaneda, mi taller en Gente de Arte funcionó bastante bien y continúo escribiendo para el diario "La Ciudad". No puedo quejarme.
Y si bien nunca he sido conformista (por el contrario, más bien protestón) a esta altura de mi existencia, aprendí que hay que tomar lo que la vida te da, sea mucho o poco.
Por lo tanto, me conformo si el 2008 quiere ser indulgente conmigo, como lo fue el 2007, y me otorga algo similar. De lo contrario, no me enojaré con el año, siempre y cuando me dé afectos y una salud como para seguir remando.
A todos mis amigos y colegas, que suelen leer este modesto diario, les deseo toda la suerte del mundo, sobre todo en sus vocaciones y en sus amores. El dinero y la salud son hados caprichosos que, a veces, te abrazan y, otras, te niegan el saludo.
!Muy buen año 2008 para todos!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales; fue reconocido "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES" por la Legislatura porteña.
Y finalmente el primer premio que me otorgó un jurado integrado por Luis Alposta, Hilda Guerra y Marcos Silber en el Certamen sobre el centenario del nacimiento de Homero Manzi con cuatro sonetos que le dediqué al gran poeta popular. Este certamen lo organizó Bairespopular, una entidad de Boedo. El premio se hizo público en el mes de noviembre con un acto de premiación y la exhibición de un video sobre la vida y trayectoria de Manzi.
Por lo tanto, no puedo quejarme. Mi salud y la de mi familia transitó por carriles bastante normales; mi madre, con sus 90 años, está muy bien y yo sigo teniendo trabajo literario en la Municipalidad de Avellaneda, mi taller en Gente de Arte funcionó bastante bien y continúo escribiendo para el diario "La Ciudad". No puedo quejarme.
Y si bien nunca he sido conformista (por el contrario, más bien protestón) a esta altura de mi existencia, aprendí que hay que tomar lo que la vida te da, sea mucho o poco.
Por lo tanto, me conformo si el 2008 quiere ser indulgente conmigo, como lo fue el 2007, y me otorga algo similar. De lo contrario, no me enojaré con el año, siempre y cuando me dé afectos y una salud como para seguir remando.
A todos mis amigos y colegas, que suelen leer este modesto diario, les deseo toda la suerte del mundo, sobre todo en sus vocaciones y en sus amores. El dinero y la salud son hados caprichosos que, a veces, te abrazan y, otras, te niegan el saludo.
!Muy buen año 2008 para todos!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales; fue reconocido "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES" por la Legislatura porteña.
21.12.07
El Grupo "El Pan Duro"
Noches pasadas, estuvimos en la Academia Porteña del Lunfardo celebrando la aparición de un libro sobre el Grupo "El Pan Duro".
El autor ha sido el poeta y amigo Héctor Negro y la reunión tuvo la calidez que suele tener el repaso de los recuerdos. Una serie de poetas (más encanecidos merced a la compañía del tiempo) se hicieron presentes para homenajear a este Grupo de Poetas que supo tener protagonismo en la década del ´60. Allí estaban los que integraron el Grupo como Hugo Ditaranto, Julio César Silvain, Alberto Wainer, Luis Alberto Navalesi, Tito Agosti, quien les habla y Héctor Negro, el autor del libro.
También, sentados entre el público, andaban los queridos Carlos Patiño y Rafael Alberto Vásquez, que pertenecieron a otro legendario Grupo: "Barrilete".
Eugenio Mandrini rompió el fuego con su proverbial elocuencia, Negro fue haciendo de hilo conductor y los poetas del Grupo "El Pan Duro" brindaron un recital con un par de poemas de su autoría (de antes y después).
Se rememoraron hitos del "Pan Duro", como el bar "Callao 11", la casona de Medrano y Corrientes "Noa Noa", por donde tantos conspicuos artistas pasaron. Y se recordó, también, a uno de sus fundadores: el poeta Juan Gelman, a los que ya no están o a los que están viviendo en el exterior como Juan Hierba.
Fue una noche de plena emoción porque hubo reencuentros (grato fue mi reencuentro con Alberto Wainer a quien no veía desde hacía muchos años) y con otros muchachos.
El Grupo "El Pan Duro" fue un hito en la poesía de los 60; luego, sus integrantes tomaron por distintos rumbos, pero su nombre quedó ligado a una manera de ser y de sentir, a una sensibilidad propia y a un estilo de vida y obra que ha sido reconocido por el mundo de la cultura, más allá de los tradicionales "ninguneos" de los grandes medios. "El Pan Duro" era un grupo de jóvenes contestatarios que no aceptaban la perversión del sistema y lo expresaban, cada uno desde su voz.
El libro que escribió Negro apelando a su memoria y, también, a la memoria de sus compañeros es un compendio acertado de toda la historia del Grupo. Hay fotos ilustrativas, hay capítulos destinados a cada integrante y recuerdos para muchos creadores que ya no están físicamente, pero se los rememora por haber sido parte de esta aventura poética.
Me honra haber pertenecido a este Grupo y haber compartido con tantos aquellos años libertarios. Me honro porque el Grupo sirvió, creo, para que yo creciera en lo personal; mi primer libro de poemas: "Epitafio del gris", fue elegido unánimemente por mis pares. Los recitales diversos me hicieron perder timidez ante el público y, de allí en más, inicié el camino de la poesía con (hasta este momento) 12 libros editados.
Le auguro al libro sobre "El Pan Duro" redactado por mi amigo Héctor Negro bajo el sello editor de Marcelo Olivieri, toda la suerte que se merece.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. Acaba de ser reconocido como "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES" por la Legislatura porteña)
El autor ha sido el poeta y amigo Héctor Negro y la reunión tuvo la calidez que suele tener el repaso de los recuerdos. Una serie de poetas (más encanecidos merced a la compañía del tiempo) se hicieron presentes para homenajear a este Grupo de Poetas que supo tener protagonismo en la década del ´60. Allí estaban los que integraron el Grupo como Hugo Ditaranto, Julio César Silvain, Alberto Wainer, Luis Alberto Navalesi, Tito Agosti, quien les habla y Héctor Negro, el autor del libro.
También, sentados entre el público, andaban los queridos Carlos Patiño y Rafael Alberto Vásquez, que pertenecieron a otro legendario Grupo: "Barrilete".
Eugenio Mandrini rompió el fuego con su proverbial elocuencia, Negro fue haciendo de hilo conductor y los poetas del Grupo "El Pan Duro" brindaron un recital con un par de poemas de su autoría (de antes y después).
Se rememoraron hitos del "Pan Duro", como el bar "Callao 11", la casona de Medrano y Corrientes "Noa Noa", por donde tantos conspicuos artistas pasaron. Y se recordó, también, a uno de sus fundadores: el poeta Juan Gelman, a los que ya no están o a los que están viviendo en el exterior como Juan Hierba.
Fue una noche de plena emoción porque hubo reencuentros (grato fue mi reencuentro con Alberto Wainer a quien no veía desde hacía muchos años) y con otros muchachos.
El Grupo "El Pan Duro" fue un hito en la poesía de los 60; luego, sus integrantes tomaron por distintos rumbos, pero su nombre quedó ligado a una manera de ser y de sentir, a una sensibilidad propia y a un estilo de vida y obra que ha sido reconocido por el mundo de la cultura, más allá de los tradicionales "ninguneos" de los grandes medios. "El Pan Duro" era un grupo de jóvenes contestatarios que no aceptaban la perversión del sistema y lo expresaban, cada uno desde su voz.
El libro que escribió Negro apelando a su memoria y, también, a la memoria de sus compañeros es un compendio acertado de toda la historia del Grupo. Hay fotos ilustrativas, hay capítulos destinados a cada integrante y recuerdos para muchos creadores que ya no están físicamente, pero se los rememora por haber sido parte de esta aventura poética.
Me honra haber pertenecido a este Grupo y haber compartido con tantos aquellos años libertarios. Me honro porque el Grupo sirvió, creo, para que yo creciera en lo personal; mi primer libro de poemas: "Epitafio del gris", fue elegido unánimemente por mis pares. Los recitales diversos me hicieron perder timidez ante el público y, de allí en más, inicié el camino de la poesía con (hasta este momento) 12 libros editados.
Le auguro al libro sobre "El Pan Duro" redactado por mi amigo Héctor Negro bajo el sello editor de Marcelo Olivieri, toda la suerte que se merece.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. Acaba de ser reconocido como "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES" por la Legislatura porteña)
16.12.07
Cierta bronca
Sí, es humano tener bronca cuando se observa cómo se desbarranca al Tango con el concurso de ciertos seudo historiadores que, haciendo gala de una memoria plagiaria, nos vienen a contar anécdotas de épocas pasadas, con protagonistas recontra enterrados y con episodios totalmente imposibles de constatar.
Son los "viudos" y "viudas" de un tango perimido; oportunistas que quieren sacar tajada de esa "industria de la nostalgia" berreta. Son los que nos comentan giladas como si fueran importantes acontecimientos. Y repiten y repiten -como loros descerebrados- lo que ya dijeron otros "historiadores" continuando con este perverso hábito de no crear y vivir, como garrapatas, de los verdaderos creadores.
Estos tipos y tipas merecen todo mi desprecio. Escriben libros apócrifos, dan charlas mediocres, reseñan episodios de cuarta o quinta mano y utilizan el buen nombre de los artistas fallecidos, que ya no pueden defenderse de esta verdadera lacra.
El Tango subsistirá y sobrevivirá en tanto y en cuanto acepte que debe renovarse y abra la cabeza a los nuevos tiempos. Sin perder la dignidad de su poesía, esa que forjaron Homero Manzi, Homero Expósito, Cátulo Castillo, Discepolín y tantos otros poetas que lo renovaron merced a sus talentos personales. Lo mismo cabe para los músicos. Todo lo demás, es frivolidad pura de estos sinvergüenzas que se autotitulan "historiadores", "difusores de tango", "cantantes", etc.
Quiero hacer la salvedad que, entre estas disciplinas que señalé, hay auténticos cultores, que tienen conocimientos y que tratan de salvar la ropa ante tanta ordinariez, tanta mersada suelta.
La dignidad del género la dieron los poetas y músicos de real valía; los que se expresaron con belleza y altura. Los que, realmente, trabajaron y mucho para hacerlo popular. Entre todos ellos, resalta la figura inigualable de un artista sin par: CARLOS GARDEL.
Ahora, el Tango está en manos de estos mercachifles, rapuñadores de las migajas en la que ha quedado el género. Y en los fenicios de la noche, que se adueñaron de locales donde para escuchar a cualquier "rompe tímpanos", hay que pagar una fortuna por una copa. Es eso que llaman "for export" para engañar a turistas desprevenidos, que creen que la danza del Tango es esa acrobacia absurda o que "Caminito" es lo único que se ha podido rescatar del incendio tanguero.
Insisto: da cierta bronca todo esto y se vienen épocas peores, en virtud de que la cultura porteña ha quedado en manos de "privatizadores", capaces de encontrar una moneda raspando hasta la costra de la vieja.
Los auténticos artistas populares, deberán encontrar una manera de frenar este comercio que se viene con la cultura.
De lo contrario, moriremos en el intento y el Tango, como otras tantas expresiones que nos identifican, sucumbirá en los bolsillos de estos canallas.
He dicho.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. Acaba de ser reconocido "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS."
Son los "viudos" y "viudas" de un tango perimido; oportunistas que quieren sacar tajada de esa "industria de la nostalgia" berreta. Son los que nos comentan giladas como si fueran importantes acontecimientos. Y repiten y repiten -como loros descerebrados- lo que ya dijeron otros "historiadores" continuando con este perverso hábito de no crear y vivir, como garrapatas, de los verdaderos creadores.
Estos tipos y tipas merecen todo mi desprecio. Escriben libros apócrifos, dan charlas mediocres, reseñan episodios de cuarta o quinta mano y utilizan el buen nombre de los artistas fallecidos, que ya no pueden defenderse de esta verdadera lacra.
El Tango subsistirá y sobrevivirá en tanto y en cuanto acepte que debe renovarse y abra la cabeza a los nuevos tiempos. Sin perder la dignidad de su poesía, esa que forjaron Homero Manzi, Homero Expósito, Cátulo Castillo, Discepolín y tantos otros poetas que lo renovaron merced a sus talentos personales. Lo mismo cabe para los músicos. Todo lo demás, es frivolidad pura de estos sinvergüenzas que se autotitulan "historiadores", "difusores de tango", "cantantes", etc.
Quiero hacer la salvedad que, entre estas disciplinas que señalé, hay auténticos cultores, que tienen conocimientos y que tratan de salvar la ropa ante tanta ordinariez, tanta mersada suelta.
La dignidad del género la dieron los poetas y músicos de real valía; los que se expresaron con belleza y altura. Los que, realmente, trabajaron y mucho para hacerlo popular. Entre todos ellos, resalta la figura inigualable de un artista sin par: CARLOS GARDEL.
Ahora, el Tango está en manos de estos mercachifles, rapuñadores de las migajas en la que ha quedado el género. Y en los fenicios de la noche, que se adueñaron de locales donde para escuchar a cualquier "rompe tímpanos", hay que pagar una fortuna por una copa. Es eso que llaman "for export" para engañar a turistas desprevenidos, que creen que la danza del Tango es esa acrobacia absurda o que "Caminito" es lo único que se ha podido rescatar del incendio tanguero.
Insisto: da cierta bronca todo esto y se vienen épocas peores, en virtud de que la cultura porteña ha quedado en manos de "privatizadores", capaces de encontrar una moneda raspando hasta la costra de la vieja.
Los auténticos artistas populares, deberán encontrar una manera de frenar este comercio que se viene con la cultura.
De lo contrario, moriremos en el intento y el Tango, como otras tantas expresiones que nos identifican, sucumbirá en los bolsillos de estos canallas.
He dicho.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. Acaba de ser reconocido "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS."
9.12.07
Enrique Cadícamo
Contaba hoy, domingo, en el programa radial de Juan Carlos Apiccella, que estaba leyendo las Memorias de Enrique Cadícamo, libro apasionante para todos los que aman bien al Tango, sobre todo por la historia de vida, la experiencia y el calor humano que existe en alguien como Cadícamo, un autor de tangos prolífico y que vivió la friolera de un centenario.
En este libro tan ameno, podemos observar cómo Cadícamo define a su entorno con sutil elegancia; la discreción es su lema a pesar de que subsiste en estas páginas un velado encono hacia el autor de "La Cumparsita": Matos Rodríguez. El inspirado autor de "Madame Ivonne" señala dos trastadas que le hizo el uruguayo y que lo distanciaron no una sino dos veces de su amistad.
También demuestra Cadícamo cómo se cocían habas en aquellas épocas: dos veces fue estafado en sus derechos de autor, lo que implica que la transfugada y el sinvergüencismo siempre ha estado presente cuando de humanos se trata.
Pero lo significativo es que don Enrique, con tan sólo treinta años de edad, ya vivía de sus derechos de autor, gracias a los temas que le cantaban los cantores de aquellos años.
En cambio, ahora, la mayoría de los cantores ignoran lo que hacen los poetas del Tango y no sólo los ignoran sino que los omiten a la hora de plantearse un repertorio. Da la impresión que es más fácil y más cómodo cantar (dos millones de veces) "Malena" o "Como dos extraños" a arriesgarse con alguna pieza de un poeta contemporáneo. El género no puede revitalizarse con esta mentalidad retrógrada, de mediocres, que tienen muchos que dicen "cantar tango".
Carlos Gardel, un artista ejemplar, le cantó a todos los poetas del 20 y el 30; interpretó los temas de muchachos que no tenían más que la edad del siglo y los hizo conocer y los paseó por el mundo.
!Cuánto le debe el Tango a Gardel!
En cambio, nada deberemos, en el futuro, a tirifilos que no sienten el pulso de la época y se quedaron estancados en el vestidito de percal, el farolito malevo, el guapo que murió ensartado por otro guapo, las chatas entrando al corralón, la obrerita que tosía por las noches, el tipo que dejó la cárcel y el cornudo que se guardó las trenzas de la china en una maleta (ni siquiera de cuero).
Ese tango bochornoso no nos salvará. Y los otros, los que nos dignifican, ya merecen un descanso mientras tallan los jóvenes poetas del hoy y los jóvenes músicos del ahora.
De este modo, el Tango recibirá una inyección vital para levantarse y seguir andando.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales; acaba de ser reconocido "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES" por la Legislatura porteña.)
En este libro tan ameno, podemos observar cómo Cadícamo define a su entorno con sutil elegancia; la discreción es su lema a pesar de que subsiste en estas páginas un velado encono hacia el autor de "La Cumparsita": Matos Rodríguez. El inspirado autor de "Madame Ivonne" señala dos trastadas que le hizo el uruguayo y que lo distanciaron no una sino dos veces de su amistad.
También demuestra Cadícamo cómo se cocían habas en aquellas épocas: dos veces fue estafado en sus derechos de autor, lo que implica que la transfugada y el sinvergüencismo siempre ha estado presente cuando de humanos se trata.
Pero lo significativo es que don Enrique, con tan sólo treinta años de edad, ya vivía de sus derechos de autor, gracias a los temas que le cantaban los cantores de aquellos años.
En cambio, ahora, la mayoría de los cantores ignoran lo que hacen los poetas del Tango y no sólo los ignoran sino que los omiten a la hora de plantearse un repertorio. Da la impresión que es más fácil y más cómodo cantar (dos millones de veces) "Malena" o "Como dos extraños" a arriesgarse con alguna pieza de un poeta contemporáneo. El género no puede revitalizarse con esta mentalidad retrógrada, de mediocres, que tienen muchos que dicen "cantar tango".
Carlos Gardel, un artista ejemplar, le cantó a todos los poetas del 20 y el 30; interpretó los temas de muchachos que no tenían más que la edad del siglo y los hizo conocer y los paseó por el mundo.
!Cuánto le debe el Tango a Gardel!
En cambio, nada deberemos, en el futuro, a tirifilos que no sienten el pulso de la época y se quedaron estancados en el vestidito de percal, el farolito malevo, el guapo que murió ensartado por otro guapo, las chatas entrando al corralón, la obrerita que tosía por las noches, el tipo que dejó la cárcel y el cornudo que se guardó las trenzas de la china en una maleta (ni siquiera de cuero).
Ese tango bochornoso no nos salvará. Y los otros, los que nos dignifican, ya merecen un descanso mientras tallan los jóvenes poetas del hoy y los jóvenes músicos del ahora.
De este modo, el Tango recibirá una inyección vital para levantarse y seguir andando.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales; acaba de ser reconocido "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES" por la Legislatura porteña.)
25.11.07
Homero Manzi
Muchos años atrás, escribí una nota sobre Homero Manzi que titulé: "Manzi y la ternura". Creía (y sigo creyendo) que la característica principal de este poeta es, precisamente, esa mirada cálida y melancólica hacia las cosas que pasaron, hacia los seres que se han ido. Y todo lo hizo con alta dignidad poética, con una belleza expresiva que es inigualable en el tango-canción.
En un diálogo entre amigos, y ante el comentario de cuánta ordinariez hay en los programas de tango y en muchos de sus protagonistas, yo decía que el género siempre ha estado dividido. Entre los que lo dignificaron, agregándole belleza y poesía, humanismo enaltecido y una dramática importante y aquellos que lo bastardearon, que lo hicieron pasatista, burdo, carente de poética, tonto y canfinflero. Por lo tanto, no estoy dividiendo al Tango entre popular y elitista. Por el contrario: lo genuinamente popular es esa versión sublime del tango-canción que nos trajeron los Manzi, los Discépolo, los Cátulo Castillo, los Homero Expósito, los Troilo, los Di Sarli, los De Caro...Podría seguir citando. De los otros, mejor ni acordarse.
Pues bien: esa dicotomía sigue existiendo. Por eso, abominaron de Piazzolla, de Rovira; endiosan a tipos que no podrían cantar ni en el baño de la casa y para estos sinvergüenzas, todos son "genios", "cantorazos", "poetas", etc.
En este manoseo casi escatológico (por no decir pornográfico) que hacen con las palabras muchos difusores actuales de tango, está una de las causas del por qué el tango ha perdido favor entre la gente. Aferrados al negocio de la nostalgia, propiciando, a veces, lo peor del género, apostando, permanentemente, a la mersada, lo han ido destruyendo.
Por eso, Manzi. Por eso, su alta poesía popular. Por eso, un tango como "Sur" que es una elegía a toda una época y a todo un barrio. Rememorado por alguien que conocía lo que era la sensibilidad.
Hoy en día, hay dignos exponentes de la difusión tanguera. Cito a Malbrán, a Sancinetto, a Nolo Correa, a Ricardo Horvath y hay más. Pero, también, hay una legión de tipos que dan vergüenza ajena, comenzando por ese barato del peluquín, siempre enredado en giladas.
No voy a decir más porque me dejo embargar por la pasión y termino yéndome de boca. ¿Será porque odio o amo al Tango? ¿Será porque no soporto a estos sinvergüenzas que viven a costa de un tango estereotipado, mentiroso, falto de contenido y burdo por donde se lo mire?
Manzi cumplió el centenario de su nacimiento y está muy bien que homenajeemos como corresponde a tamaño artista. Claro. En esos homenajes, se colaron muchos por la ventana, los "viudos" y "viudas" que, con total impudor, se lanzaron a hablar como siempre, tocando de oído... Y hasta (!oh, el oportunismo!) escribieron algún libro o librillo sobre el particular.
Manzi no es culpable de estos especímenes. El hizo, en vida, todo lo posible, por dignificar el arte popular. Por eso, me inclino ante su memoria y lo reverencio.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales; acaba de ser nombrado "Personalidad Destacada de la Cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires")
En un diálogo entre amigos, y ante el comentario de cuánta ordinariez hay en los programas de tango y en muchos de sus protagonistas, yo decía que el género siempre ha estado dividido. Entre los que lo dignificaron, agregándole belleza y poesía, humanismo enaltecido y una dramática importante y aquellos que lo bastardearon, que lo hicieron pasatista, burdo, carente de poética, tonto y canfinflero. Por lo tanto, no estoy dividiendo al Tango entre popular y elitista. Por el contrario: lo genuinamente popular es esa versión sublime del tango-canción que nos trajeron los Manzi, los Discépolo, los Cátulo Castillo, los Homero Expósito, los Troilo, los Di Sarli, los De Caro...Podría seguir citando. De los otros, mejor ni acordarse.
Pues bien: esa dicotomía sigue existiendo. Por eso, abominaron de Piazzolla, de Rovira; endiosan a tipos que no podrían cantar ni en el baño de la casa y para estos sinvergüenzas, todos son "genios", "cantorazos", "poetas", etc.
En este manoseo casi escatológico (por no decir pornográfico) que hacen con las palabras muchos difusores actuales de tango, está una de las causas del por qué el tango ha perdido favor entre la gente. Aferrados al negocio de la nostalgia, propiciando, a veces, lo peor del género, apostando, permanentemente, a la mersada, lo han ido destruyendo.
Por eso, Manzi. Por eso, su alta poesía popular. Por eso, un tango como "Sur" que es una elegía a toda una época y a todo un barrio. Rememorado por alguien que conocía lo que era la sensibilidad.
Hoy en día, hay dignos exponentes de la difusión tanguera. Cito a Malbrán, a Sancinetto, a Nolo Correa, a Ricardo Horvath y hay más. Pero, también, hay una legión de tipos que dan vergüenza ajena, comenzando por ese barato del peluquín, siempre enredado en giladas.
No voy a decir más porque me dejo embargar por la pasión y termino yéndome de boca. ¿Será porque odio o amo al Tango? ¿Será porque no soporto a estos sinvergüenzas que viven a costa de un tango estereotipado, mentiroso, falto de contenido y burdo por donde se lo mire?
Manzi cumplió el centenario de su nacimiento y está muy bien que homenajeemos como corresponde a tamaño artista. Claro. En esos homenajes, se colaron muchos por la ventana, los "viudos" y "viudas" que, con total impudor, se lanzaron a hablar como siempre, tocando de oído... Y hasta (!oh, el oportunismo!) escribieron algún libro o librillo sobre el particular.
Manzi no es culpable de estos especímenes. El hizo, en vida, todo lo posible, por dignificar el arte popular. Por eso, me inclino ante su memoria y lo reverencio.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales; acaba de ser nombrado "Personalidad Destacada de la Cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires")
18.11.07
El desarraigo
Hay, en la literatura, notables textos sobre el desarraigo. Desarraigo que puede ser en lugares distantes del Planeta, lejos de su rincón natal o pueden ser desarraigos interiores, la problemática de sentirse solo en medio de la multitud y en su propio habitat.
Los escritores, con su sensibilidad siempre a cuestas, han tocado este tema de diversas formas; pero siempre hay dramaticidad cuando se trata de esta cuestión.
Recuerdo un cuento de Katherine Mansfield que se llama "El viaje". La trama es, simplemente, el viaje en barco de una abuela con su nieta. Acaba de fallecer la madre de la niña y la mujer la lleva a vivir con ella y con su abuelo. La melancolía y la tristeza que emana de este formidable texto, escrito por una de las más grandes escritoras, fabricantes de clima, no tiene parangón.
También recuerdo "La fuerza de la costumbre" de Somerset Maugham donde un funcionario inglés, recluido en un lugar de Malasia, vuelve, luego de sus vacaciones en Inglaterra, con su flamante esposa. Hay una mujer nativa que merodea la casa y, al final, se sabe que este hombre ha convivido con la nativa y tiene hijos de ella. Su joven esposa no acepta la situación y decide volverse a Inglaterra. La culminación del cuento es una obra de arte: un chico nativo se acerca a la casa y le dice al hombre, entristecido, "dice mi madre si puede volver". Y el hombre, luego de un instante, le dice que sí.
Hay desarraigo en los personajes de Horacio Quiroga, encerrados en la selva misionera. Hay desarraigo en un cuento extraordinario de Kipling, también de funcionarios ingleses metidos en esas colonias distantes; hay desarraigo en los personajes de Conrad, en los de Camus, en los de Kafka.
Desarraigo que, a veces, es fruto del desamor, de la marginalidad, de hallarse transterrado.
Y este desarraigo se palpa y se siente íntimamente en nuestra vida. Recuerdo, en una oportunidad, estar solito con mi alma en Panamá, bebiendo en la barra de un boliche; a mi derecha tenía un hombre (yanki seguramente); a mi izquierda, a otro hombre, retacón y fornido, con aire de marinero. Los dos bebían, yo bebía y todo hacíamos en silencio, encerrado cada uno en sus propios pensamientos, a miles de kilómetros de nuestros afectos, de nuestra tierra.
Sólo la negra que servía le ponía un toque de movimiento y vida a esa escena del desarraigo.
"La patria es la infancia" -dijo Rilke y, por último, recuerdo un cuento gracioso de O.Henry donde un personaje, que alardeaba de su cosmopolitismo y se la pasaba diciendo que, para él, el mundo era su casa, termina liándose a golpes con un tipo que le criticó el pequeño pueblo donde había nacido.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales: acaba de ser nombrado "Personalidad destacada de la cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires" por la Legislatura porteña.
Los escritores, con su sensibilidad siempre a cuestas, han tocado este tema de diversas formas; pero siempre hay dramaticidad cuando se trata de esta cuestión.
Recuerdo un cuento de Katherine Mansfield que se llama "El viaje". La trama es, simplemente, el viaje en barco de una abuela con su nieta. Acaba de fallecer la madre de la niña y la mujer la lleva a vivir con ella y con su abuelo. La melancolía y la tristeza que emana de este formidable texto, escrito por una de las más grandes escritoras, fabricantes de clima, no tiene parangón.
También recuerdo "La fuerza de la costumbre" de Somerset Maugham donde un funcionario inglés, recluido en un lugar de Malasia, vuelve, luego de sus vacaciones en Inglaterra, con su flamante esposa. Hay una mujer nativa que merodea la casa y, al final, se sabe que este hombre ha convivido con la nativa y tiene hijos de ella. Su joven esposa no acepta la situación y decide volverse a Inglaterra. La culminación del cuento es una obra de arte: un chico nativo se acerca a la casa y le dice al hombre, entristecido, "dice mi madre si puede volver". Y el hombre, luego de un instante, le dice que sí.
Hay desarraigo en los personajes de Horacio Quiroga, encerrados en la selva misionera. Hay desarraigo en un cuento extraordinario de Kipling, también de funcionarios ingleses metidos en esas colonias distantes; hay desarraigo en los personajes de Conrad, en los de Camus, en los de Kafka.
Desarraigo que, a veces, es fruto del desamor, de la marginalidad, de hallarse transterrado.
Y este desarraigo se palpa y se siente íntimamente en nuestra vida. Recuerdo, en una oportunidad, estar solito con mi alma en Panamá, bebiendo en la barra de un boliche; a mi derecha tenía un hombre (yanki seguramente); a mi izquierda, a otro hombre, retacón y fornido, con aire de marinero. Los dos bebían, yo bebía y todo hacíamos en silencio, encerrado cada uno en sus propios pensamientos, a miles de kilómetros de nuestros afectos, de nuestra tierra.
Sólo la negra que servía le ponía un toque de movimiento y vida a esa escena del desarraigo.
"La patria es la infancia" -dijo Rilke y, por último, recuerdo un cuento gracioso de O.Henry donde un personaje, que alardeaba de su cosmopolitismo y se la pasaba diciendo que, para él, el mundo era su casa, termina liándose a golpes con un tipo que le criticó el pequeño pueblo donde había nacido.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales: acaba de ser nombrado "Personalidad destacada de la cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires" por la Legislatura porteña.
10.11.07
Nuevas ediciones
Acaban de salir dos libros publicados por la Editorial Andrómeda, que cuentan con mi traducción.
Uno de ellos es el clásico "El doctor Jekyll y Mr. Hyde" o "El extraño caso del hombre y la bestia" (con el que, también, se lo conoce a nivel popular); es un trabajo que llevaba como cuatro años de espera. Muy bien editado, tiene el agregado de tres cuentos de Stevenson poco conocidos, un prólogo que me pertenece y datos biográficos del autor.
Ustedes saben que Stevenson le dio a leer este texto a su mujer y ella se lo criticó; entonces, el escritor lo arrojó al fuego. Luego, lo rehizo, pero mucho más breve. Es una especie de cuento largo o novela corta donde el narrador escocés se introduce en la dualidad; el bien y el mal están presentes en esa historia donde una pócima inventada por el doctor Jekyll lo va transformando en ese ser aborrecible que es Mr. Hyde.
Algunos creen ver una parábola de la sociedad victoriana donde la pacatería o la aparente normalidad ocultaba trasfondos terribles. Vale la pena leer y hasta releer este libro de Stevenson.
En su época, circuló la versión que Stevenson había conocido al famoso Jack el Destripador, que era un cirujano respetado. Pero al irse de Inglaterra para curar su salud (Stevenson sufría de tisis) a las islas del sur y allá morir, nunca pudo develarse el enigma. El célebre autor de "La isla del tesoro" vivió, apenas, 44 años.
El otro título que traduje fue "Luz de Asia" un libro del inglés Sir Edwin Arnold, un hombre que vivió muchos años en la India y que escribió este texto interesante; son cantos donde se plasma la vida de Buda y su doctrina.
Escrito con gran belleza expresiva, con un gran lirismo, "Luz de Asia" vale la pena de ser leído y es un texto que no tiene casi difusión.
Arnold vivió en el siglo XIX.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales, acaba de ser reconocido como "Personalidad destacada de la Cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires" por la Legislatura).
Uno de ellos es el clásico "El doctor Jekyll y Mr. Hyde" o "El extraño caso del hombre y la bestia" (con el que, también, se lo conoce a nivel popular); es un trabajo que llevaba como cuatro años de espera. Muy bien editado, tiene el agregado de tres cuentos de Stevenson poco conocidos, un prólogo que me pertenece y datos biográficos del autor.
Ustedes saben que Stevenson le dio a leer este texto a su mujer y ella se lo criticó; entonces, el escritor lo arrojó al fuego. Luego, lo rehizo, pero mucho más breve. Es una especie de cuento largo o novela corta donde el narrador escocés se introduce en la dualidad; el bien y el mal están presentes en esa historia donde una pócima inventada por el doctor Jekyll lo va transformando en ese ser aborrecible que es Mr. Hyde.
Algunos creen ver una parábola de la sociedad victoriana donde la pacatería o la aparente normalidad ocultaba trasfondos terribles. Vale la pena leer y hasta releer este libro de Stevenson.
En su época, circuló la versión que Stevenson había conocido al famoso Jack el Destripador, que era un cirujano respetado. Pero al irse de Inglaterra para curar su salud (Stevenson sufría de tisis) a las islas del sur y allá morir, nunca pudo develarse el enigma. El célebre autor de "La isla del tesoro" vivió, apenas, 44 años.
El otro título que traduje fue "Luz de Asia" un libro del inglés Sir Edwin Arnold, un hombre que vivió muchos años en la India y que escribió este texto interesante; son cantos donde se plasma la vida de Buda y su doctrina.
Escrito con gran belleza expresiva, con un gran lirismo, "Luz de Asia" vale la pena de ser leído y es un texto que no tiene casi difusión.
Arnold vivió en el siglo XIX.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales, acaba de ser reconocido como "Personalidad destacada de la Cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires" por la Legislatura).
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