9.12.06

Poesía entre los árboles

Una vez más, invitado por la Universidad de San Martín, fui a parar a la estancia "Los Talas", que está pasando Luján, en el camino a Navarro.
El paisaje es alucinante, sobre todo para nosotros, hombres del cemento. Allí se puede observar, en toda su plenitud, la llanura bonaerense, esa que tan bien describiera don Ricardo Güiraldes en su inmortal "Don Segundo Sombra".
En esta estancia, hay historia de sobra. Hay un casco original que data de 1826; allí se guareció Esteban Echeverría antes de exiliarse en Montevideo, perseguido por las hordas de Rosas. Allí, esta familia que se llama Furt y desciende de su ancestro, mantiene ese campo de 900 hectáreas, donde las vacas se confunden con el paisaje y los perros y gatos corren en su eterno juego de contrarios.
Hasta allí, fuimos (yo, por segunda vez) a conocer y compartir una jornada poética con un intelectual español llamado Juan Barja. Eramos varios los poetas criollos, algunos de Córdoba, de Salta, de la Capital Federal.
Mi amigo Eugenio Mandrini fue de la partida y me puso muy contento porque estuvimos juntos; el "Flaco" -como cariñosamente le llamo- estaba eufórico por ese día de campo que nos había regalado la Universidad y nuestro amigo común el poeta Jorge Boccanera, "alma mater" de estos encuentros.
Allí, bajo los árboles, en una mañana esplendorosa del mes de diciembre, leímos textos y nos enfrascamos en un diálogo cordial sobre estas cuestiones de la Poesía.
Mandrini (contento) estaba dicharachero y dijo lo suyo, con su proverbial elocuencia. Boccanera me envió a romper el fuego con un poema y cuando le pregunté: ¿Por qué yo?, me dijo socarrón: "Porque usted da suerte".
Todos léímos debajo de esos árboles centenarios y, luego, visitamos la biblioteca fabulosa (parecida a las que soñaba Jorge Luis Borges)con más de 40 mil volúmenes. Aquí hay incunables, originales de Calderón o Quevedo, la obra completa de Echeverría, la obra y correspondencia de Juan Bautista Alberdi (7500 cartas) que el padre de la cálida Etelvina (la propietaria actual) compró hipotecando el campo, en 1946.
Luego vino el asado y el vino y las bromas; Mandrini, luego de haberse comido todo, preguntaba en broma: "Che ¿dónde hay una pizzería por aquí?"
Estaban presentes poetas que, ya, conocía, como Pablo Narral, Jorge Eduardo Fernández, Roxana Palacios, Laura Yassán, Emilce Strucchi y otros que veía por primera vez como Pablo Anadón, Horacio Marino, Elida Lois (una estudiosa del "Martín Fierro" y ahora, abocada a estudiar la obra de Alberdi, en el Centro de Investigaciones de la Universidad que funciona en el campo).
Recorrimos, también, la otra galería (de 1860)donde, en su comedor de antaño, hicimos, la vez anterior, el encuentro con seis poetas latinoamericanos. Y cada recorrido por este lugar de ensueño, encierra un recuerdo, una sorpresa, un momento de reflexión.
En un viejo ropero de un dormitorio, están los vestidos de época de la bisabuela; hay daguerrotipos de aquellos años, hay uno de Echeverría, anda por aquí el fantasma del poeta Ricardo Molinari, que también frecuentaba la estancia por ser amigo del dueño. Y hay, por donde uno camine, nostalgias de pasado.
Es increíble que esta familia Furt haya rechazado todas las acechanzas del dinero (han querido comprarle la biblioteca entes extranjeros); nadie quiere asegurarles semejante patrimonio cultural (no existe cifra para el mismo) y, en fin, el día se nos fue agotando entre asombro y asombro.
Regresamos a la tarde hacia Buenos Aires, no sin antes intentar con el español Juan Barja llamar desde su celular a Marife Santiago Bolaños para decirle dónde estábamos. Marife es una amiga común, muy querida por mí, que ha presentado, siempre, mis libros en distintas ciudades españolas.
Quería contarles esto, aunque el sábado ( o sea hoy) ha salido una página entera en el diario "Página 12" hablando precisamente de esta jornada, con una foto de todos los concurrentes, debajo de una arcada viejísima que existe en "Los Talas".
Si, como dice el refrán: "no hay dos sin tres" y la Universidad y mi amigo Jorge Boccanera, a cargo de la cátedra de Poesía Latinoamericana, reiteran la invitación, volveré a decir que sí, porque me he quedado con ganas de seguir buceando en esa Biblioteca y en ese territorio del alma donde hay lugar para una tira de asado y, también, !por qué no! para un texto poético...
Disculpen la humorada.

ROBERTO DIAZ
(Escritor, Poeta, Periodista, traductor de habla inglesa, autor de canciones, con premios nacionales e internacionales)

No hay comentarios.: