Tuve un amigo muy apreciado allá por la década del 70/80 del siglo pasado. Se llamaba Ismael Colombo y era el hijo del célebre imprentero y editor don Francisco Colombo, aquel que había publicado la primera edición de "Don Segundo Sombra".
La familia Colombo era oriunda de San Antonio de Areco, el pueblo de Ricardo Güiraldes y las dos familias eran muy amigas.
Siempre me interesó la literatura de Güiraldes; tanto es así que, en el año 1977, viajé a España para dar, en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad Universitaria de Madrid, charlas sobre Roberto Arlt y el autor de "El Cencerro de Cristal".
Conocí a Ismael en la recordada librería que poseía el actor Iván Grondona en la calle Montevideo de la Capital Federal. Y como él era tan versado en Güiraldes (además, lo había conocido siendo muchacho) empezamos a tener una buena amistad y a trabajar conjuntamente en un texto donde Ismael (con su prosa poética excelente) iba desgranando aspectos biográficos de don Ricardo y yo realizaba el análisis literario de esa pieza magistral que es "Don Segundo Sombra".
Publicamos una serie de notas en el diario "La Ciudad" de Avellaneda, pero la muerte del querido amigo impidió que siguiéramos trabajando para convertir en libro aquella tarea conjunta.
He realizado múltiples trabajos sobre Güiraldes desde publicaciones a notas pasando por un espectáculo que se estrenó en el Teatro de Luz y Fuerza y combinó guitarra a cargo de Carlos Martínez (el mejor intérprete de la música de Abel Fleury que existe en la actualidad) la voz de mi amiga la actriz Dora Mils, mi texto y la coordinación de Alberto Albornoz.
Ismael Colombo, al estar dentro de mi recuerdo y de mi corazón, seguramente participó, también, de este homenaje al gran escritor.
Pero, ahora viene la sorpresa.Acabo de recibir un mail de María Laura Colombo, nieta de Ismael, que reside en Capilla del Señor y que halló, de casualidad, viajando por Internet, una nota mía publicada en el diario "La Ciudad" en el 2006 donde recordaba al amigo. Y me escribió porque esta muchacha anda rastreando sus raíces y a su abuelo Ismael no tuvo oportunidad de conocerle.
De inmediato, le contesté, le di algunos datos sobre su abuelo, le dije la verdad: que era un hombre bueno, de un profundo humanismo y que tenía una prosa excelente.
Quedamos en contacto; ella me agradeció mis datos y, seguramente, a la brevedad nos veremos personalmente.
Esta es la importancia de este fabuloso invento que se llama Internet en donde uno, además de encontrar todos los datos que se le ocurra, puede encontrar personas y establecer nuevas amistades.
Me pareció tan fantástico esto, que quise transmitirlo y compartirlo con mis buenos amigos, los lectores.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
20.4.07
16.4.07
Poetas del Tango
Tuve que viajar a Mar del Plata para dar una charla en el Hotel de Luz y Fuerza. Este acto estaba dentro de unas Jornadas que realizó la Federación en donde se reunieron más de 1000 personas compitiendo entre sí en la faz deportiva y cultural.
Hubo Maratón, Triatlón, Ajedrez, Ciclismo, Fútbol, exposiciones de pintura y escultura y reconocimientos a los ganadores.
En este marco, mi charla versó sobre los poetas del Tango y tuve una razonable convocatoria de gente muy respetuosa que escuchó, en silencio, mis palabras.
El Tango-Canción que se inició con "Mi noche triste" de Pascual Contursi, dio poetas de real envergadura. En ese recorrido rápido que hice, no faltó Celedonio Flores, el autor de "Mano a Mano", boxeador, frecuentador de la Cortada Carabelas, el que escribió en "Corrientes y Esmeralda": "en tu esquina criolla cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel". Y después pasé a Enrique Cadícamo con su Modernismo a cuestas y a Enrique Santos Discépolo con su "Cambalache" donde nombra a personajes que estaban vigentes en su época, como aquel Staviski, estafador polaco que había hecho saltar dos veces la banca en el Casino de Montecarlo y se suicidó en la cárcel de Bayona. Autor de "Tormenta" uno de los grandes tangos y uno de los grandes temas de la literatura universal: el poeta cuestionando a Dios.
También, en esa cabalgata, pasé por José María Contursi, autor de "Gricel", de "Como dos extraños" (estos dos tangos tienen historias reales) y "Tabaco" (!qué versión la de doña Libertad Lamarque!); Contursi, poeta lírico por excelencia fue locutor de radio e hijo del reconocido Pascual Contursi, el de "Mi noche triste" y "La mina del Ford".
Después me interné en la década del 40 con Cátulo Castillo, a quien el padre José González Castillo (muy anarquista él) había querido ponerle, por nombre, "Descanso dominical". Al final, llevó los nombres de dos poeta latinos: Catulo y Ovidio.
Cátulo escribió: "Tinta roja", "La última curda", "Una canción", "Farol" (formidable versión del negro Rubén Juárez) y otros de similar importancia.
Homero Manzi fue otro de los poetas que toqué. Dueño de la ternura, de la evocación. "Sur" es uno de sus grandes temas junto a "El último organito", "Barrio de tango" y "Malena".
Y después le tocó el turno a Homero Expósito, mi amigo, señor de las imágenes surrealistas, de vanguardia. "Tu forma de partir me dio la sensación de un arco de violín clavado en un gorrión" o "trenzas del color del mate amargo" o "ya da la noche a la cancel su piel de ojera". Son incontables los hallazgos de este poeta que tuve la fortuna de conocer personalmente y mantener una relación de cordialidad y amistad.
Cerré (porque entre las palabras y algunas ilustraciones de temas) se iba extendiendo demasiado la charla con mi coterránea, la avellanedense Eladia Blazquez y su "Corazón mirando al sur", una pieza de innegable belleza. La cantaron, a dúo, María Graña y la propia Eladia en una hermosa versión.
La gente se me acercó a hacerme preguntas y estuve largo rato conversando con ellos, como me gusta a mí: el contacto con el público.
Fue un agradable fin de semana en la siempre incesante Mardel y aproveché para hacer largas caminatas en el tiempo libre. Una experiencia más que cansa, pero que gratifica.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, periodista, poeta, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Hubo Maratón, Triatlón, Ajedrez, Ciclismo, Fútbol, exposiciones de pintura y escultura y reconocimientos a los ganadores.
En este marco, mi charla versó sobre los poetas del Tango y tuve una razonable convocatoria de gente muy respetuosa que escuchó, en silencio, mis palabras.
El Tango-Canción que se inició con "Mi noche triste" de Pascual Contursi, dio poetas de real envergadura. En ese recorrido rápido que hice, no faltó Celedonio Flores, el autor de "Mano a Mano", boxeador, frecuentador de la Cortada Carabelas, el que escribió en "Corrientes y Esmeralda": "en tu esquina criolla cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel". Y después pasé a Enrique Cadícamo con su Modernismo a cuestas y a Enrique Santos Discépolo con su "Cambalache" donde nombra a personajes que estaban vigentes en su época, como aquel Staviski, estafador polaco que había hecho saltar dos veces la banca en el Casino de Montecarlo y se suicidó en la cárcel de Bayona. Autor de "Tormenta" uno de los grandes tangos y uno de los grandes temas de la literatura universal: el poeta cuestionando a Dios.
También, en esa cabalgata, pasé por José María Contursi, autor de "Gricel", de "Como dos extraños" (estos dos tangos tienen historias reales) y "Tabaco" (!qué versión la de doña Libertad Lamarque!); Contursi, poeta lírico por excelencia fue locutor de radio e hijo del reconocido Pascual Contursi, el de "Mi noche triste" y "La mina del Ford".
Después me interné en la década del 40 con Cátulo Castillo, a quien el padre José González Castillo (muy anarquista él) había querido ponerle, por nombre, "Descanso dominical". Al final, llevó los nombres de dos poeta latinos: Catulo y Ovidio.
Cátulo escribió: "Tinta roja", "La última curda", "Una canción", "Farol" (formidable versión del negro Rubén Juárez) y otros de similar importancia.
Homero Manzi fue otro de los poetas que toqué. Dueño de la ternura, de la evocación. "Sur" es uno de sus grandes temas junto a "El último organito", "Barrio de tango" y "Malena".
Y después le tocó el turno a Homero Expósito, mi amigo, señor de las imágenes surrealistas, de vanguardia. "Tu forma de partir me dio la sensación de un arco de violín clavado en un gorrión" o "trenzas del color del mate amargo" o "ya da la noche a la cancel su piel de ojera". Son incontables los hallazgos de este poeta que tuve la fortuna de conocer personalmente y mantener una relación de cordialidad y amistad.
Cerré (porque entre las palabras y algunas ilustraciones de temas) se iba extendiendo demasiado la charla con mi coterránea, la avellanedense Eladia Blazquez y su "Corazón mirando al sur", una pieza de innegable belleza. La cantaron, a dúo, María Graña y la propia Eladia en una hermosa versión.
La gente se me acercó a hacerme preguntas y estuve largo rato conversando con ellos, como me gusta a mí: el contacto con el público.
Fue un agradable fin de semana en la siempre incesante Mardel y aproveché para hacer largas caminatas en el tiempo libre. Una experiencia más que cansa, pero que gratifica.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, periodista, poeta, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
6.4.07
Años y Leguas
Me puse a releer un libro que había leído en mi juventud. Me refiero a "Años y Leguas" de Gabriel Miró. Y volví a encontrar el mismo regodeo de la palabra, la misma inquietud por la belleza expresiva, el mismo lenguaje enaltecido que llevó a este escritor a ser considerado, por muchos, como uno de los prosistas más importantes del siglo XX en España.
Miró pertenecía a la generación del 98, la que volvió a levantar a España de su decadencia. Hombres como Azorín, los hermanos Machado, don Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán, Baroja y otros, fueron los encargados de darle, nuevamente, estatura intelectual a un país alicaído por la mediocridad, por la pérdida de sus colonias americanas (la última fue Cuba) y por sus problemas económicos y sociales.
Aquello que venía vaticinando Mariano José de Larra se cumplió con creces hasta que esta nueva generación (de la que formaba parte Miró, nacido en 1879) hizo renacer espiritualmente a su nación.
"Años y Leguas" es el último libro de Miró (falleció durante una operación de apendicitis en 1930) y aquí es donde se puede observar, con detenimiento, ese género literario de la "Semblanza", en el que Miró fue un Maestro. Su prosa tiene mucho de poesía, su stock de palabras es riquísimo y su Modernismo, aunque un poco tardío, reafirma su predilección por aquel movimiento que creó Rubén Darío, entre otros cultores.
Es un libro de evocaciones con el protagonismo de Sigüenza, que es su "alter ego". En la prosa de Miró se puede aspirar los olores, ver los colores, disfrutar del paisaje, meterse en la intimidad, en la sensibilidad del autor.
Este escritor nacido en Alicante, que había cursado sus estudios de Derecho en Orihuela (allí donde, años después, nació Miguel Hernández) se ganó la vida en diversos puestos públicos y en distintas ciudades españolas. Son muchos sus títulos y son varios sus fracasos. Como profesional del Derecho, fue recurrentemente bochado para la juricatura; como escritor, le fue negada la entrada a la Academia Real de Letras, episodio que produjo la renuncia de Azorín a la misma; era Azorín el que lo había propuesto para integrarse como miembro.
Por último: "Semblanza", género en el que Gabriel Miró descolló, es un bosquejo con mucho de autobiográfico. Y en los libros de este escritor no hay que ir a buscar el argumento, la trama. Hay que buscar el idioma en toda su plenitud, en todo su esplendor.
Yo lo comparo con otro escritor español que me parece notable: Francisco "Paco" Umbral. Los dos pertenecen a esa escuela del Castellano que produce gozo, regodeo, alegría de hablar un idioma tan versátil y tan expresivo.
Ante un mundo que va despreciando las palabras y circunscribiendo la comunicación a cada vez menos léxico, Gabriel Miró es el exponente contrario; nos hace disfrutar de una lengua insuperable.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Miró pertenecía a la generación del 98, la que volvió a levantar a España de su decadencia. Hombres como Azorín, los hermanos Machado, don Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán, Baroja y otros, fueron los encargados de darle, nuevamente, estatura intelectual a un país alicaído por la mediocridad, por la pérdida de sus colonias americanas (la última fue Cuba) y por sus problemas económicos y sociales.
Aquello que venía vaticinando Mariano José de Larra se cumplió con creces hasta que esta nueva generación (de la que formaba parte Miró, nacido en 1879) hizo renacer espiritualmente a su nación.
"Años y Leguas" es el último libro de Miró (falleció durante una operación de apendicitis en 1930) y aquí es donde se puede observar, con detenimiento, ese género literario de la "Semblanza", en el que Miró fue un Maestro. Su prosa tiene mucho de poesía, su stock de palabras es riquísimo y su Modernismo, aunque un poco tardío, reafirma su predilección por aquel movimiento que creó Rubén Darío, entre otros cultores.
Es un libro de evocaciones con el protagonismo de Sigüenza, que es su "alter ego". En la prosa de Miró se puede aspirar los olores, ver los colores, disfrutar del paisaje, meterse en la intimidad, en la sensibilidad del autor.
Este escritor nacido en Alicante, que había cursado sus estudios de Derecho en Orihuela (allí donde, años después, nació Miguel Hernández) se ganó la vida en diversos puestos públicos y en distintas ciudades españolas. Son muchos sus títulos y son varios sus fracasos. Como profesional del Derecho, fue recurrentemente bochado para la juricatura; como escritor, le fue negada la entrada a la Academia Real de Letras, episodio que produjo la renuncia de Azorín a la misma; era Azorín el que lo había propuesto para integrarse como miembro.
Por último: "Semblanza", género en el que Gabriel Miró descolló, es un bosquejo con mucho de autobiográfico. Y en los libros de este escritor no hay que ir a buscar el argumento, la trama. Hay que buscar el idioma en toda su plenitud, en todo su esplendor.
Yo lo comparo con otro escritor español que me parece notable: Francisco "Paco" Umbral. Los dos pertenecen a esa escuela del Castellano que produce gozo, regodeo, alegría de hablar un idioma tan versátil y tan expresivo.
Ante un mundo que va despreciando las palabras y circunscribiendo la comunicación a cada vez menos léxico, Gabriel Miró es el exponente contrario; nos hace disfrutar de una lengua insuperable.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
1.4.07
Las cosas que se fueron
Los hombres estamos hechos de hartazgos y carencias; de vidas plácidas y turbulentas; de combinaciones extrañas entre lo que atesoramos y desechamos.
Ejemplos hay demasiados: el hambre es una carencia; la saciedad es su antinomia. Y en este juego perverso de contrastes se desliza la existencia humana.
Pero en las carencias, hay todo un tema. Porque el hombre parece ser esclavo de la ausencia. Cuando se tiene a una mujer, en muchos casos no se la reconoce. Sin embargo, cuando esa mujer no está comienza el recuerdo y la añoranza. Le pasa a muchos viudos. Hay algunos (vaya uno a saber por qué remordimiento o culpa) se la pasan rememorando a la ausente, en un fúnebre estado de ánimo. Son los viudos (o viudas) sin consuelo, los que siguen hablando del o la finadita hasta el aburrimiento.
Hay un sin fin de cosas que se van, casi a diario, al arcón eterno. Nuestra infancia, por ejemplo. El poeta español Manuel Alcántara le preguntó, una vez, al amigo que encontró frente a una vidriera llena de masitas: "¿te estás comiendo la infancia?". En esa añoranza, seguramente plena de aromas que trae desde el tiempo la memoria, ese amigo recordaba algún episodio de sus pocos años.
Entre nosotros, es mucho lo que se ha ido. A nivel personal y colectivo. Aquellos juegos como el "San Yordi monta la burra", las bolitas, la tapada, el ainente, el rango y mida, han desaparecido del léxico de todos. Y con ellos desaparecieron las series en los cines, el carro de la Panificación, el pollero vendiendo animales vivos por la calle, el lechero a domicilio, el asado al horno hecho en la panadería, el licor de huevo y el anís "8 hermanos".
Y va desapareciendo los ravioles caseros de la vieja, servidos en domingo, el infaltable patio de las casas, el turco que vendía a plazos, los amigos que se distancian demasiado...
Estamos construidos por estas ausencias y si bien cada día nos trae presencias nuevas, la nostalgia por lo que se ha ido puebla nuestros corazones y es lo que más resaltamos a la hora de dar testimonio de nosotros mismos.
"Todo tiempo pasado fue mejor" -dice un viejo refrán popular. Sabemos que no es cierto. Pero qué importa. Seguramente fue mejor para cada uno de nosotros porque éramos jóvenes, teníamos más salud que ahora, la vida no había golpeado demasiado (como suele hacer, con cada viviente, la vida)y todo ese paisaje llega a parecer exquisito, eterno, mágico.
Y en ese perverso juego de la memoria, salimos descubriendo excelencias en cosas que, tal vez, en su momento, no le dimos importancia o la tratamos con indiferencia o las olvidamos. Como ocurre con los amores ¿vieron?
!Qué raros somos los humanos! !Qué inconstantes y qué poco condescendiente solemos ser con el presente!
En países como el nuestro donde es tan difícil y complicado imaginar el futuro, vivimos más para el recuerdo y la emoción que para la proyección.
Y somos, entonces, nostalgiosos, hacemos una industria de los recuerdos, llamamos al pasado para que se convoque, perentoriamente, así podemos hacer un culto de él.
¿Está bien? ¿Está mal? No sé ni me importa. Pero, en este preciso momento, me llega un aroma a albahaca que cruza el patio y lo veo a mi viejo arreglando una canilla y a mi vieja colando los fideos. Habrá fideos con pesto (entrego mi reino por este plato) y, desde la parra, baja un aire a domingo y un tango rezongón se escapa de una radio capilla y la pelota de goma se me va despacito a esperarme detrás de una maceta...
Ah, qué fuerza tiene el pasado cuando es capaz de atravesar el tiempo y decirnos que somos esclavos de los recuerdos...que vivimos, como decía Rilke, con una sola patria: la de la infancia...
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Ejemplos hay demasiados: el hambre es una carencia; la saciedad es su antinomia. Y en este juego perverso de contrastes se desliza la existencia humana.
Pero en las carencias, hay todo un tema. Porque el hombre parece ser esclavo de la ausencia. Cuando se tiene a una mujer, en muchos casos no se la reconoce. Sin embargo, cuando esa mujer no está comienza el recuerdo y la añoranza. Le pasa a muchos viudos. Hay algunos (vaya uno a saber por qué remordimiento o culpa) se la pasan rememorando a la ausente, en un fúnebre estado de ánimo. Son los viudos (o viudas) sin consuelo, los que siguen hablando del o la finadita hasta el aburrimiento.
Hay un sin fin de cosas que se van, casi a diario, al arcón eterno. Nuestra infancia, por ejemplo. El poeta español Manuel Alcántara le preguntó, una vez, al amigo que encontró frente a una vidriera llena de masitas: "¿te estás comiendo la infancia?". En esa añoranza, seguramente plena de aromas que trae desde el tiempo la memoria, ese amigo recordaba algún episodio de sus pocos años.
Entre nosotros, es mucho lo que se ha ido. A nivel personal y colectivo. Aquellos juegos como el "San Yordi monta la burra", las bolitas, la tapada, el ainente, el rango y mida, han desaparecido del léxico de todos. Y con ellos desaparecieron las series en los cines, el carro de la Panificación, el pollero vendiendo animales vivos por la calle, el lechero a domicilio, el asado al horno hecho en la panadería, el licor de huevo y el anís "8 hermanos".
Y va desapareciendo los ravioles caseros de la vieja, servidos en domingo, el infaltable patio de las casas, el turco que vendía a plazos, los amigos que se distancian demasiado...
Estamos construidos por estas ausencias y si bien cada día nos trae presencias nuevas, la nostalgia por lo que se ha ido puebla nuestros corazones y es lo que más resaltamos a la hora de dar testimonio de nosotros mismos.
"Todo tiempo pasado fue mejor" -dice un viejo refrán popular. Sabemos que no es cierto. Pero qué importa. Seguramente fue mejor para cada uno de nosotros porque éramos jóvenes, teníamos más salud que ahora, la vida no había golpeado demasiado (como suele hacer, con cada viviente, la vida)y todo ese paisaje llega a parecer exquisito, eterno, mágico.
Y en ese perverso juego de la memoria, salimos descubriendo excelencias en cosas que, tal vez, en su momento, no le dimos importancia o la tratamos con indiferencia o las olvidamos. Como ocurre con los amores ¿vieron?
!Qué raros somos los humanos! !Qué inconstantes y qué poco condescendiente solemos ser con el presente!
En países como el nuestro donde es tan difícil y complicado imaginar el futuro, vivimos más para el recuerdo y la emoción que para la proyección.
Y somos, entonces, nostalgiosos, hacemos una industria de los recuerdos, llamamos al pasado para que se convoque, perentoriamente, así podemos hacer un culto de él.
¿Está bien? ¿Está mal? No sé ni me importa. Pero, en este preciso momento, me llega un aroma a albahaca que cruza el patio y lo veo a mi viejo arreglando una canilla y a mi vieja colando los fideos. Habrá fideos con pesto (entrego mi reino por este plato) y, desde la parra, baja un aire a domingo y un tango rezongón se escapa de una radio capilla y la pelota de goma se me va despacito a esperarme detrás de una maceta...
Ah, qué fuerza tiene el pasado cuando es capaz de atravesar el tiempo y decirnos que somos esclavos de los recuerdos...que vivimos, como decía Rilke, con una sola patria: la de la infancia...
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
27.3.07
Las palabras
Se me ocurrió esta nota porque mi amiga Haydée Breslav (excelente sonetista) está empeñada en que yo le lea todos sus textos y mi inveterada deformación profesional me lleva a sugerirle correcciones.
Pero más allá de estos asuntos que tienen que ver con la confianza y la amistad, se me ha convertido en un juego literario y cada vez que recibo un soneto nuevo (por lo demás muy bien construidos) me pongo a buscarle la vuelta y a jugar con las palabras.
Para un escritor, esto se convierte en apasionante. Porque ¿qué otra cosa es un escritor sino palabras? Del modo en que las ordenemos, saldrán conceptos bellamente expresados o no. En Poesía, la palabra tiene un valor inmenso; por eso, se es más poeta si se tiene un stock más numeroso de palabras y, además, si se las sabe combinar como corresponde.
La palabra tiene una cosa que es subjetiva; a todos no les cae igual la misma palabra. Sin embargo, la gente sabe apreciar cuando la belleza aparece implícita en una metáfora, en un cúmulo de palabras que arman la frase.
El escritor es un tipo hecho de lecturas; no existe el escritor que no sea lector. Hay gente que dice: "me gusta escribir, pero no me gusta leer". No sirve. No llegarán a nada. Les falta la herramienta principal: los libros. Les falta esa familiaridad con las palabras que da la lectura.
Por eso, el escritor es un lector compulsivo. Lee todo lo que cae en sus manos. Y ese conocimiento inconsciente, que se mete por los poros, le da una riqueza potencial: el conocimiento de las palabras a la hora de escribir un texto.
En esa pasión que aparece cuando Haydée escribe (también con pasión) uno de sus hermosos sonetos, hay algo lúdico y algo gozoso. No me importa si mi amiga, luego, le dará importancia a mis correcciones; pero a mí me sirve para ejercitar algo que es casi innato: la combinación y la elección de las palabras.
Y es infinito el juego. Y es infinito el placer de encontrar una palabra que nos parece mejor que la otra. Y es casi una fiesta monumental cuando se cree llegar al punto final sin baches, sin un pifie.
Por supuesto, todos sabemos que no es así. La tarea de los hombres siempre es perfectible. Siempre está sujeta a mejorarse. Pero lo que importa es lo que uno considera "su perfección". Y si esa "perfección" coincide con la sensibilidad y el gusto preferencial de otros, se habrá tendido el puente de comunicación necesario que hace falta en cada texto que se escribe. Se habrá conseguido la patente de "escritor".
"La palabra debe acompañar como acompañan los bastones a los ciegos" -dije, alguna vez, en un poema y al gobierno de la ciudad le gustó la frase y la imprimió en los señaladores de libros. Allí está la verdadera función de la palabra: acompañar, servir de bastón de marcha. Una herramienta útil para los hombres.
!Qué lindo es ser escritor, es ser Poeta! Pero no por vanidad. Sino porque produce algo gozoso que sólo puede compararse cuando se abraza en la oscuridad el cuerpo amado, luego de haber poblado de palabras cálidas, íntimas, sus oídos.
Y la luna, que sabe mucho de esto, aplaude desde un lugar del espacio y la Tierra asiente. Y la Vida parece una sinfonía que, nunca, se escuchó.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Pero más allá de estos asuntos que tienen que ver con la confianza y la amistad, se me ha convertido en un juego literario y cada vez que recibo un soneto nuevo (por lo demás muy bien construidos) me pongo a buscarle la vuelta y a jugar con las palabras.
Para un escritor, esto se convierte en apasionante. Porque ¿qué otra cosa es un escritor sino palabras? Del modo en que las ordenemos, saldrán conceptos bellamente expresados o no. En Poesía, la palabra tiene un valor inmenso; por eso, se es más poeta si se tiene un stock más numeroso de palabras y, además, si se las sabe combinar como corresponde.
La palabra tiene una cosa que es subjetiva; a todos no les cae igual la misma palabra. Sin embargo, la gente sabe apreciar cuando la belleza aparece implícita en una metáfora, en un cúmulo de palabras que arman la frase.
El escritor es un tipo hecho de lecturas; no existe el escritor que no sea lector. Hay gente que dice: "me gusta escribir, pero no me gusta leer". No sirve. No llegarán a nada. Les falta la herramienta principal: los libros. Les falta esa familiaridad con las palabras que da la lectura.
Por eso, el escritor es un lector compulsivo. Lee todo lo que cae en sus manos. Y ese conocimiento inconsciente, que se mete por los poros, le da una riqueza potencial: el conocimiento de las palabras a la hora de escribir un texto.
En esa pasión que aparece cuando Haydée escribe (también con pasión) uno de sus hermosos sonetos, hay algo lúdico y algo gozoso. No me importa si mi amiga, luego, le dará importancia a mis correcciones; pero a mí me sirve para ejercitar algo que es casi innato: la combinación y la elección de las palabras.
Y es infinito el juego. Y es infinito el placer de encontrar una palabra que nos parece mejor que la otra. Y es casi una fiesta monumental cuando se cree llegar al punto final sin baches, sin un pifie.
Por supuesto, todos sabemos que no es así. La tarea de los hombres siempre es perfectible. Siempre está sujeta a mejorarse. Pero lo que importa es lo que uno considera "su perfección". Y si esa "perfección" coincide con la sensibilidad y el gusto preferencial de otros, se habrá tendido el puente de comunicación necesario que hace falta en cada texto que se escribe. Se habrá conseguido la patente de "escritor".
"La palabra debe acompañar como acompañan los bastones a los ciegos" -dije, alguna vez, en un poema y al gobierno de la ciudad le gustó la frase y la imprimió en los señaladores de libros. Allí está la verdadera función de la palabra: acompañar, servir de bastón de marcha. Una herramienta útil para los hombres.
!Qué lindo es ser escritor, es ser Poeta! Pero no por vanidad. Sino porque produce algo gozoso que sólo puede compararse cuando se abraza en la oscuridad el cuerpo amado, luego de haber poblado de palabras cálidas, íntimas, sus oídos.
Y la luna, que sabe mucho de esto, aplaude desde un lugar del espacio y la Tierra asiente. Y la Vida parece una sinfonía que, nunca, se escuchó.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
21.3.07
Cuando no se tienen ganas de escribir
Hace días que no escribo en mi blog, pero es consecuencia de que mi Internet no está funcionando como se espera. No sé qué pasa. No me deja entrar a las páginas, me bloquea, me hace renegar. ¿Será porque no lo estoy pagando? ¿Será que lo estoy usando gratis luego de un período en que, sí, pagué? !Qui lo sa!
La cosa es que, tampoco, tengo muchas ganas de escribir, de decir cosas, de opinar en medio de una sociedad que, ya, no opina; se deja llevar por el efecto "K". ¿Hacia dónde? Ah, esa es otra cuestión...
Lo cierto es que mí última nota sobre Conan Doyle, me dejó la misma sensación que debió tener el médico escocés cuando se liberó de su odiado Sherlock Holmes. !Basta! !Déjenme en paz! !Ahora quiero caminar por Oxford Street sin que me persiga la sombra de ese insoportable pedante que, encima, se pichicatea!
No pudo ser. Porque los escritores tenemos el karma de escribir. Como los torturadores tienen que ponerse a torturar. Y los escorpiones a picar y los perros a ladrar. Son los destinos que algún perverso Demiurgo nos asignó,porque sí nomás, a piaccere.
Siguiendo un poco con la literatura policial ¿leyeron a John Dickson Carr? !Cómo me gusta ese tipo! Ya sea cuando firma con su nombre o cuando apela al seudónimo de Carter Dickson. "Los anteojos negros" es una novela formidable, plena de ese clima que a los lectores les gusta y que consiste en el enigma casi insoluble.
Dickson Carr fue un "capo" del género policial, presidente del "Detection Club" de Londres durante muchos años. Allí se hizo "El almirante flotante", una novela donde cada autor escribió un capítulo; nombres como los de Agatha Christie, G.K. Chesterton, Dorothy Sayers y otros se encuentran en el volumen. El final se lo dejaron a Anthony Berkeley que era un fenómeno para escribir finales.
Una curiosidad literaria que está totalmente agotada.
Los otros días, una correctora de mi traducción del "Dr. Jekyll y Mr. Hyde" no entendía un párrafo que coloqué en el prólogo del libro. Ese párrafo era una digresión sobre la época victoriana. Esta pobre muchachita creía que estaba descolgado del prólogo sobre Stevenson; no sabía, la ignorante, que la época victoriana, pacata, hipócrita, tenía su lado oscuro. El lado oscuro que le dio Stevenson con ese texto; el lado oscuro que le dio Oscar Wilde con "El retrato de Dorian Gray"; el lado oscuro que le dio Dickens con su "El misterio de Edwin Drood". El lado oscuro de Jack el Destripador, que mató, precisamente, por esos años.
Muchachos, muchachas, la literatura no nació cuando nacieron ustedes. Hay que informarse, hay que leer, hay que saber. Y no hay que ser tan soberbios como esos que comentan libros en algunos periódicos y que, creen, inventaron la escritura.
Son tiempos difíciles !qué joder! Por eso, a veces, me agarran estas ganas de no escribir nada, como ahora, y quedarme acariciando a mis gatos sabiendo, con toda certeza, que ellos no harán alarde de estupidez ni hablarán...!Ay! ¿qué pasaría si nuestra especie naciera sin lengua y sin manos? ¿No escribiríamos tantas gansadas? ¿Seríamos mejor? ¿Aprenderíamos el arte de la humildad? ¿Nos convertiríamos en una especie inteligente y no en este mamarracho de correctoras y críticos literarios?
ROBERTO DIAZ
(Escritor, periodista, poeta, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
La cosa es que, tampoco, tengo muchas ganas de escribir, de decir cosas, de opinar en medio de una sociedad que, ya, no opina; se deja llevar por el efecto "K". ¿Hacia dónde? Ah, esa es otra cuestión...
Lo cierto es que mí última nota sobre Conan Doyle, me dejó la misma sensación que debió tener el médico escocés cuando se liberó de su odiado Sherlock Holmes. !Basta! !Déjenme en paz! !Ahora quiero caminar por Oxford Street sin que me persiga la sombra de ese insoportable pedante que, encima, se pichicatea!
No pudo ser. Porque los escritores tenemos el karma de escribir. Como los torturadores tienen que ponerse a torturar. Y los escorpiones a picar y los perros a ladrar. Son los destinos que algún perverso Demiurgo nos asignó,porque sí nomás, a piaccere.
Siguiendo un poco con la literatura policial ¿leyeron a John Dickson Carr? !Cómo me gusta ese tipo! Ya sea cuando firma con su nombre o cuando apela al seudónimo de Carter Dickson. "Los anteojos negros" es una novela formidable, plena de ese clima que a los lectores les gusta y que consiste en el enigma casi insoluble.
Dickson Carr fue un "capo" del género policial, presidente del "Detection Club" de Londres durante muchos años. Allí se hizo "El almirante flotante", una novela donde cada autor escribió un capítulo; nombres como los de Agatha Christie, G.K. Chesterton, Dorothy Sayers y otros se encuentran en el volumen. El final se lo dejaron a Anthony Berkeley que era un fenómeno para escribir finales.
Una curiosidad literaria que está totalmente agotada.
Los otros días, una correctora de mi traducción del "Dr. Jekyll y Mr. Hyde" no entendía un párrafo que coloqué en el prólogo del libro. Ese párrafo era una digresión sobre la época victoriana. Esta pobre muchachita creía que estaba descolgado del prólogo sobre Stevenson; no sabía, la ignorante, que la época victoriana, pacata, hipócrita, tenía su lado oscuro. El lado oscuro que le dio Stevenson con ese texto; el lado oscuro que le dio Oscar Wilde con "El retrato de Dorian Gray"; el lado oscuro que le dio Dickens con su "El misterio de Edwin Drood". El lado oscuro de Jack el Destripador, que mató, precisamente, por esos años.
Muchachos, muchachas, la literatura no nació cuando nacieron ustedes. Hay que informarse, hay que leer, hay que saber. Y no hay que ser tan soberbios como esos que comentan libros en algunos periódicos y que, creen, inventaron la escritura.
Son tiempos difíciles !qué joder! Por eso, a veces, me agarran estas ganas de no escribir nada, como ahora, y quedarme acariciando a mis gatos sabiendo, con toda certeza, que ellos no harán alarde de estupidez ni hablarán...!Ay! ¿qué pasaría si nuestra especie naciera sin lengua y sin manos? ¿No escribiríamos tantas gansadas? ¿Seríamos mejor? ¿Aprenderíamos el arte de la humildad? ¿Nos convertiríamos en una especie inteligente y no en este mamarracho de correctoras y críticos literarios?
ROBERTO DIAZ
(Escritor, periodista, poeta, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
7.3.07
!Elemental, mi querido Conan!
Se llamaba Arthur Ignatius Conan Doyle, había nacido en la ciudad de Edimburgo, Escocia, y estudió en dicha Universidad hasta recibirse de médico. En su profesión, debió pagar varios derechos de piso: ejerció la medicina en Sudáfrica, durante la Guerra de los Boehrs; allí, recibió el título de "Sir" por su contribución humanitaria. También fue médico de un barco ballenero hasta que se instaló con consultorio.
Como los pacientes escaseaban, para no aburrirse se puso a escribir historias policiales. En 1929, nació su primera novela con la creación de un personaje que se tornaría universal: me refiero a Sherlock Holmes. La novela se llamaba "Estudio en escarlata".
Pronto, fue ganando fama con este personaje. El éxito estaba en lo extravagante de ese larguirucho que vivía en el 221 de Baker Street en Londres, tocaba el violín, le gustaba la deducción y, de vez en cuando, se pegaba un "viaje" con morfina.
Siempre secundado de su fiel amigo, el doctor Watson, que le hacía el "pie" para sus razonamientos detectivescos.
Fueron incontables las historias y el ingenio de este médico escocés. Y fue tanto su éxito que abandonó la medicina para dedicarse a escribir. Fue un buen escritor. Y no sólo se encargó de Sherlock (a quien quiso matar definitivamente y el público no se lo aceptó) sino que escribió libros muy buenos como "Las aventuras del Brigadier Gerard" o "Un mundo perdido", entre otros de parecida excelencia literaria.
Su cuñado, Hornung, para llevarle la contra, también inventó un personaje, pero éste fue un ladrón de guante blanco llamado Raffles. También consiguió éxito con esta creación.
Sherlock Holmes es motivo de culto por infinidad de "fans" en todo el mundo. Hay un merchandising con su efigie, su gorro, su pipa, su abrigo. Y sus historias se siguen leyendo con gran interés por multitud de lectores.
Aquel médico escocés que comenzó a escribir porque no tenía pacientes, se consagró con este personaje y le dejó a la literatura páginas de indudable encanto.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Como los pacientes escaseaban, para no aburrirse se puso a escribir historias policiales. En 1929, nació su primera novela con la creación de un personaje que se tornaría universal: me refiero a Sherlock Holmes. La novela se llamaba "Estudio en escarlata".
Pronto, fue ganando fama con este personaje. El éxito estaba en lo extravagante de ese larguirucho que vivía en el 221 de Baker Street en Londres, tocaba el violín, le gustaba la deducción y, de vez en cuando, se pegaba un "viaje" con morfina.
Siempre secundado de su fiel amigo, el doctor Watson, que le hacía el "pie" para sus razonamientos detectivescos.
Fueron incontables las historias y el ingenio de este médico escocés. Y fue tanto su éxito que abandonó la medicina para dedicarse a escribir. Fue un buen escritor. Y no sólo se encargó de Sherlock (a quien quiso matar definitivamente y el público no se lo aceptó) sino que escribió libros muy buenos como "Las aventuras del Brigadier Gerard" o "Un mundo perdido", entre otros de parecida excelencia literaria.
Su cuñado, Hornung, para llevarle la contra, también inventó un personaje, pero éste fue un ladrón de guante blanco llamado Raffles. También consiguió éxito con esta creación.
Sherlock Holmes es motivo de culto por infinidad de "fans" en todo el mundo. Hay un merchandising con su efigie, su gorro, su pipa, su abrigo. Y sus historias se siguen leyendo con gran interés por multitud de lectores.
Aquel médico escocés que comenzó a escribir porque no tenía pacientes, se consagró con este personaje y le dejó a la literatura páginas de indudable encanto.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
15.2.07
Gardel, siempre Gardel
Mi amigo, el poeta Luis Alposta tuvo la gentileza de regalarme 500 temas interpretados por Carlos Gardel.
Quiere decir que pongo en marcha mi computadora, enciendo los parlantes y con simples clicks del "mouse" escucho al "Zorzal Criollo".
Aunque sea, ya, una perogrullada, debo decir que canta cada día mejor; es como si volviera del más allá, por el aire del verano o el invierno (no importa la estación) y fuera perfeccionando, a medida que se acerca, su voz privilegiada.
No soy un "gardelito" fanatizado; no soy de esos que idolatran, pero sé reconocer cuando encuentro a un artista formidable como éste.
Gardel fue completo porque tuvo los oídos y la sensibilidad abiertas, sin prejuicios. Por eso, les cantó, en su época, a los jóvenes poetas de entonces; Cadícamo, Discépolo, Celedonio Flores, tuvieron la fortuna de ser cantados por esta gran voz. Lo que no sucede en esta época porque los intérpretes de tango que existen (salvo las honrosas excepciones de Rubén Juárez, Néstor Fabián, Reynaldo Martín y algún otro) cantan siempre lo mismo y no tienen oído ni para cantar "el arroz con leche", como dice la letra de Celedonio.
Gardel, siempre Gardel...En estos 500 temas (una colección completísima) tenemos para todos los gustos, con amplias referencias sobre cada tema, sobre sus autores, sobre las fechas de grabación, etc.
Le agradecí efusivamente a Alposta su regalo porque, creo, que todo aquel enamorado del género y de este cantor excepcional, debería poseer este verdadero tesoro.
El timbre de la voz de Gardel, su color, su afinación, es insuperable. Y todo lo que interpretó lo hizo con justeza; no hay un toque de mal gusto, de cursilería, en ninguna de sus interpretaciones. No hay gritos discordantes como existe en los cantores actuales que no saben lo que canta (y, además, no les interesa) y, encima, tienen la soberbia de criticar, de decir que no existen poetas en la actualidad. Y todo es producto de su ignorancia supina, de su incultura.
Hay cantores, en la actualidad, que dan vergüenza ajena; y son factor esencial de la decadencia del género.
Contra esta fauna, la figura monumental de Carlos Gardel se alza como un referente imprescindible.
!Viva el "Morocho Cantor"! !Viva su eterna voz!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Quiere decir que pongo en marcha mi computadora, enciendo los parlantes y con simples clicks del "mouse" escucho al "Zorzal Criollo".
Aunque sea, ya, una perogrullada, debo decir que canta cada día mejor; es como si volviera del más allá, por el aire del verano o el invierno (no importa la estación) y fuera perfeccionando, a medida que se acerca, su voz privilegiada.
No soy un "gardelito" fanatizado; no soy de esos que idolatran, pero sé reconocer cuando encuentro a un artista formidable como éste.
Gardel fue completo porque tuvo los oídos y la sensibilidad abiertas, sin prejuicios. Por eso, les cantó, en su época, a los jóvenes poetas de entonces; Cadícamo, Discépolo, Celedonio Flores, tuvieron la fortuna de ser cantados por esta gran voz. Lo que no sucede en esta época porque los intérpretes de tango que existen (salvo las honrosas excepciones de Rubén Juárez, Néstor Fabián, Reynaldo Martín y algún otro) cantan siempre lo mismo y no tienen oído ni para cantar "el arroz con leche", como dice la letra de Celedonio.
Gardel, siempre Gardel...En estos 500 temas (una colección completísima) tenemos para todos los gustos, con amplias referencias sobre cada tema, sobre sus autores, sobre las fechas de grabación, etc.
Le agradecí efusivamente a Alposta su regalo porque, creo, que todo aquel enamorado del género y de este cantor excepcional, debería poseer este verdadero tesoro.
El timbre de la voz de Gardel, su color, su afinación, es insuperable. Y todo lo que interpretó lo hizo con justeza; no hay un toque de mal gusto, de cursilería, en ninguna de sus interpretaciones. No hay gritos discordantes como existe en los cantores actuales que no saben lo que canta (y, además, no les interesa) y, encima, tienen la soberbia de criticar, de decir que no existen poetas en la actualidad. Y todo es producto de su ignorancia supina, de su incultura.
Hay cantores, en la actualidad, que dan vergüenza ajena; y son factor esencial de la decadencia del género.
Contra esta fauna, la figura monumental de Carlos Gardel se alza como un referente imprescindible.
!Viva el "Morocho Cantor"! !Viva su eterna voz!
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
9.2.07
El viejo Baudelaire
La Editorial me ha solicitado una versión de los "Pequeños poemas en prosa" y de "Las flores del mal" de Baudelaire.
Acepté la propuesta porque este poeta, que en su época fue considerado "maldito", es una bisagra en la poesía del siglo XIX.
Hay una poesía antes y después de Baudelaire. Y esa extraña mezcla de romanticismo, realismo y simbolismo que se desprende de sus textos, es lo que ha convocado a multitud de lectores en el siglo XX.
Digo en el siglo XX, porque este poeta francés fue muy castigado en vida. Su libro "Las flores del mal" fue prohibido por "procaz" y Baudelaire, con esa rara ironía que atesoraba, respondió algo parecido a esto: "me recuerdan a una prostituta que, una vez, quiso conocer el Museo del Louvre y me pidió la acompañara. Se tapaba el rostro, horrorizada, cada vez que veía un cuadro con desnudos". Esta ramera, que se llamaba Louise, le preguntaba, a cada rato, al poeta, cómo era posible que se exhibieran públicamente semejantes indecencias.
Terminaron multándole con 300 francos y la prohibición de seis poemas. Más tarde, se editó en versión íntegra en 1869.
"Las flores del mal" es un libro revelador; es el libro de un poeta visceral, con una visión sombría de la vida. El periódico "Le Figaro" publicó, en su momento, algunos textos bajo el título de "El spleen de París". La palabra "spleen" (se pronuncia "esplín")no tiene una traducción precisa, pero lo más cercano sería: "hastío", "melancolía" y fue usada, posteriormente, por algunos autores de tango, sobre todo cuando, luego de leer "Escenas de la vida bohemia" de Enrique Murger, evocaban paisajes y escenas parisinas.
Esa bohemia y ese "esplín" de Baudelaire lo llevó a escribir un libro donde la poesía despliega sus mejores alas.
El poeta "maldito" fue un gran admirador de otro poeta, maldito y romántico como él: me refiero a Edgar Allan Poe. La primera traducción al francés de "El Cuervo" fue realizada por Baudelaire.
Estoy, entonces, enfrascado en "Las flores del mal" intentando una versión lo más digna posible de este libro notable. Ya terminé los "Pequeños poemas en prosa" aunque debo, todavía, corregir y preparar un prólogo.
Todas estas actividades sólo dejan -como diría un español- "calderilla", pero un gran amor por la literatura y por un poeta como Baudelaire, es lo que me lleva a hacer el trabajo.
Ojalá se aproxime en algo al original.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Acepté la propuesta porque este poeta, que en su época fue considerado "maldito", es una bisagra en la poesía del siglo XIX.
Hay una poesía antes y después de Baudelaire. Y esa extraña mezcla de romanticismo, realismo y simbolismo que se desprende de sus textos, es lo que ha convocado a multitud de lectores en el siglo XX.
Digo en el siglo XX, porque este poeta francés fue muy castigado en vida. Su libro "Las flores del mal" fue prohibido por "procaz" y Baudelaire, con esa rara ironía que atesoraba, respondió algo parecido a esto: "me recuerdan a una prostituta que, una vez, quiso conocer el Museo del Louvre y me pidió la acompañara. Se tapaba el rostro, horrorizada, cada vez que veía un cuadro con desnudos". Esta ramera, que se llamaba Louise, le preguntaba, a cada rato, al poeta, cómo era posible que se exhibieran públicamente semejantes indecencias.
Terminaron multándole con 300 francos y la prohibición de seis poemas. Más tarde, se editó en versión íntegra en 1869.
"Las flores del mal" es un libro revelador; es el libro de un poeta visceral, con una visión sombría de la vida. El periódico "Le Figaro" publicó, en su momento, algunos textos bajo el título de "El spleen de París". La palabra "spleen" (se pronuncia "esplín")no tiene una traducción precisa, pero lo más cercano sería: "hastío", "melancolía" y fue usada, posteriormente, por algunos autores de tango, sobre todo cuando, luego de leer "Escenas de la vida bohemia" de Enrique Murger, evocaban paisajes y escenas parisinas.
Esa bohemia y ese "esplín" de Baudelaire lo llevó a escribir un libro donde la poesía despliega sus mejores alas.
El poeta "maldito" fue un gran admirador de otro poeta, maldito y romántico como él: me refiero a Edgar Allan Poe. La primera traducción al francés de "El Cuervo" fue realizada por Baudelaire.
Estoy, entonces, enfrascado en "Las flores del mal" intentando una versión lo más digna posible de este libro notable. Ya terminé los "Pequeños poemas en prosa" aunque debo, todavía, corregir y preparar un prólogo.
Todas estas actividades sólo dejan -como diría un español- "calderilla", pero un gran amor por la literatura y por un poeta como Baudelaire, es lo que me lleva a hacer el trabajo.
Ojalá se aproxime en algo al original.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
4.2.07
¿Será cierto?
Recibí un correo de una periodista que dice haber trabajado para "Telenoche investiga". Denuncia que un grupo de prensa trabajó en la investigación de las coimas con motivo de la "pesificación". Y cuenta lo que trascribiré aproximadamente.
Pero antes una pequeña digresión de mi parte. En realidad, desde un primer momento (y no porque sea muy lúcido o muy informado) supuse que había corrido coima durante la tristemente célebre "pesificación". Por una sencilla razón: ningún funcionario puede licuarle la deuda a poderosos grupos económicos sin tener una retribución por el "favor".
Bueno. Esta periodista cuenta, con pelos y señales, la investigación realizada por ellos. Según parece, para tomar esa medida de pesificar, se citó a una reunión a un grupo de fuertes empresarios endeudados en dólares. En esa reunión, se les dijo crudamente que la licuación de una deuda que al Estado le costaba 60 mil millones de dólares, valía una coima de 500 millones.
La mayoría aceptó (menos el empresario Pérez Companc) y accedieron a pagar esa cifra. Según parece, trajeron el dinero de los bancos del exterior y el Estado produjo la más tenebrosa defraudación de todos los tiempos, robándole los ahorros a los ciudadanos, a través del mentado "Corralito".
Dice la periodista en cuestión que los 500 millones fueron repartidos así: 75 para el entonces Ministro de Economía Remes Lenicov (realizó el trabajo sucio e hizo mutis por el foro); 25 para el jefe de gabinete Capitanich (otro que desapareció del mapa) y 325 millones para el señor Duhalde que era el Presidente de la República. El resto fue distribuido entre legisladores que acataron la medida expoliatoria.
Según parece, esa investigación, a pesar de las promesas del Canal 13, nunca se puso al aire. Los periodistas que la hicieron fueron dejados afuera. Y reciben, desde entonces, amenazas de muerte. La periodista en cuestión quiere irse del país.
Por lo tanto, las coimas en el Senado son la lectura del "Pato Donald" al lado de esta coima gigantesca, que fue el pago por servir a licuar las deudas en dólares.
!Cómo iba a poner en el aire el Canal 13 esa investigación si el Grupo "Clarín" fue uno de los principales beneficiarios con esta canallada!
Así se escribe la historia negra de un país que es esquilmado por los cuatro costados.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
Pero antes una pequeña digresión de mi parte. En realidad, desde un primer momento (y no porque sea muy lúcido o muy informado) supuse que había corrido coima durante la tristemente célebre "pesificación". Por una sencilla razón: ningún funcionario puede licuarle la deuda a poderosos grupos económicos sin tener una retribución por el "favor".
Bueno. Esta periodista cuenta, con pelos y señales, la investigación realizada por ellos. Según parece, para tomar esa medida de pesificar, se citó a una reunión a un grupo de fuertes empresarios endeudados en dólares. En esa reunión, se les dijo crudamente que la licuación de una deuda que al Estado le costaba 60 mil millones de dólares, valía una coima de 500 millones.
La mayoría aceptó (menos el empresario Pérez Companc) y accedieron a pagar esa cifra. Según parece, trajeron el dinero de los bancos del exterior y el Estado produjo la más tenebrosa defraudación de todos los tiempos, robándole los ahorros a los ciudadanos, a través del mentado "Corralito".
Dice la periodista en cuestión que los 500 millones fueron repartidos así: 75 para el entonces Ministro de Economía Remes Lenicov (realizó el trabajo sucio e hizo mutis por el foro); 25 para el jefe de gabinete Capitanich (otro que desapareció del mapa) y 325 millones para el señor Duhalde que era el Presidente de la República. El resto fue distribuido entre legisladores que acataron la medida expoliatoria.
Según parece, esa investigación, a pesar de las promesas del Canal 13, nunca se puso al aire. Los periodistas que la hicieron fueron dejados afuera. Y reciben, desde entonces, amenazas de muerte. La periodista en cuestión quiere irse del país.
Por lo tanto, las coimas en el Senado son la lectura del "Pato Donald" al lado de esta coima gigantesca, que fue el pago por servir a licuar las deudas en dólares.
!Cómo iba a poner en el aire el Canal 13 esa investigación si el Grupo "Clarín" fue uno de los principales beneficiarios con esta canallada!
Así se escribe la historia negra de un país que es esquilmado por los cuatro costados.
ROBERTO DIAZ
(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)
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