Acaban de salir dos libros publicados por la Editorial Andrómeda, que cuentan con mi traducción.
Uno de ellos es el clásico "El doctor Jekyll y Mr. Hyde" o "El extraño caso del hombre y la bestia" (con el que, también, se lo conoce a nivel popular); es un trabajo que llevaba como cuatro años de espera. Muy bien editado, tiene el agregado de tres cuentos de Stevenson poco conocidos, un prólogo que me pertenece y datos biográficos del autor.
Ustedes saben que Stevenson le dio a leer este texto a su mujer y ella se lo criticó; entonces, el escritor lo arrojó al fuego. Luego, lo rehizo, pero mucho más breve. Es una especie de cuento largo o novela corta donde el narrador escocés se introduce en la dualidad; el bien y el mal están presentes en esa historia donde una pócima inventada por el doctor Jekyll lo va transformando en ese ser aborrecible que es Mr. Hyde.
Algunos creen ver una parábola de la sociedad victoriana donde la pacatería o la aparente normalidad ocultaba trasfondos terribles. Vale la pena leer y hasta releer este libro de Stevenson.
En su época, circuló la versión que Stevenson había conocido al famoso Jack el Destripador, que era un cirujano respetado. Pero al irse de Inglaterra para curar su salud (Stevenson sufría de tisis) a las islas del sur y allá morir, nunca pudo develarse el enigma. El célebre autor de "La isla del tesoro" vivió, apenas, 44 años.
El otro título que traduje fue "Luz de Asia" un libro del inglés Sir Edwin Arnold, un hombre que vivió muchos años en la India y que escribió este texto interesante; son cantos donde se plasma la vida de Buda y su doctrina.
Escrito con gran belleza expresiva, con un gran lirismo, "Luz de Asia" vale la pena de ser leído y es un texto que no tiene casi difusión.
Arnold vivió en el siglo XIX.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales, acaba de ser reconocido como "Personalidad destacada de la Cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires" por la Legislatura).
10.11.07
28.10.07
Las elecciones
!Nunca vi, en los años que tengo, semejante desorganización! La gente hacía colas en la vereda y, como término medio, se perdía entre una hora y hora y media para votar.
En algunos cuartos oscuros, las boletas estaban mezcladas y, en otros, faltaban boletas de algunos candidatos.
Hubo veda política, sí. Pero los medios de comunicación no perdieron el tiempo en hacer propaganda para el oficialismo. La figura del presidente y su esposa apareció hasta en los programas televisivos del sábado anterior al comicio.
Digo yo. ¿No sería más positivo imponer los comicios voluntarios? Que vote aquel que sienta que lo debe hacer. ¿Qué sentido tiene que vote gente que no tiene ni la más pálida idea de la política? ¿Que no conocen a los candidatos?
Y, bue...El oficialismo se dio el gusto. Vamos a tener a una mujer como Presidenta. Los dineros invertidos en esta campaña, han dado sus frutos. Tenemos cuatro años más para hacer lo que se nos cante, manejando el país como si tuvieran derecho de pernada.
Ante un pueblo absolutamente apático, indolente, ignorante de todo.
La misma franja de votantes que le permitieron a Menem hacer lo que quiso durante dos mandatos, es la misma que votó a la señora de Kirchner. Lo que demuestra cuán maleable es el voto en la Argentina.
Lilita Carrió, si no se desbanda, quedó en el umbral; quedó para la próxima. Hizo una buena elección, sin casi publicidad. No atosigó como Cristina que tenía su retrato hasta en la sopa. !Bien por Lilita!
Lamentablemente, Roberto Lavagna, uno de los dirigentes serios, llevó el paracaidas de plomo de los radicales. Era imposible que arrimara.
La izquierda, como siempre, haciendo elecciones liliputienses; algún día, estos tipos aprenderán a juntarse detrás de un proyecto común y no debatir al cuete y proseguir las divisiones absurdas.
En definitiva: se cumplió con el proceso formal de votar, que es lo que pide la Democracia. Veremos cómo sigue todo esto. Hay cuatro años por delante. Y la Argentina tiene un sin fin de problemas de difícil solución.
Yo creo que hubo fraude; ese fraude sutil que pasa por la propaganda, por tener comprado a los medios de comunicación y a un montón de conciencias. Ya no te compran el voto; te compran mucho antes, cuando te nombran "K" de algo y te volvés un miserable Borocotó para cuidarte los garbanzos.
Así están las cosas.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
En algunos cuartos oscuros, las boletas estaban mezcladas y, en otros, faltaban boletas de algunos candidatos.
Hubo veda política, sí. Pero los medios de comunicación no perdieron el tiempo en hacer propaganda para el oficialismo. La figura del presidente y su esposa apareció hasta en los programas televisivos del sábado anterior al comicio.
Digo yo. ¿No sería más positivo imponer los comicios voluntarios? Que vote aquel que sienta que lo debe hacer. ¿Qué sentido tiene que vote gente que no tiene ni la más pálida idea de la política? ¿Que no conocen a los candidatos?
Y, bue...El oficialismo se dio el gusto. Vamos a tener a una mujer como Presidenta. Los dineros invertidos en esta campaña, han dado sus frutos. Tenemos cuatro años más para hacer lo que se nos cante, manejando el país como si tuvieran derecho de pernada.
Ante un pueblo absolutamente apático, indolente, ignorante de todo.
La misma franja de votantes que le permitieron a Menem hacer lo que quiso durante dos mandatos, es la misma que votó a la señora de Kirchner. Lo que demuestra cuán maleable es el voto en la Argentina.
Lilita Carrió, si no se desbanda, quedó en el umbral; quedó para la próxima. Hizo una buena elección, sin casi publicidad. No atosigó como Cristina que tenía su retrato hasta en la sopa. !Bien por Lilita!
Lamentablemente, Roberto Lavagna, uno de los dirigentes serios, llevó el paracaidas de plomo de los radicales. Era imposible que arrimara.
La izquierda, como siempre, haciendo elecciones liliputienses; algún día, estos tipos aprenderán a juntarse detrás de un proyecto común y no debatir al cuete y proseguir las divisiones absurdas.
En definitiva: se cumplió con el proceso formal de votar, que es lo que pide la Democracia. Veremos cómo sigue todo esto. Hay cuatro años por delante. Y la Argentina tiene un sin fin de problemas de difícil solución.
Yo creo que hubo fraude; ese fraude sutil que pasa por la propaganda, por tener comprado a los medios de comunicación y a un montón de conciencias. Ya no te compran el voto; te compran mucho antes, cuando te nombran "K" de algo y te volvés un miserable Borocotó para cuidarte los garbanzos.
Así están las cosas.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
18.10.07
La muerte, impredecible
Hay un breve relato ilustrativo de Jean Cocteau. Dice que un vasallo se presenta, aterrorizado, ante su rey y le dice: "Acabo de ver a la Muerte y me hizo un gesto. Mejor huyo a Ispahán."
Por la tarde, el rey la encuentra a la Muerte y le dice: "hoy, a la mañana, mi vasallo huyó, aterrado, porque tú le hiciste un gesto amenazante". "No -responde la Muerte- mi gesto fue de sorpresa porque lo encontré aquí cuando, por la noche, debo tomarlo en Ispahán."
Estos rasgos son propios de la impredecible Muerte.
Rasputín era un monje loco que tenía cautivado al Zar y la Zarina. Un grupo de oficiales del ejército decidieron asesinarlo y lo invitaron con pasteles y vino al que le pusieron cianuro. Pero, como no pasaba nada, el Príncipe Féliz Yussupov le disparó y, luego, le pegó en la cabeza con un bastón relleno de plomo. Lo arrojaron al río Neva. Esto ocurrió en Petrogrado en 1916 y cuando le hicieron la autopsia a Rasputín, encontraron que éste había muerto !ahogado!
En 1911, un francés llamado Teichelt aseguraba haber inventado una capa murciélago; quería arrojarse desde la Torre Eiffel, pero los encargados de la Torre se lo prohibieron. Entonces, buscó permiso en la policía parisina, que se lo otorgó. Teichelt se arrojó desde la Torre y se estrelló contra el pavimento.
El doctor John Webster, profesor de la Universidad de Harvard, le debía dinero a su colega, el doctor George Purkham. Decidió, por lo tanto, asesinarlo, cortarlo en trozos y enterrarlo en un pozo. Pero un portero perspicaz descubrió el pozo y Webster fue ejecutado en la horca.
El escritor inglés Francis Bacon, contemporáneo de Shakespeare, murió de un resfriado. Comió un pollo que había rellenado, previamente, con hielo para conservarlo.
El escritor George Bernard Shaw murió a los 99 años luego de ponerse a hachar un árbol en su casa. El frío que tomó le hizo contraer pulmonía.
Cuando Horacio Quiroga fue internado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires para realizarse algunos estudios (Quiroga padecía de cáncer de próstata) se enteró que, en otro piso, tenían oculto a una persona que se asemejaba al hombre elefante. El escritor pidió compartir la habitación con aquel ser humano deforme. Esto le hizo ganar la veneración del pobre hombre. Dicen que, cuando Quiroga toma la decisión de quitarse la vida, este hombre le ayudó a conseguir el cianuro.
Como vemos, la impredecible Muerte siempre está al acecho y se rodea de circunstancias; a veces es previsible, otras excéntrica, a veces sorpresiva, otras apela a la complicidad del tiempo. Pero, siempre, es implacable.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones con premios nacionales e internacionales)
Por la tarde, el rey la encuentra a la Muerte y le dice: "hoy, a la mañana, mi vasallo huyó, aterrado, porque tú le hiciste un gesto amenazante". "No -responde la Muerte- mi gesto fue de sorpresa porque lo encontré aquí cuando, por la noche, debo tomarlo en Ispahán."
Estos rasgos son propios de la impredecible Muerte.
Rasputín era un monje loco que tenía cautivado al Zar y la Zarina. Un grupo de oficiales del ejército decidieron asesinarlo y lo invitaron con pasteles y vino al que le pusieron cianuro. Pero, como no pasaba nada, el Príncipe Féliz Yussupov le disparó y, luego, le pegó en la cabeza con un bastón relleno de plomo. Lo arrojaron al río Neva. Esto ocurrió en Petrogrado en 1916 y cuando le hicieron la autopsia a Rasputín, encontraron que éste había muerto !ahogado!
En 1911, un francés llamado Teichelt aseguraba haber inventado una capa murciélago; quería arrojarse desde la Torre Eiffel, pero los encargados de la Torre se lo prohibieron. Entonces, buscó permiso en la policía parisina, que se lo otorgó. Teichelt se arrojó desde la Torre y se estrelló contra el pavimento.
El doctor John Webster, profesor de la Universidad de Harvard, le debía dinero a su colega, el doctor George Purkham. Decidió, por lo tanto, asesinarlo, cortarlo en trozos y enterrarlo en un pozo. Pero un portero perspicaz descubrió el pozo y Webster fue ejecutado en la horca.
El escritor inglés Francis Bacon, contemporáneo de Shakespeare, murió de un resfriado. Comió un pollo que había rellenado, previamente, con hielo para conservarlo.
El escritor George Bernard Shaw murió a los 99 años luego de ponerse a hachar un árbol en su casa. El frío que tomó le hizo contraer pulmonía.
Cuando Horacio Quiroga fue internado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires para realizarse algunos estudios (Quiroga padecía de cáncer de próstata) se enteró que, en otro piso, tenían oculto a una persona que se asemejaba al hombre elefante. El escritor pidió compartir la habitación con aquel ser humano deforme. Esto le hizo ganar la veneración del pobre hombre. Dicen que, cuando Quiroga toma la decisión de quitarse la vida, este hombre le ayudó a conseguir el cianuro.
Como vemos, la impredecible Muerte siempre está al acecho y se rodea de circunstancias; a veces es previsible, otras excéntrica, a veces sorpresiva, otras apela a la complicidad del tiempo. Pero, siempre, es implacable.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones con premios nacionales e internacionales)
3.10.07
Estoy preocupado
Estoy lleno de preocupaciones; la más importante, desde luego, es por el rumbo que tendrá, en un futuro cercano, mi país. Hay voces muy sombrías que hablan de una debacle muy grande, sobre todo después de las elecciones.
A mí no me sorprende porque la Argentina siempre ha barrido la basura debajo de la alfombra hasta que un día aparece la realidad y hace una limpieza general.
Con respecto a mi preocupación personal, estoy embarcado en un Festival de Teatro y Tango con fines benéficos en el Teatro "Roma". Y tengo miedo que a último momento pase algún imprevisto, de esos que te dejan -como decía Discépolo- "de cúbito dorsal".
Esta duda se despejará en la noche del 16 de octubre.
Pero, al día siguiente, tendré que ir a una grabación de TV del programa de Tango de Nolo Correa. Y Nolo me transfirió la coordinación del programa adonde deben concurrir los poetas Héctor Negro, Alejandro Szwarcman, Raimundo Rosales y yo, amén de Reynaldo Martín y otros artistas. ¿Saldrá bien? !Esperemos que sí!
Y, luego, el 31 de octubre el acto del reconocimiento en el salón dorado de la Legislatura. Hay que llenar ese salón que es inmenso y debo extremar los recursos para que mis amigos y colegas vengan al acto. ¿Deberé sobornarlos? ¿Prometerles buen morfi y buen chupi? ¿Darles algún estipendio como hacen los políticos para tener convocatoria? ¿Decirles que Nicole Neuman se desnudará? Y a las mujeres !que vendrá Pablo Echarri! !Algo se me tiene que ocurrir!
Esto de preocuparse no es común en estos tiempos, lo que me demuestra cuán dinosaurio soy. Un exceso de responsabilidad que me viene desde chiquito, siempre me hizo ser un salame. Una vez, cuando tenía 15 años y no conocía la Capital Federal, me dieron una carta para llevar y caminé como veinte cuadras bajo una lluvia torrencial. No tenía ni una moneda para entrar en un bar. Cumplí como el mejor correo del Zar y cuando volví a la oficina, estaba hecho sopa. El jefe no lo podía creer.
Otra vez me rompí el codo en medio de la traducción de un libro para Atlántida. Era la época donde no había computadora y todo se tipeaba. Me tipee más de medio libro con una sola mano, para cumplir con los tiempos.
Soy como ese personaje de Horacio Quiroga que se tomó en serio lo que le dijo el funcionario que venía de la Capital. Trabajó día y noche para poner en regla los libros del Registro Civil, que estaban atrasados. Y cuando llegó, casi vencido el plazo que le había otorgado el funcionario para cumplir, luego de mil peripecias y mojado (como yo) hasta la médula, el tipo no lo podía creer. Se lo había dicho por decir.
La Argentina está llena de ejemplos de tipos obsesivos (como yo) de la responsabilidad y una bocha de tipos desaprensivos, que no les importa nada hacer macanas o no cumplir.
Creo que el país se sustenta por los responsables; los otros, son garrapatas a los que habría que enviar a vivir al país de la permanente sanata.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
A mí no me sorprende porque la Argentina siempre ha barrido la basura debajo de la alfombra hasta que un día aparece la realidad y hace una limpieza general.
Con respecto a mi preocupación personal, estoy embarcado en un Festival de Teatro y Tango con fines benéficos en el Teatro "Roma". Y tengo miedo que a último momento pase algún imprevisto, de esos que te dejan -como decía Discépolo- "de cúbito dorsal".
Esta duda se despejará en la noche del 16 de octubre.
Pero, al día siguiente, tendré que ir a una grabación de TV del programa de Tango de Nolo Correa. Y Nolo me transfirió la coordinación del programa adonde deben concurrir los poetas Héctor Negro, Alejandro Szwarcman, Raimundo Rosales y yo, amén de Reynaldo Martín y otros artistas. ¿Saldrá bien? !Esperemos que sí!
Y, luego, el 31 de octubre el acto del reconocimiento en el salón dorado de la Legislatura. Hay que llenar ese salón que es inmenso y debo extremar los recursos para que mis amigos y colegas vengan al acto. ¿Deberé sobornarlos? ¿Prometerles buen morfi y buen chupi? ¿Darles algún estipendio como hacen los políticos para tener convocatoria? ¿Decirles que Nicole Neuman se desnudará? Y a las mujeres !que vendrá Pablo Echarri! !Algo se me tiene que ocurrir!
Esto de preocuparse no es común en estos tiempos, lo que me demuestra cuán dinosaurio soy. Un exceso de responsabilidad que me viene desde chiquito, siempre me hizo ser un salame. Una vez, cuando tenía 15 años y no conocía la Capital Federal, me dieron una carta para llevar y caminé como veinte cuadras bajo una lluvia torrencial. No tenía ni una moneda para entrar en un bar. Cumplí como el mejor correo del Zar y cuando volví a la oficina, estaba hecho sopa. El jefe no lo podía creer.
Otra vez me rompí el codo en medio de la traducción de un libro para Atlántida. Era la época donde no había computadora y todo se tipeaba. Me tipee más de medio libro con una sola mano, para cumplir con los tiempos.
Soy como ese personaje de Horacio Quiroga que se tomó en serio lo que le dijo el funcionario que venía de la Capital. Trabajó día y noche para poner en regla los libros del Registro Civil, que estaban atrasados. Y cuando llegó, casi vencido el plazo que le había otorgado el funcionario para cumplir, luego de mil peripecias y mojado (como yo) hasta la médula, el tipo no lo podía creer. Se lo había dicho por decir.
La Argentina está llena de ejemplos de tipos obsesivos (como yo) de la responsabilidad y una bocha de tipos desaprensivos, que no les importa nada hacer macanas o no cumplir.
Creo que el país se sustenta por los responsables; los otros, son garrapatas a los que habría que enviar a vivir al país de la permanente sanata.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
21.9.07
Los Ninguneos
En todas las épocas, se cocieron habas. Siempre recuerdo esa anécdota de Baudelaire pidiéndole, por favor, a su editor que le enviara !25 ejemplares de "Las Flores del Mal"! y aquella otra donde fue a dar una conferencia y había !una sola persona entre el público!
Siempre recuerdo, también, cómo Melville se murió con la amargura de que sus críticos le destrozaron !nada menos que "Moby Dick"! Tuvieron que pasar 30 años para que Melville fuera considerado el mejor escritor de su generación.
También rememoro al pobre Franz Kafka, siempre con perfil bajo, siempre ganándose la vida en míseros y oscuros empleos, muriéndose joven y dejándole a su amigo albacea la instrucción de que quemara todos sus escritos; felizmente, éste no cumplió su promesa y, ahora, podemos disfrutar de los textos de este extraordinario escritor.
!Y qué me dicen del portugués Fernando Pessoa! Oficinista, viviendo en una piecita arriba de un local. Solitario. Carente de afectos. Casi anónimo. Escribiendo escudado en un sin fin de seudónimos. Juntando reflexiones en papelitos que dejaba adentro de un baúl. Esos papelitos o muchos de esos papelitos son, ahora, "El libro del desasosiego", una pieza admirable de este gran poeta lusitano.
!Y Roberto Arlt! Trabajando en la librería de Palumbo, viviendo de las crónicas policiales en "Crítica", tipeando y tipeando en la máquina de escribir, muriéndose joven, del corazón, siempre añorando ser popular como Rocambole.
!Y mi amigo Marco Denevi! Encerrado en su casa, asqueado de la hipocresía de muchos, diciendo sus verdades que le acarreaban, luego, los ninguneos. Sin pelos en la lengua. Formidable escritor. Honesto, buena persona.
Son incontables los escritores que han padecido toda la presión de su ámbito, todas las canalladas de sus compatriotas. Sin embargo, el tiempo los puso en su justo lugar. Seguramente, aquellos que lo ninguneaban no han dejado ni una huella en el polvo. Se los tragó el olvido. Se pudrieron en la indiferencia.
La Literatura está llena de ejemplos de infamias, de injusticias. En verdad, todo el arte está plagado de estas miserias. Los mediocres siempre tiran del faldón de los talentosos, tratan de nivelar para abajo, intentan sacar del medio a aquél que es competencia.
Hoy en día, la Literatura está llena de fraude, de sinvergüenzas, de desfachatados. Gente que no sabe hacer ni los palotes, están encaramados, opinan, integran la "ronda catonga" de la tilinguería.
Ya sabemos que de todos estos no quedará nada, pero, mientras tanto, gozan de las mieles de la publicidad, se hacen autobombo, terminan creyéndose que son alguien.
"Vanidad de vanidades" diría don Antonio Machado.
Por eso, no debe asustar ni sorprender que las cosas estén patas para arriba, que cualquier imbécil hable de lo que se le cante, que haya un montón de obsecuentes aplaudiendo, como los monos, lo que tendría que ir al tacho de basuras.
Escribo esto con la íntima convicción que el futuro pondrá las cosas en su lugar. Como ha hecho siempre. Como corresponde.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Siempre recuerdo, también, cómo Melville se murió con la amargura de que sus críticos le destrozaron !nada menos que "Moby Dick"! Tuvieron que pasar 30 años para que Melville fuera considerado el mejor escritor de su generación.
También rememoro al pobre Franz Kafka, siempre con perfil bajo, siempre ganándose la vida en míseros y oscuros empleos, muriéndose joven y dejándole a su amigo albacea la instrucción de que quemara todos sus escritos; felizmente, éste no cumplió su promesa y, ahora, podemos disfrutar de los textos de este extraordinario escritor.
!Y qué me dicen del portugués Fernando Pessoa! Oficinista, viviendo en una piecita arriba de un local. Solitario. Carente de afectos. Casi anónimo. Escribiendo escudado en un sin fin de seudónimos. Juntando reflexiones en papelitos que dejaba adentro de un baúl. Esos papelitos o muchos de esos papelitos son, ahora, "El libro del desasosiego", una pieza admirable de este gran poeta lusitano.
!Y Roberto Arlt! Trabajando en la librería de Palumbo, viviendo de las crónicas policiales en "Crítica", tipeando y tipeando en la máquina de escribir, muriéndose joven, del corazón, siempre añorando ser popular como Rocambole.
!Y mi amigo Marco Denevi! Encerrado en su casa, asqueado de la hipocresía de muchos, diciendo sus verdades que le acarreaban, luego, los ninguneos. Sin pelos en la lengua. Formidable escritor. Honesto, buena persona.
Son incontables los escritores que han padecido toda la presión de su ámbito, todas las canalladas de sus compatriotas. Sin embargo, el tiempo los puso en su justo lugar. Seguramente, aquellos que lo ninguneaban no han dejado ni una huella en el polvo. Se los tragó el olvido. Se pudrieron en la indiferencia.
La Literatura está llena de ejemplos de infamias, de injusticias. En verdad, todo el arte está plagado de estas miserias. Los mediocres siempre tiran del faldón de los talentosos, tratan de nivelar para abajo, intentan sacar del medio a aquél que es competencia.
Hoy en día, la Literatura está llena de fraude, de sinvergüenzas, de desfachatados. Gente que no sabe hacer ni los palotes, están encaramados, opinan, integran la "ronda catonga" de la tilinguería.
Ya sabemos que de todos estos no quedará nada, pero, mientras tanto, gozan de las mieles de la publicidad, se hacen autobombo, terminan creyéndose que son alguien.
"Vanidad de vanidades" diría don Antonio Machado.
Por eso, no debe asustar ni sorprender que las cosas estén patas para arriba, que cualquier imbécil hable de lo que se le cante, que haya un montón de obsecuentes aplaudiendo, como los monos, lo que tendría que ir al tacho de basuras.
Escribo esto con la íntima convicción que el futuro pondrá las cosas en su lugar. Como ha hecho siempre. Como corresponde.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
9.9.07
Despacito, despacito...
El jueves 6 de setiembre, los legisladores de la ciudad autónoma de Buenos Aires, se reunieron en el recinto y decidieron, por unanimidad, reconocer como "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS." al conductor radial Alejandro Apo, al guitarrista y compositor Carlos Di Fulvio y, aunque no lo puedan creer, también A MI.
Ja, ja. Me río porque hace pocos días atrás, estaba yo insertado en una polémica bizantina a propósito de esa noteja de "Ñ" que dudaba de los poetas en el tango actual y todas esas tonteras.
De allí, el título de esta nota en mi Blog que tanto tiene que ver con esos cánticos populares de las hinchadas cuando ganamos el partido...
No sé si es merecida o no esta distinción; supongo que debe haber muchos colegas con merecimientos mejores o semejantes. Con trayectorias más importantes que la mía; pero lo único que se me ocurre decir es que todo lo he conseguido "por prepotencia de trabajo" -como decía nuestro querido Roberto Arlt.
Y si estos no son blasones ¿cuáles son los blasones? Trabajo desde los 15 años cuando ingresé como cadete en la Cámara Argentina de Comercio sin conocer la capital ni nada. La necesidad tiene esta "cara de hereje". Y no he parado hasta ahora. He conocido, como cualquiera, el éxito y el fracaso, esos dos "impostores" según Kipling. Y me fueron formando los libros que he leído, toda mi vida, casi compulsivamente.
Todos los años de mi vida, fueron al servicio de la Literatura. Y durante un tiempo muy grande, fui un hombre escindido: jefe de costos en una gran empresa y escritor y poeta por las noches. Hasta que la década del ´90 me sirvió para liberarme y entré a la redacción de un diario local en Avellaneda, del que era colaborador desde 1980. Las circunstancias de la vida me llevaron a ocupar el rol de subdirector hasta mi jubilación.
Ahora, para los lectores que no me conocen, sigo trabajando para el diario, sigo coordinando mi taller literario, doy ciclos literarios en la Municipalidad de Avellaneda, cobro el "Reconocimiento Autoral SADAIC" y con todos esos ingresos más mi jubilación, trato de vivir más o menos dignamente.
Estoy convencido (y no es pedantería) que no muchos saben lo que yo sé sobre Literatura. Y mis traducciones literarias del inglés han cubierto las obras de Shakespeare, Wilde y Blake, por citar tan sólo tres nombres importantes.
Y he editado en España y he recibido algunos premios nacionales e internacionales y no me avergüenzo de ninguno de ellos ni tengo que pedir permiso a nadie, porque NUNCA ME MANIJEE NINGUN PREMIO NI NUNCA LE CHUPE LAS MEDIAS A NADIE PARA QUE ME PREMIARAN.
Tengo, en la actualidad, doce libros de poemas publicados y uno de Crónicas periodísticas; también he escrito algunos tangos, baladas y milongas, he dado charlas en el país y en el exterior, he tenido la suerte de viajar un poco, recibí reconocimientos en Costa Rica, en España, en Italia.
Tradujeron mi poesía al ruso, al italiano. Tengo amigos de ley como Pedrito Gaeta, como Héctor Negro, como Tito Agosti, como Reynaldo Martín, como Alberto Basta, como Alberto Albornoz, como el doctor Jorge Trainini, como Jorge Borrás; amigas de ley como Nélida Puig,como Haydee Breslav, como Teresita Rivas, como Miryam Martínez, como Alejandra Pérsico, como Ana Beatriz Romasco, como Patricia Clavijo, como Azucena Bestel.
¿Qué más puedo pedirle a la vida?
Sólo una cosa: que nuestro país levante la puntería y vuelva a tener el nivel cultural de otrora, que desaparezcan de la faz de la tierra todos los imbéciles que atontan a nuestra juventud, que se deje de nivelar para abajo, que se acabe la demagogia barata que confunde "popular" con "populismo" y que todos podamos vivir dignamente, pero, eso sí, a través del trabajo y no de los planes sociales.
¿Será mucho pedir?
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Ja, ja. Me río porque hace pocos días atrás, estaba yo insertado en una polémica bizantina a propósito de esa noteja de "Ñ" que dudaba de los poetas en el tango actual y todas esas tonteras.
De allí, el título de esta nota en mi Blog que tanto tiene que ver con esos cánticos populares de las hinchadas cuando ganamos el partido...
No sé si es merecida o no esta distinción; supongo que debe haber muchos colegas con merecimientos mejores o semejantes. Con trayectorias más importantes que la mía; pero lo único que se me ocurre decir es que todo lo he conseguido "por prepotencia de trabajo" -como decía nuestro querido Roberto Arlt.
Y si estos no son blasones ¿cuáles son los blasones? Trabajo desde los 15 años cuando ingresé como cadete en la Cámara Argentina de Comercio sin conocer la capital ni nada. La necesidad tiene esta "cara de hereje". Y no he parado hasta ahora. He conocido, como cualquiera, el éxito y el fracaso, esos dos "impostores" según Kipling. Y me fueron formando los libros que he leído, toda mi vida, casi compulsivamente.
Todos los años de mi vida, fueron al servicio de la Literatura. Y durante un tiempo muy grande, fui un hombre escindido: jefe de costos en una gran empresa y escritor y poeta por las noches. Hasta que la década del ´90 me sirvió para liberarme y entré a la redacción de un diario local en Avellaneda, del que era colaborador desde 1980. Las circunstancias de la vida me llevaron a ocupar el rol de subdirector hasta mi jubilación.
Ahora, para los lectores que no me conocen, sigo trabajando para el diario, sigo coordinando mi taller literario, doy ciclos literarios en la Municipalidad de Avellaneda, cobro el "Reconocimiento Autoral SADAIC" y con todos esos ingresos más mi jubilación, trato de vivir más o menos dignamente.
Estoy convencido (y no es pedantería) que no muchos saben lo que yo sé sobre Literatura. Y mis traducciones literarias del inglés han cubierto las obras de Shakespeare, Wilde y Blake, por citar tan sólo tres nombres importantes.
Y he editado en España y he recibido algunos premios nacionales e internacionales y no me avergüenzo de ninguno de ellos ni tengo que pedir permiso a nadie, porque NUNCA ME MANIJEE NINGUN PREMIO NI NUNCA LE CHUPE LAS MEDIAS A NADIE PARA QUE ME PREMIARAN.
Tengo, en la actualidad, doce libros de poemas publicados y uno de Crónicas periodísticas; también he escrito algunos tangos, baladas y milongas, he dado charlas en el país y en el exterior, he tenido la suerte de viajar un poco, recibí reconocimientos en Costa Rica, en España, en Italia.
Tradujeron mi poesía al ruso, al italiano. Tengo amigos de ley como Pedrito Gaeta, como Héctor Negro, como Tito Agosti, como Reynaldo Martín, como Alberto Basta, como Alberto Albornoz, como el doctor Jorge Trainini, como Jorge Borrás; amigas de ley como Nélida Puig,como Haydee Breslav, como Teresita Rivas, como Miryam Martínez, como Alejandra Pérsico, como Ana Beatriz Romasco, como Patricia Clavijo, como Azucena Bestel.
¿Qué más puedo pedirle a la vida?
Sólo una cosa: que nuestro país levante la puntería y vuelva a tener el nivel cultural de otrora, que desaparezcan de la faz de la tierra todos los imbéciles que atontan a nuestra juventud, que se deje de nivelar para abajo, que se acabe la demagogia barata que confunde "popular" con "populismo" y que todos podamos vivir dignamente, pero, eso sí, a través del trabajo y no de los planes sociales.
¿Será mucho pedir?
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
3.9.07
A ver, a ver...
!Carajo! !Cuánta polvareda causó esa noteja publicada por la revista Ñ! !Y yo -tan enemigo de estas cosas- también contribuí a que se siguiera dando vuelta al tema!
!Pido perdón! No fue mi intención encontrarme en el eje de la discusión porque, mientras nosotros debatimos y decimos una cosa y la otra, los enemigos del tango se refriegan las manos y sonríen aviesamente. Su objetivo está logrado.
Pero trato de ser coherente conmigo. Tiempo atrás, en una carta abierta que le envié a Alejandro Szwarcman le decía cosas parecidas, a propósito de una nota que él había publicado titulada: "Tango fenicio".
No nos debemos dejar agredir por los que juegan para otros géneros musicales y hacen su negocio. Estos son los esbirros del sistema. Pero, tampoco, seamos ingenuos de no reconocer que el Tango afronta una crisis de calidad en todos los órdenes.
Hay muchachos que cantan y no están preparados para cantar. Hay músicos muy buenos, pero deberían estudiar melodía. Y hay algunos letristas que dan vergüenza ajena.
¿Está mal que me exprese así? Me caben las generales de la ley.
Entonces, sería importante que hubiese un sinceramiento entre nosotros y nos pongamos a corregir lo que hemos hecho mal.
Si bien es el tiempo el que se encargará de la elección de los temas que queden, nosotros tenemos la obligación de hacerlos lo mejor que podamos y ponernos a realizar los máximos esfuerzos para que la obra sea difundida.
En la situación que está el Tango, nadie se salva solo. Por el contrario: quedarán muchos valiosos artistas en el camino, ya sea porque los silenciaron, ya sea porque se cansaron de remar en un género que no les da pelota.
Los difusores radiales, con las excepciones del caso, gozan de una apabullante mediocridad; hay una mayoría que se ha dedicado a obviar lo contemporáneo para dedicarse al negocio del pasado. Entonces, han hecho del Tango un cadáver donde ellos, como vulgares gusanos, comen un trocito todos los días.
Con esto, quiero decir que hay culpas compartidas; que muchos de nosotros no hemos puesto el rigor creativo para jerarquizar el género. Que hemos dejado que todo caiga en una medianía cuando somos nosotros los encargados de ofrecer poesía y música a través de una bella canción interpretada por gente idónea.
A mí me grabó Roberto Goyeneche, hace más de 30 años. Sin embargo, ese tema que se titula: "Homero al sur" parece que fuera nuevo y los intérpretes, recién hoy, lo descubren y me piden la partitura para cantarlo. !Más de 30 años!
Quiere decir esto que el Tango anda más lento que la justicia argentina.
No se me ocurre decir más. Pido disculpas si alguno de mis colegas se sintió tocado por alguna opinión que manifesté. Con otros (caso Pierro) no tengo que disculparme porque él sabe que, jamás, mis dardos podrán ir contra su obra, a la que respeto y celebro, amén de tributarnos afectos mutuos.
Es un tema delicado éste del Tango y nos ha caído, justo a nosotros, esta mochila de plomo. Por lo tanto, sólo nos resta seguir escribiendo y haciéndolo mejor cada día (siempre es posible mejorar)y hacer los esfuerzos para que las obras se difundan.
Pero, insisto: esto no se consigue en forma individual; sólo una fuerza colectiva de letristas, músicos e intérpretes alcanzará a ser oída.
Lo demás, es cartón pintado.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
!Pido perdón! No fue mi intención encontrarme en el eje de la discusión porque, mientras nosotros debatimos y decimos una cosa y la otra, los enemigos del tango se refriegan las manos y sonríen aviesamente. Su objetivo está logrado.
Pero trato de ser coherente conmigo. Tiempo atrás, en una carta abierta que le envié a Alejandro Szwarcman le decía cosas parecidas, a propósito de una nota que él había publicado titulada: "Tango fenicio".
No nos debemos dejar agredir por los que juegan para otros géneros musicales y hacen su negocio. Estos son los esbirros del sistema. Pero, tampoco, seamos ingenuos de no reconocer que el Tango afronta una crisis de calidad en todos los órdenes.
Hay muchachos que cantan y no están preparados para cantar. Hay músicos muy buenos, pero deberían estudiar melodía. Y hay algunos letristas que dan vergüenza ajena.
¿Está mal que me exprese así? Me caben las generales de la ley.
Entonces, sería importante que hubiese un sinceramiento entre nosotros y nos pongamos a corregir lo que hemos hecho mal.
Si bien es el tiempo el que se encargará de la elección de los temas que queden, nosotros tenemos la obligación de hacerlos lo mejor que podamos y ponernos a realizar los máximos esfuerzos para que la obra sea difundida.
En la situación que está el Tango, nadie se salva solo. Por el contrario: quedarán muchos valiosos artistas en el camino, ya sea porque los silenciaron, ya sea porque se cansaron de remar en un género que no les da pelota.
Los difusores radiales, con las excepciones del caso, gozan de una apabullante mediocridad; hay una mayoría que se ha dedicado a obviar lo contemporáneo para dedicarse al negocio del pasado. Entonces, han hecho del Tango un cadáver donde ellos, como vulgares gusanos, comen un trocito todos los días.
Con esto, quiero decir que hay culpas compartidas; que muchos de nosotros no hemos puesto el rigor creativo para jerarquizar el género. Que hemos dejado que todo caiga en una medianía cuando somos nosotros los encargados de ofrecer poesía y música a través de una bella canción interpretada por gente idónea.
A mí me grabó Roberto Goyeneche, hace más de 30 años. Sin embargo, ese tema que se titula: "Homero al sur" parece que fuera nuevo y los intérpretes, recién hoy, lo descubren y me piden la partitura para cantarlo. !Más de 30 años!
Quiere decir esto que el Tango anda más lento que la justicia argentina.
No se me ocurre decir más. Pido disculpas si alguno de mis colegas se sintió tocado por alguna opinión que manifesté. Con otros (caso Pierro) no tengo que disculparme porque él sabe que, jamás, mis dardos podrán ir contra su obra, a la que respeto y celebro, amén de tributarnos afectos mutuos.
Es un tema delicado éste del Tango y nos ha caído, justo a nosotros, esta mochila de plomo. Por lo tanto, sólo nos resta seguir escribiendo y haciéndolo mejor cada día (siempre es posible mejorar)y hacer los esfuerzos para que las obras se difundan.
Pero, insisto: esto no se consigue en forma individual; sólo una fuerza colectiva de letristas, músicos e intérpretes alcanzará a ser oída.
Lo demás, es cartón pintado.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
26.8.07
!Qué le vamos a hacer!
Anda alborotado el mundillo del tango porque una noteja que publicó esa revista "Ñ" (emporio de la tilinguería y la soberbia intelectualosa) le dio con un caño a los letristas, alegando que no hay poetas en el género y que el tango se terminó, a ver, con Horacio Ferrer, creo...
Y...bueno. Es una opinión. Seguramente el autor de esa tontera es un don nadie que, además, no se toma ningún trabajo en averiguar, en investigar, en discernir.
¿Qué sentido tiene comparar si hay poetas de la talla de Homero Expósito, Catulo Castillo u Homero Manzi? ¿Hay, acaso, cantantes superiores a Gardel? ¿Y músicos mejores que De Caro? No seamos imbéciles. Cada época ha dado sus protagonistas y es el tiempo el que tendrá que seleccionar la paja del trigo, lo que es bueno de lo que es hojarasca.
Es imposible pedirle excelencias al Tango cuando no tiene difusión, cuando hay una sarta de descerebrados que siguen cantando el tango de la década del 30, cuando no lo graban, cuando lo marginan, cuando nos hemos dejado invadir por expresiones que no son nuestras.
El arte, en el mundo, ha entrado en decadencia porque la sociedad capitalista está en decadencia. Los valores están trastocados y todo se parece al "cambalache" de Discepolín.
A mí no me molesta lo que diga un tontuelo (tal vez, un pasante del "gran diario argentino"); sí me molesta que tipos supuestamente tangueros digan que los poetas de Bs.As. sean !Spinetta y Gieco! cuando, sabemos, que Spinetta vive de aquella imagen de "muchacha, ojos de papel" y Gieco no se sabe si es un baladista, rockero, folklorista o qué se yo, de tan ubicuo que es. Eso, sí: cantará en cuanto recital oficialista se haga por allí.
Claro. Hay muchos letristas de tango (de dudosa calidad) que "sangran por la herida". Y lo único que se les ocurre es enviar indignadas misivas al "gran diario argentino" exponiendo su curriculum, su obra, etc. Este divismo es, por supuesto, contraproducente. Una vez, yo cometí ese error. Raúl Gustavo Aguirre había publicado una Antología Poética donde, creo, hasta estaban los palotes de sus hijos y yo, como le pasó a aquel Enoch Soames del cuento de Max Beerbohm, no figuraba. Me dio tanta bronca que le mandé una carta llena de soberbia y transcribía mi curriculum y mis libros, qué se yo...
Nunca recibí respuesta; poco tiempo después, Aguirre se infartó y se murió. ¿Habrá sido por la conmoción que le produjo mi misiva?
Un creador debe hacer su obra y no entrar en esta "ronda catonga" de pequeñas miserias, de veleidades al cuete. Estoy curtido que me "ninguneen". Estoy curtido (y hasta podrido) que me digan, en la intimidad, que soy más grande que Borges y, luego, cuando lo tienen que hacer en una nota de tirada masiva, te omiten.
Esta estrategia la conozco como conozco la estrategia de todos estos esbirros que juegan para el rock y para otras músicas donde los mercaderes sacan pingües ganancias. Es cierto. El Tango-Canción, tal como está, no jode a nadie. Hay muy pocos buenos melodistas (creo que Reynaldo Martín y Saúl Cosentino están entre los mejores)y hay un montón de caraduras que entran por la ventana; una multitud de oportunistas que están, siempre, medrando. Y hay, eso sí, un montón de muchachos jóvenes que escriben Tango sin ningún aliciente, sin ninguna difusión. ¿Por qué? Porque hay un montón de jóvenes intérpretes que siguen cantando "Malena" o "La última curda" sin darse cuenta que esos hermosos tangos ya lo cantaron Fiorentino, Goyeneche o Rivero...
Hay tontera, hermano.
Pero, más allá de los errores y lunares del Tango, esa revista de mierda no tiene ningún derecho de desprestigiar a nuestra música. ¿Por qué no hablan de esa pésima poesía que hay en el rock? ¿Por qué no hablan del mal gusto de la cumbia villera? No lo hacen porque son demagogos de cuarta y porque, además, no quieren joder un negocio brillante.
El Tango, pobrecito, se banca todo. Es la Cenicienta del cuento. Un cuento escrito por estos sinvergüenzas con la complicidad de algunos "tangueros" que ya creen les ha caído encima el bronce de la estatua.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Y...bueno. Es una opinión. Seguramente el autor de esa tontera es un don nadie que, además, no se toma ningún trabajo en averiguar, en investigar, en discernir.
¿Qué sentido tiene comparar si hay poetas de la talla de Homero Expósito, Catulo Castillo u Homero Manzi? ¿Hay, acaso, cantantes superiores a Gardel? ¿Y músicos mejores que De Caro? No seamos imbéciles. Cada época ha dado sus protagonistas y es el tiempo el que tendrá que seleccionar la paja del trigo, lo que es bueno de lo que es hojarasca.
Es imposible pedirle excelencias al Tango cuando no tiene difusión, cuando hay una sarta de descerebrados que siguen cantando el tango de la década del 30, cuando no lo graban, cuando lo marginan, cuando nos hemos dejado invadir por expresiones que no son nuestras.
El arte, en el mundo, ha entrado en decadencia porque la sociedad capitalista está en decadencia. Los valores están trastocados y todo se parece al "cambalache" de Discepolín.
A mí no me molesta lo que diga un tontuelo (tal vez, un pasante del "gran diario argentino"); sí me molesta que tipos supuestamente tangueros digan que los poetas de Bs.As. sean !Spinetta y Gieco! cuando, sabemos, que Spinetta vive de aquella imagen de "muchacha, ojos de papel" y Gieco no se sabe si es un baladista, rockero, folklorista o qué se yo, de tan ubicuo que es. Eso, sí: cantará en cuanto recital oficialista se haga por allí.
Claro. Hay muchos letristas de tango (de dudosa calidad) que "sangran por la herida". Y lo único que se les ocurre es enviar indignadas misivas al "gran diario argentino" exponiendo su curriculum, su obra, etc. Este divismo es, por supuesto, contraproducente. Una vez, yo cometí ese error. Raúl Gustavo Aguirre había publicado una Antología Poética donde, creo, hasta estaban los palotes de sus hijos y yo, como le pasó a aquel Enoch Soames del cuento de Max Beerbohm, no figuraba. Me dio tanta bronca que le mandé una carta llena de soberbia y transcribía mi curriculum y mis libros, qué se yo...
Nunca recibí respuesta; poco tiempo después, Aguirre se infartó y se murió. ¿Habrá sido por la conmoción que le produjo mi misiva?
Un creador debe hacer su obra y no entrar en esta "ronda catonga" de pequeñas miserias, de veleidades al cuete. Estoy curtido que me "ninguneen". Estoy curtido (y hasta podrido) que me digan, en la intimidad, que soy más grande que Borges y, luego, cuando lo tienen que hacer en una nota de tirada masiva, te omiten.
Esta estrategia la conozco como conozco la estrategia de todos estos esbirros que juegan para el rock y para otras músicas donde los mercaderes sacan pingües ganancias. Es cierto. El Tango-Canción, tal como está, no jode a nadie. Hay muy pocos buenos melodistas (creo que Reynaldo Martín y Saúl Cosentino están entre los mejores)y hay un montón de caraduras que entran por la ventana; una multitud de oportunistas que están, siempre, medrando. Y hay, eso sí, un montón de muchachos jóvenes que escriben Tango sin ningún aliciente, sin ninguna difusión. ¿Por qué? Porque hay un montón de jóvenes intérpretes que siguen cantando "Malena" o "La última curda" sin darse cuenta que esos hermosos tangos ya lo cantaron Fiorentino, Goyeneche o Rivero...
Hay tontera, hermano.
Pero, más allá de los errores y lunares del Tango, esa revista de mierda no tiene ningún derecho de desprestigiar a nuestra música. ¿Por qué no hablan de esa pésima poesía que hay en el rock? ¿Por qué no hablan del mal gusto de la cumbia villera? No lo hacen porque son demagogos de cuarta y porque, además, no quieren joder un negocio brillante.
El Tango, pobrecito, se banca todo. Es la Cenicienta del cuento. Un cuento escrito por estos sinvergüenzas con la complicidad de algunos "tangueros" que ya creen les ha caído encima el bronce de la estatua.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
15.8.07
El solitario de San Ignacio
Me encargaron un libro sobre Horacio Quiroga. Deberé seleccionar sus cuentos y escribir una nota extensa, introductoria del volumen. Por lo tanto,ya me sumergí en ese mundo inhóspito, solitario (casi huraño) de este excelente cuentista.
Horacio Quiroga encontró su lugar en el mundo cuando se retiró a esa vida alejada de la civilización, a orillas del Paraná, a unos cinco kilómetros de San Ignacio.
La selva lo rodeaba, lo rodeaban las alimañas, el río, los mosquitos, el calor y el silencio. ¿Estaba a gusto en ese lugar? ¿Realmente le agradaba permanecer tan alejado de la ciudad, de sus amigos de Buenos Aires, de las tertulias literarias?
"El corazón humano es tan insondable como el mar" -decía Lautreamont y, por lo tanto, es difícil saber qué pasó por la cabeza de ese hombre que era Profesor en el Colegio Nacional para irse a enterrar en el monte misionero.
Lo que es indudable es que escribió sus mejores textos en esa lejanía. Sus cuentos, técnicamente perfectos, tienen un conocimiento acabado de la naturaleza que describe. Sus climas tienen grandes influencias de sus escritores admirados: lo sombrío de Poe, lo fantasmagórico de Kipling, la brevedad de Maupassant, la entereza moral de Conrad. Allí están sus padres literarios. Y Quiroga reconocía (lo dice en su Decálogo del Perfecto Cuentista) estas influencias, de escritores a los que admiraba.
Pero nada invalida sus excelencias de escritor. Esos libros que escribió en soledad, son de lo mejor y a ellos les debe su trascendencia. A Horacio Quiroga se lo lee porque interesa su lectura, porque son atrapantes sus historias y porque demuestra, en cada línea, esa férrea lucha del hombre contra las fuerzas de la Naturaleza y contra sus propios fantasmas.
La vida de Quiroga fue trágica. Provenía de una familia de suicidas y su esposa terminó suicidándose. Años después, atacado de una enfermedad terminal, él también se suicida en el Hospital de Clínicas. Se envenena con cianuro.
También su hijo Adrián seguiría el camino trágico de su padre.
Se están por cumplir 70 años de su trágica muerte y sus libros siguen ocupando las mesas de librerías, se ofrecen como lectura a los jóvenes estudiantes y, siempre, es un gozo descubrirlo y releerlo.
Por lo tanto, se que mi tarea será placentera porque hablaré sobre un escritor al que quiero y porque encontrarme, otra vez, con sus cuentos, es una aventura que no se puede dejar de correr.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Horacio Quiroga encontró su lugar en el mundo cuando se retiró a esa vida alejada de la civilización, a orillas del Paraná, a unos cinco kilómetros de San Ignacio.
La selva lo rodeaba, lo rodeaban las alimañas, el río, los mosquitos, el calor y el silencio. ¿Estaba a gusto en ese lugar? ¿Realmente le agradaba permanecer tan alejado de la ciudad, de sus amigos de Buenos Aires, de las tertulias literarias?
"El corazón humano es tan insondable como el mar" -decía Lautreamont y, por lo tanto, es difícil saber qué pasó por la cabeza de ese hombre que era Profesor en el Colegio Nacional para irse a enterrar en el monte misionero.
Lo que es indudable es que escribió sus mejores textos en esa lejanía. Sus cuentos, técnicamente perfectos, tienen un conocimiento acabado de la naturaleza que describe. Sus climas tienen grandes influencias de sus escritores admirados: lo sombrío de Poe, lo fantasmagórico de Kipling, la brevedad de Maupassant, la entereza moral de Conrad. Allí están sus padres literarios. Y Quiroga reconocía (lo dice en su Decálogo del Perfecto Cuentista) estas influencias, de escritores a los que admiraba.
Pero nada invalida sus excelencias de escritor. Esos libros que escribió en soledad, son de lo mejor y a ellos les debe su trascendencia. A Horacio Quiroga se lo lee porque interesa su lectura, porque son atrapantes sus historias y porque demuestra, en cada línea, esa férrea lucha del hombre contra las fuerzas de la Naturaleza y contra sus propios fantasmas.
La vida de Quiroga fue trágica. Provenía de una familia de suicidas y su esposa terminó suicidándose. Años después, atacado de una enfermedad terminal, él también se suicida en el Hospital de Clínicas. Se envenena con cianuro.
También su hijo Adrián seguiría el camino trágico de su padre.
Se están por cumplir 70 años de su trágica muerte y sus libros siguen ocupando las mesas de librerías, se ofrecen como lectura a los jóvenes estudiantes y, siempre, es un gozo descubrirlo y releerlo.
Por lo tanto, se que mi tarea será placentera porque hablaré sobre un escritor al que quiero y porque encontrarme, otra vez, con sus cuentos, es una aventura que no se puede dejar de correr.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
5.8.07
la mula en el pozo
Hay un cuentito que anda dando vueltas por allí (¿vieron que se han puesto de moda las historias ingeniosas con mensajes aleccionadores?)que dice lo siguiente: una mula se cayó en un pozo y era imposible sacarla. Entonces, el dueño de la mula fue a buscar a sus amigos y compañeros para que lo ayudaran a enterrarla.
Entre todos, comenzaron a arrojar paladas de tierra al pozo y, oh, sorpresa, en algún momento vieron emerger la cabeza de la mula que, por el simple expediente de sacarse la tierra que le caía encima, consiguió hacer crecer la plataforma de tierra que le sirvió para salir del pozo.
Es lindo el cuentito. Y se pueden sacar más de una moraleja. Una de ellas es que, por más tierra que te echen encima, debés sacudirtela y sacar la cabeza del pozo. Otro mensaje sería que, entre todos, consiguieron un método que sirvió para remediar el problema. Y otro, sería que la mula es un animal inteligente, más inteligente que el hombre...
Sea cual fuere el mensaje, es cierto que la unión hace la fuerza y que lo que no puede conseguir uno, lo consigue, de pronto, el conjunto. Y también que la maledicencia es una vieja garrapata que los humanos llevamos prendida al corazón, desde siempre. Por lo tanto: no se le debe dar importancia a las piedras que nos ponen en el camino o a la tierra que (como en el caso de la mula en el pozo) le arrojaban encima.
También el mensaje podría tener que ver con que esa gente dio por muerta a la mula antes que ésta se muriera; decidieron enterrarla viva !qué bárbaros! Igualito a lo que pasó en un sanatorio de Quilmes donde dieron por muerto a un pobre hombre que aún respiraba.
Es interesante contemplar, a veces, el alma humana que se desviste y sale a pasear y, entonces, podemos reconocerla como tal; con todas sus imperfecciones, sus arrugas, sus cicatrices, sus verrugas, sus heridas. El alma humana, tan insondable como el mar, convertida, siempre, en un campo de batalla donde confrontan permanentemente, dos ejércitos, los dos invasores, los dos impostores, los dos con apetitos salvajes.
Y otras veces no es necesario decretar la extremaunción. Estamos muertos en vida. Hemos perdido sensibilidad, hemos perdido capacidad de amar al otro. Hemos perdido la sustancia existencial.
Hagamos lo de la mula; seamos sobrevivientes. Y aunque nos persigan a piedrazos o a golpes de tierra, saquemos la cabeza y vivamos...!VIVAMOS!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Entre todos, comenzaron a arrojar paladas de tierra al pozo y, oh, sorpresa, en algún momento vieron emerger la cabeza de la mula que, por el simple expediente de sacarse la tierra que le caía encima, consiguió hacer crecer la plataforma de tierra que le sirvió para salir del pozo.
Es lindo el cuentito. Y se pueden sacar más de una moraleja. Una de ellas es que, por más tierra que te echen encima, debés sacudirtela y sacar la cabeza del pozo. Otro mensaje sería que, entre todos, consiguieron un método que sirvió para remediar el problema. Y otro, sería que la mula es un animal inteligente, más inteligente que el hombre...
Sea cual fuere el mensaje, es cierto que la unión hace la fuerza y que lo que no puede conseguir uno, lo consigue, de pronto, el conjunto. Y también que la maledicencia es una vieja garrapata que los humanos llevamos prendida al corazón, desde siempre. Por lo tanto: no se le debe dar importancia a las piedras que nos ponen en el camino o a la tierra que (como en el caso de la mula en el pozo) le arrojaban encima.
También el mensaje podría tener que ver con que esa gente dio por muerta a la mula antes que ésta se muriera; decidieron enterrarla viva !qué bárbaros! Igualito a lo que pasó en un sanatorio de Quilmes donde dieron por muerto a un pobre hombre que aún respiraba.
Es interesante contemplar, a veces, el alma humana que se desviste y sale a pasear y, entonces, podemos reconocerla como tal; con todas sus imperfecciones, sus arrugas, sus cicatrices, sus verrugas, sus heridas. El alma humana, tan insondable como el mar, convertida, siempre, en un campo de batalla donde confrontan permanentemente, dos ejércitos, los dos invasores, los dos impostores, los dos con apetitos salvajes.
Y otras veces no es necesario decretar la extremaunción. Estamos muertos en vida. Hemos perdido sensibilidad, hemos perdido capacidad de amar al otro. Hemos perdido la sustancia existencial.
Hagamos lo de la mula; seamos sobrevivientes. Y aunque nos persigan a piedrazos o a golpes de tierra, saquemos la cabeza y vivamos...!VIVAMOS!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
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