20.6.08

Día de la Bandera

La primera vez que entré en la Universidad de Salamanca fue en 1977. Allí, en una placa de la entrada figura el nombre de Manuel Belgrano. Y en el aula donde daba clase Fray Luis de León (aquel que, luego de su prisión, volvió para decir: "como decíamos ayer...") me enteré que nuestro patriota había asistido, sentado en esos bancos rústicos de madera, cuando, apenas, era un joven inquieto, amante de las ideas de la Revolución Francesa.
Siempre sentí un gran respeto por este hombre, para mí el más transparente y honesto de los próceres de la Revolución de Mayo. Siempre me pareció que había una constante entre su vida y su obra y ese gesto de donar su sueldo para la construcción de escuelas y esa muerte silenciosa, en la más absoluta pobreza, me inspiran ternura y admiración. Además: !comparen la ilustración de este hombre con la de los dirigentes actuales! Dan ganas de tironearse los cabellos durante un buen largo rato.
Hay un episodio de la historia que lo rescato porque demuestra que imbéciles hubo siempre. Belgrano tenía la voz aflautada y un día San Martín ejercita la voz de mando y, después, se la pasa a Belgrano que era su segundo. Cuando Belgrano da la voz de mando, el Coronel Dorrego lanza una carcajada. San Martín lo llama al orden y le pide a Belgrano repita la acción. Y Dorrego vuelve a reírse. Entonces, San Martín lo retira de la fila y, posteriormente,se lo saca de encima y lo envía a Santiago del Estero.
La enemistad entre Dorrego y Belgrano fue para siempre. Ese Dorrego es el que Lavalle ordena fusilar en Navarro, tiempo después.
En sus últimos días,Manuel Belgrano fue asistido por amigos; tenía hidropesía y sífilis. Uno de los amigos que más lo ayudó, fue Armando Balbín, ancestro del doctor Ricardo Balbín,importante dirigente radical.
Dicen que Belgrano pagó sus consultas médicas con un reloj, único bien que le quedaba. También se dice que su lápida se hizo con un mármol de su casa. Nadie le dio bola a este revolucionario, que fue secretario de la Primera Junta, fundador de periódicos, conspicuo economista, ideólogo respetable y militar por necesidad.
Sus servicios a la Patria fueron muchos. Y en esos servicios, fue perdiendo su patrimonio familiar y no se dejó arredrar ni siquiera por la miseria.
Algunos idiotas lo creyeron homosexual, pero Belgrano tenía un par de hijos ilegales, fue amante, durante muchos años, de la cuñada de Rosas y vivió un romance con una joven tucumana que tenía un hijo suyo.
Pero estas son anécdotas, detalles de una existencia que destinó al deber de una causa y, a los cincuenta años, murió condoliéndose de los bolonquis que, como siempre, tuvo este ispa.
Pero por si todo lo que dije fuera poco, creó la bandera, ese símbolo que, ahora, nos distingue en el mundo entero. Y la creó a pesar de los burócratas de Buenos Aires que no querían lastimar los "sentimientos" de la metrópolis.
Como siempre, los doble discursos de los sinvergüenzas que silenciaron la figura de Belgrano y permitieron que se fuera de esta tierra en el mayor de los secretos.

ROBERTO DIAZ

(Escritor, poeta, periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales. En el 2007, fue reconocido como "PERSONALIDAD DESTACADA DE LA CULTURA DE LA CIUDAD AUTONOMA DE BS.AS.)

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